Durante años, la deuda emergente ha sido tratada como una asignación táctica y periférica. Sin embargo, el tamaño y la profundidad alcanzados por este universo invitan a reconsiderar esa visión. Las economías emergentes representan aproximadamente el 45% del PIB mundial y cerca del 30% de la deuda global, mientras que alrededor de 70 países emiten ya en su propia moneda. Pese a ello, su presencia en las carteras europeas continúa siendo reducida.
Esta expansión de los mercados locales ha ido acompañada de una transformación cualitativa. Muchos países emergentes cuentan hoy con bancos centrales más creíbles, mayores reservas y una base creciente de inversores domésticos. Esto reduce su dependencia de la financiación exterior y ayuda a amortiguar los episodios de aversión al riesgo.
Paralelamente, la calidad crediticia media de los emergentes ha mejorado, mientras que en algunos mercados desarrollados el aumento de la deuda y los déficits fiscales ha provocado cierto deterioro. La distancia no ha desaparecido, pero sí se ha reducido.
Un punto de partida atractivo
La oportunidad actual se apoya, en primer lugar, en la rentabilidad de partida. DPAM L Bonds Emerging Markets Sustainable presentaba una TIR del 8,5%, con una duración de 4,67 años y una calidad crediticia media BBB (a cierre de agosto). Esta combinación permite capturar un carry elevado sin asumir una exposición excesiva a los movimientos de los tipos.
La TIR no debe interpretarse como una rentabilidad garantizada. Es el punto de partida antes de incorporar la evolución de las curvas locales, las divisas, el crédito y las decisiones de gestión. No obstante, constituye un colchón importante, si los tipos permanecen relativamente estables, el carry puede generar una parte significativa del retorno sin necesidad de un rally generalizado de la renta fija.
La deuda en moneda local incorpora además dos motores de rentabilidad: el bono y la divisa. Un dólar más débil suele favorecer los flujos hacia emergentes y aliviar sus condiciones financieras. Sin embargo, la tesis no debe depender exclusivamente de esa dirección. Para un inversor en euros resulta esencial seleccionar monedas respaldadas por tipos reales elevados, balances externos sólidos y políticas monetarias creíbles.
La importancia de no seguir ciegamente un índice
La gestión activa resulta especialmente relevante en un universo con elevada dispersión. Los principales índices de deuda emergente local incluyen alrededor de 19 países, concentran entre el 79% y el 85% en sus diez mayores mercados y mantienen un peso en Asia de entre el 46% y el 57%.
Esta construcción puede dejar al inversor excesivamente expuesto a una sola región y asignar más capital a los mayores emisores, no necesariamente a los países con mejores fundamentales.
DPAM L Bonds Emerging Markets Sustainable no utiliza índice de referencia. La cartera se construye mediante selección bottom-up y está formada alrededor de 260 posiciones en 40 países. Actualmente mantiene una preferencia por Latinoamérica, que representa aproximadamente el 35% de la cartera, frente a cerca del 26% en Asia. Esta decisión ha sido favorable en 2026: Latinoamérica se ha beneficiado de tipos reales elevados, monedas resilientes y menor vulnerabilidad al shock energético, mientras que numerosos países asiáticos son grandes importadores de petróleo.
Sostenibilidad como análisis de crédito soberano
El fondo, clasificado como Artículo 9, evalúa los países mediante más de 50 criterios relacionados con medioambiente, educación, salud y distribución de la riqueza, transparencia y valores democráticos. Los países considerados “no libres” o autoritarios quedan excluidos.
Al menos el 40% de la cartera debe estar invertido en el cuartil superior y no más del 10% puede situarse en el inferior. En deuda soberana, estas variables no son únicamente extrafinancieras. La calidad institucional, la cohesión social, el capital humano y la vulnerabilidad climática influyen sobre el crecimiento potencial, la capacidad recaudatoria y la sostenibilidad de la deuda.
Resultados y control del riesgo
A cierre de agosto de 2026, la clase F acumulaba una rentabilidad del 4,73% en euros. El carry y las divisas fueron los principales motores, mientras que la duración restó rentabilidad. El resultado en el año no dependió de una caída indiscriminada de los tipos.
Desde su lanzamiento en 2013, la estrategia acumula aproximadamente un 75%, frente al 23% de la referencia de mercado utilizada con fines comparativos, equivalente a unos 2,7 puntos porcentuales de rentabilidad adicional anualizada. Además, ha superado al mercado en 11 de los 13 años naturales analizados. Su máxima caída histórica fue del 12,43%, frente al 17,66% de la categoría, capturando cerca del 99% de las subidas y solamente el 75% de las caídas. Estas cifras no garantizan resultados futuros, pero muestran una asimetría favorable.
Los riesgos siguen presentes
Una inflación más persistente puede provocar nuevas subidas de las curvas locales. Una apreciación intensa del dólar endurecería las condiciones financieras y podría penalizar las divisas emergentes. También existen riesgos fiscales, políticos y de gobernanza específicos de cada país, además de una menor liquidez en determinados mercados frontera.
El shock energético añade otra capa de dispersión. Los productores latinoamericanos pueden beneficiarse de mejores términos de intercambio, mientras que los importadores asiáticos afrontan presión sobre inflación, crecimiento y balanza corriente. Asimismo, un desmantelamiento desordenado de estrategias de carry financiadas en yenes podría afectar temporalmente a monedas de elevada rentabilidad. Estos factores exigen diversificación, límites estrictos por país y divisa y una gestión prudente de la duración.
En conclusión, la deuda emergente local está dejando de ser una apuesta puramente táctica para convertirse en una posible asignación estructural dentro de una cartera global. Su tamaño, la mejora de los fundamentales y una TIR del 8,5% ofrecen una oportunidad atractiva, pero no indiscriminada. En un universo tan heterogéneo, la diferencia entre capturar el carry y asumir riesgos mal remunerados dependerá, más que nunca, de la selección activa de países, divisas y curvas.
Tribuna elaborada por Víctor Asensi, country head de DPAM para España y Latam.
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