El reciente estallido del conflicto en Irán ha introducido una nueva dosis de volatilidad en los mercados globales. Aquí presentamos posibles escenarios y sus implicaciones para las carteras en las distintas clases de activos.
Macro
A pesar de la muerte del Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, los acontecimientos que están teniendo lugar hoy en Irán no constituyen un cambio de régimen al estilo de Venezuela, ni tampoco un desmantelamiento amplio de la estructura de mando del país, dado que la gobernanza en Irán está institucionalizada. La gran pregunta ahora es: ¿quién será nombrado sucesor?
La designación de otro dirigente de línea dura aumentaría la probabilidad de los peores escenarios, prolongando potencialmente el conflicto y permitiendo que evolucione hacia una guerra de guerrillas sostenida que podría envolver a la región en un estado de inestabilidad permanente y altamente inflamable. No obstante, seguimos asignando una probabilidad baja a este resultado, dado que todos los actores relevantes -incluida China– tienen un fuerte interés en evitar que el Estrecho de Ormuz sufra una interrupción prolongada, además de las propias prioridades del régimen iraní en materia de supervivencia.
La capacidad sostenida de Irán para llevar a cabo una represalia prolongada sigue siendo una variable muy relevante. A fecha de redacción de esta nota, la Marina iraní aún no ha sido desplegada: Irán dispone de más de 30 buques de guerra y de la capacidad para bloquear o minar el Estrecho de Ormuz.
Los precios del petróleo serán un indicador clave de cómo están valorando los mercados la situación. Actualmente nos encontramos en un punto intermedio entre el Escenario 1 y el Escenario 2 descritos más abajo, con una probabilidad creciente de este último. La experiencia histórica sugiere que los episodios en Oriente Medio tienden a ser de carácter puntual, y existen posibles mecanismos de contención, especialmente dado que la opción de un despliegue terrestre estadounidense no está sobre la mesa. La administración Trump opera bajo limitaciones temporales, y la muerte de Jamenei puede percibirse como un punto de victoria tangible. Históricamente, la tendencia de Irán ha sido buscar una vía de salida en la primera oportunidad disponible.
Escenario 1 – Escalada controlada “golpe por golpe”: el escenario más probable a corto plazo
Sin la eliminación completa de la cúpula iraní, este escenario se configura como un intercambio sostenido pero acotado.
Este entorno se caracterizaría por continuos ataques iraníes con misiles y drones contra bases regionales de EE. UU. e Israel, seguidos de ataques de precisión por parte de EE. UU. e Israel contra activos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y su infraestructura de lanzamiento. Los grupos cercanos a dicha Guardia permanecerían activos, aunque con una intensidad calibrada. El Estrecho de Ormuz seguiría sin bloqueos ni minas, y la infraestructura energética del Golfo quedaría mayoritariamente preservada.
Las implicaciones incluirían inestabilidad regional persistente y una gradual reducción de los interceptores de defensa antimisiles. El petróleo incorporaría una prima de riesgo geopolítico, pero los flujos físicos se mantendrían intactos.
En este escenario, es probable que el Brent cotice en el rango de 80 a 95 dólares. Es importante destacar que se trataría principalmente de un shock del Brent, no del WTI. EE. UU. es actualmente exportador neto de crudo y productos refinados, y conserva la capacidad de limitar picos de precios domésticos mediante la gestión de reservas estratégicas, herramientas de política de exportación o reasignación logística.
Por ello, el mecanismo de transmisión hacia la inflación estadounidense sería más moderado en comparación con conflictos previos en el Golfo. El impacto en precios sería más intenso para Europa y Asia, dada su dependencia del crudo marítimo procedente de Oriente Medio. En definitiva, este escenario refleja una escalada controlada -significativamente más intensa que la del año pasado-, pero no una disrupción sistémica de la energía.
Escenario 2: Escalada progresiva sin colapso del régimen iraní
Un evento con un número de víctimas considerable, un ataque iraní exitoso contra infraestructuras críticas o un ataque israelí dirigido contra la cúpula iraní podría ampliar el conflicto.
Esto implicaría salvas de misiles iraníes de mayor envergadura contra Al Udeid en Catar, la Quinta Flota en Baréin y diversas infraestructuras en los EAU. Hezbolá podría escalar la presión en el frente norte de Israel. Las milicias iraquíes podrían intensificar los ataques contra activos estadounidenses. Determinadas instalaciones energéticas del Golfo o petroleros podrían convertirse en objetivos.
En este escenario, el petróleo probablemente se movería en un rango de 90 a 110 dólares, impulsado principalmente por el Brent. Los costes de seguros para el transporte marítimo en el Golfo se dispararían y las primas de riesgo se ampliarían en materias primas y activos regionales. Incluso en este contexto, el mercado petrolero doméstico de EE. UU. previsiblemente permanecería relativamente más anclado que los índices internacionales, reforzando la divergencia entre Brent y WTI.
Escenario 3: Interrupción del Estrecho de Ormuz, riesgo extremo
Esto requeriría un detonante ligado a la supervivencia del régimen, como un intento de desmantelar la estructura de mando del país o una destrucción sostenida de infraestructuras.
Irán podría minar el Estrecho, capturar petroleros o lanzar ataques con misiles y drones contra embarcaciones en tránsito. Incluso una disrupción parcial afectaría de forma significativa a aproximadamente el 30 % de los flujos globales de crudo transportados por vía marítima.
En este escenario, el petróleo podría superar los 120 dólares en la reacción inicial. Es probable que las principales naciones consumidoras recurran a sus reservas estratégicas. China se convertiría en un actor diplomático especialmente activo, dada su dependencia del suministro procedente del Golfo. La respuesta naval de EE. UU. sería rápida y contundente.
Este sigue siendo el mecanismo último de escalada y resulta muy perjudicial para los propios intereses económicos y de supervivencia del régimen iraní, razón por la cual históricamente ha amenazado con llevarlo a la práctica, pero nunca ha ejecutado un cierre total.
Implicaciones para el petróleo y los mercados en general
El escenario base es una prima geopolítica elevada, con el Brent cotizando entre 80 y 95 dólares, y el WTI relativamente contenido debido al estatus exportador de EE. UU. y a la flexibilidad de su oferta doméstica. En un escenario de escalada, el Brent superaría los 100 dólares, ampliando el diferencial entre Brent y WTI.
Una disrupción en Ormuz generaría un fuerte repunte liderado por el Brent, con consecuencias inflacionarias globales y respuestas políticas obligadas. La distinción clave es que estructuralmente se trataría más de un shock del crudo marítimo que de un shock de oferta doméstica en EE. UU. Esto supondría un viento en contra a corto plazo para la renta variable, sumándose a las preocupaciones actuales en torno a la IA, y afectaría al riesgo en renta fija, especialmente para consumidores de petróleo o emisores con fuerte exposición a costes (queda por ver hasta qué punto esto será un episodio puntual por ahora). Sería positivo para el oro y el conjunto del espacio de metales preciosos, los únicos refugios reales en un mundo afectado por shocks de oferta.
Históricamente, el dólar estadounidense ha funcionado bien en este tipo de situaciones, aunque esto ya no es necesariamente un resultado asegurado. La diversificación seguirá siendo clave incluso si este episodio acaba prolongándose en el tiempo.
Conclusión
En ausencia de un desmantelamiento más amplio de la estructura de mando, lo más probable es que esto evolucione hacia un intercambio continuo y calibrado, en lugar de una guerra regional de alta intensidad de forma inmediata.
Irán ya ha demostrado su disposición a atacar bases estadounidenses en todo el Golfo. El Estrecho de Ormuz aún no ha sido objeto de minas ni bloqueos activos, aunque el tráfico se ha reducido prácticamente al mínimo, lo que sugiere que Teherán está reteniendo deliberadamente su palanca de mayor impacto.
Los factores determinantes serán los ataques sostenidos a la cúpula, los umbrales de víctimas aceptables para Estados Unidos e Israel y si la navegación, la energía o infraestructuras más amplias son atacadas directamente.
Por ahora, los mercados deberían valorar una prima geopolítica sostenida más que un colapso sistémico del suministro, con el Brent absorbiendo la mayor parte del riesgo y el WTI relativamente protegido. El shock se transmitiría tanto a través del petróleo como de los canales de confianza.
Tribuna de opinión firmada por Marion Le Morhedec, CIO global del área de Renta Fija en Fidelity International, Niamh Brodie-Machura, co-directora de inversiones de renta variable en Fidelity International y Salman Ahmed, responsable global de Macroeconomía y Asignación Estratégica de Activos de Fidelity International.
Información importante
Este material está dirigido exclusivamente a Inversores Institucionales y Profesionales de la Inversión, y no debe distribuirse al público general ni ser utilizado como referencia por inversores privados.
Este material se proporciona únicamente con fines informativos y está destinado exclusivamente a la persona o entidad a la que se envía. No debe reproducirse ni circularse a ninguna otra parte sin la autorización previa de Fidelity.
Este material no constituye una distribución, oferta o solicitud para contratar los servicios de gestión de inversiones de Fidelity, ni una oferta de compra o venta, ni la solicitud de una oferta de compra o venta de valores en ninguna jurisdicción o país donde dicha distribución u oferta no esté autorizada o sea contraria a las leyes o normativas locales. Fidelity no garantiza que el contenido sea adecuado para su uso en todas las ubicaciones ni que las transacciones o servicios mencionados estén disponibles o sean apropiados para su venta o uso en todas las jurisdicciones o países o por parte de todos los inversores o contrapartes.
Esta comunicación no está dirigida a personas que se encuentren en Estados Unidos, y no debe ser utilizada por ellas. Todas las personas y entidades que accedan a esta información lo hacen por iniciativa propia y son responsables de cumplir con las leyes y normativas locales aplicables, y deben consultar a sus asesores profesionales. Este material puede contener contenido de terceros proporcionado por compañías no afiliadas a ninguna entidad de Fidelity (“Contenido de Terceros”). Fidelity no ha participado en la preparación, adopción o edición de dicho contenido de terceros y no lo respalda ni aprueba de manera explícita o implícita. Fidelity International no se hace responsable de errores u omisiones relacionados con información específica proporcionada por terceros.
“Fidelity International” se refiere al grupo de compañías que conforman la organización global de gestión de inversiones que ofrece productos y servicios en jurisdicciones designadas fuera de Norteamérica. Fidelity, Fidelity International, el logotipo de Fidelity International y el símbolo F son marcas registradas de FIL Limited.
Fidelity solo ofrece información sobre productos y servicios y no proporciona asesoramiento de inversión basado en circunstancias individuales, salvo cuando sea específicamente indicado por una entidad debidamente autorizada mediante comunicación formal con el cliente.
Emitido por FIL (Luxembourg) S.A. (autorizada y supervisada por la CSSF).
26ES069 / GCT260301GLO






