Última actualización: 06:35 / Lunes, 23 Marzo 2020
T. Rowe Price

Manual de crisis: el miedo a perder y a arrepentirse

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Los primeros datos de contagio por el coronavirus se dieron a conocer a finales de enero. En el epicentro de la enfermedad, Wuhan, la capital de la provincia de Hubei de China. Rápidamente comenzaron los primeros casos fuera del gigante asiático: antes de que finalizara el mes ya se habían reportado casos en Corea del Sur, Japón, Taiwán, Vietnam, Camboya, Tailandia, Malasia, India, Filipinas y Australia. Del corazón de Asia, se expandió a Europa y Estados Unidos. En la actualidad, la epidemia ya se ha extendido a todos los continentes y los países más afectados han establecido protocolos de contención. 

El riesgo existe. Los mercados mundiales de renta variable iniciaron 2020 en condiciones ideales, con unos tipos de interés bajos y unos indicadores económicos de ciclo corto que habían tocado fondo. Los mercados se habían centrado sobre todo en la election put ―la idea de que la administración Trump no permitirá un desplome de los mercados antes de las elecciones― y en el enfoque de China en la estabilidad económica de cara a 2021. Los múltiplos subieron.

Luego, la mariposa batió sus alas y nos encontramos con el COVID-19, el nuevo coronavirus. El COVID-19 introdujo un riesgo mal gestionado por la política monetaria, la herramienta preferida en todo el mundo para la estabilidad económica. Junto con el virus, un shock de oferta empezó a expandirse desde China.  

El COVID-19 parece muy contagioso, pero es relativamente leve comparado con virus como el ébola y el MERS, pero las pandemias traen sufrimiento y muerte y deben combatirse urgentemente. El control inmediato del COVID-19 es especialmente complejo, dado que muchas de sus víctimas no enferman o no lo hacen con la gravedad que permita identificarlas y aislarlas rápidamente.

Un virus más violento ―con el que la mayoría de contagiados enferman gravemente, como el MERS o incluso el SARS― podría ser más fácil de controlar y, por tanto, parece lógico que un virus con estas características pueda propagarse por todas partes. Al mismo tiempo, parece que el COVID-19 no supone una amenaza mortal para la mayoría de la gente. Lógicamente, se trata de una conjetura, puesto que no soy experto en virología o salud pública. Estamos muy atentos a la evolución de la crisis y modificaremos nuestro planteamiento en función de la situación.

Sin embargo, un virus que es nuevo y se expande a lo largo y ancho provoca pánico y volatilidad en los activos de los precios, al prestar riesgos imprevistos. Tenemos la tarea de gestionar una cartera de renta variable global dadas las circunstancias y, en momentos como este, estoy enormemente agradecido por nuestra plataforma de análisis global y nuestros recursos. Es un lujo contar con un ejército de expertos sectoriales en todo el mundo, por el debate enriquecedor que aportan.

Nuestro primer deber es actuar pronto. Hicimos movimientos para recoger liquidez de los componentes de riesgo de la cartera cuando el virus empezó a salir de China y el sudeste asiático y llegó a Europa. Esto nos permitirá reutilizar dicha liquidez en las mejores oportunidades cuando surjan. Incrementamos nuestros intercambios en mercados financieros y suministros públicos, que creemos que deberían comportarse ante el aumento de la volatilidad, y hemos reducido nuestro nivel de exposición a valores sensibles a los tipos de interés. Aunque es importante actuar con rapidez cuando cunde el pánico, la propia ventana de pánico suele ser breve antes de que los precios reflejan la situación y se mueven hacia extremos. Es obvio que estamos claramente más cerca de los extremos que hace un mes.

Estamos tratando de entender y evaluar el riesgo de que la reacción global al virus pueda provocar un evento de crédito. El desplome de los precios del petróleo y los aviones aparcados tendrán consecuencias en los flujos de caja y los balances. Los eventos de crédito son lo que provoca daños reales a los inversores en renta variable a medio plazo y estamos trabajando con nuestros analistas y gestores de carteras de renta variable y renta fija para evaluar y hacer un seguimiento de estos riesgos.

Es hora de usar nuestra imaginación y pensar en cómo estará el mundo dentro de un año. ¿Estaremos en cuarentena, ya no habrá tráfico aéreo y celebraremos nuestras reuniones a través de videoconferencia? Es una posibilidad extrema e improbable. En resumen, no creemos que el mundo haya entrado en un nuevo paradigma en el que no podamos viajar y reunirnos con otros, aunque el mercado pueda reflejar ese temor. Los viajes y las reuniones disminuirán considerablemente en los próximos seis meses más o menos, al igual que la actividad económica.

Dedicamos nuestro tiempo a encontrar oportunidades en acciones de gran calidad que generan valor, a través de nuestra plataforma de análisis. Hemos pedido a todos los analistas que se enfoquen en las dos o tres ideas que crean que pueden generar más valor económico de medio a largo plazo para nuestros clientes. Cómo ofrecer el mejor vehículo para que nuestros clientes conviertan las crisis en fuertes rentabilidades requiere un equilibrio de riesgo y rentabilidad, además de paciencia para medir nuestras decisiones.

Independientemente de la situación de incertidumbre actual, creemos que lo correcto es invertir en nuestras mejores ideas, asumiendo el hecho de que ello requiere tomar decisiones difíciles. El miedo a sufrir pérdidas es grande y puede llevar a tomar malas decisiones. El miedo a arrepentirse en el futuro es algo que a la gente que cuesta más dominar. ¿De qué se arrepentirá en el futuro? Esto sirve tanto en la vida como en la inversión. Lo que he visto a lo largo del tiempo es que los inversores se arrepienten de no haber comprado activos en tiempos de crisis. A corto plazo, puede suceder cualquier cosa, pero la historia nos dice que, a largo plazo, si nos centramos en activos excelentes para beneficiarnos de los cambios, estaremos dando un mejor servicio a nuestros clientes.

El virus ha trastocado las probabilidades de una aceleración económica moderada en la primera mitad de 2020 que esperábamos. Sin embargo, creemos que, dado el nivel de liquidez global y la probable respuesta política, es muy posible que, más que anularse, la aceleración económica se retrase. Una vez pase el brote del virus, puede haber un repunte importante de la actividad. Queremos ser moderadamente optimistas sobre esta hipótesis. Estamos empleando nuestros recursos y nuestro marco de inversión para tomar las mejores decisiones posibles para nuestros clientes, equilibrando el riesgo y la rentabilidad, el miedo a perder y a arrepentirse.

 

Columna de David Eiswert, gestor de carteras y analista en la división de renta variable estadounidense de T. Rowe Price

 

 


Riesgos

Los riesgos siguientes son especialmente relevantes para la cartera:

  • Riesgo país (China): todas las inversiones en China están expuestas a riesgos similares a los de las inversiones en otros mercados emergentes. Además, los instrumentos adquiridos o mantenidos en relación con una licencia QFII (Inversores Institucionales Extranjeros Cualificados) o del programa Stock Connect podrían estar expuestos a riesgos adicionales.

  • Riesgo país (Rusia y Ucrania): en estos países, los riesgos relacionados con la custodia, las contrapartes y la volatilidad del mercado son mayores que en los países desarrollados.

  • Riesgo de divisas: las variaciones de los tipos de cambio de las divisas podrían reducir las ganancias o incrementar las pérdidas de las inversiones.

  • Riesgo de mercados emergentes: los mercados emergentes están menos consolidados que los mercados desarrollados y, por tanto, conllevan mayores riesgos.

  • Riesgo de pequeña y mediana capitalización: los valores de empresas de pequeña y mediana capitalización pueden ser más volátiles que los valores de empresas más grandes.

  • Riesgo de estilo: los diferentes estilos de inversión suelen gozar o no del favor de los inversores dependiendo de las condiciones de mercado y de la confianza de los inversores.


Riesgos generales de las carteras

  • Riesgo de capital: el valor de la inversión variará y no está garantizado. Se verá afectado por las variaciones del tipo de cambio entre la divisa base de la cartera y la divisa de suscripción, si fueran distintas.

  • Riesgo de renta variable: en general, la renta variable conlleva mayores riesgos que los bonos o los instrumentos del mercado monetario.

  • Riesgo de concentración geográfica: en la medida en que una cartera invierta una parte importante de sus activos en una región geográfica específica, su rentabilidad se verá más afectada por los acontecimientos que incidan en dicha región.

  • Riesgo de cobertura: los intentos de una cartera de eliminar o reducir determinados riesgos mediante cobertura podrían no dar los resultados esperados.

  • Riesgo de carteras de inversión: la inversión en carteras conlleva ciertos riesgos a los que un inversor no haría frente en caso de invertir directamente en los mercados.

  • Riesgo de gestión: en ocasiones, el gestor de inversiones o sus delegados podrían considerar que sus obligaciones con una cartera entran en conflicto con sus obligaciones con otras carteras de inversión que gestionan (aunque, en dichos casos, todas las carteras recibirán un tratamiento equitativo).

  • Riesgo operativo: los fallos operativos podrían provocar interrupciones en la actividad de las carteras o pérdidas financieras.

 

Información importante.

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Acerca de David Eiswert

Columna de David J. Eiswert, gestor de carteras y analista en la división de renta variable estadounidense en T. Rowe Price. Es el gestor de carteras de la estrategia Global Focused Growth Equity. Como analista, se encarga del ámbito de equipos de comunicaciones.

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