El 87% de los españoles considera insuficiente el nivel de educación financiera de la población, según una reciente encuesta publicada por UCI (Unión de Créditos Inmobiliarios); sin embargo, hay un perfil que ha pegado un salto considerable en términos de conocimiento: los clientes de banca privada. Según reconocen las entidades, ya manejan con razonable solvencia los grandes conceptos como diversificación, renta variable, liquidez, inflación, tipos de interés, fondos indexados, cotes, riesgos… Para los profesionales del sector, este mayor dominio de los conceptos es una clara ventaja para su trabajo y, en definitiva, para beneficiar los intereses de sus clientes.
“La educación financiera entre los clientes de banca privada ha evolucionado mucho. Hace años el banquero tenía la información y el cliente confiaba. Hoy el cliente llega habiendo leído tres informes, escuchado dos podcasts y probablemente preguntado a una IA. Dicho esto, en las nuevas generaciones hay claramente más cultura financiera. Entienden antes qué es un ETF, la inflación, el interés compuesto o por qué tener todo el patrimonio en una cuenta corriente tampoco es una decisión neutral. Lo que no han vivido es un susto como el de 2008. Ahí es donde se demostrará lo formados que estamos todos”, reconoce Carlos Núñez Alfaro, banquero en A&G.
Desde el equipo de banca privada de Deutsche Bank España coinciden en este gran salto por parte del cliente de banca privada. “Hoy los clientes llegan a las reuniones mucho más informados que hace diez o quince años. Tienen acceso a una enorme cantidad de información, siguen la actualidad económica y financiera y, en muchos casos, han desarrollado una auténtica curiosidad por entender cómo funcionan los mercados. Hemos visto además no solo interés por las finanzas y la inversión, sino también un mayor conocimiento de lo que implica la inversión y lo que la separa de la pura especulación. Ahí quizá queda algo más de trabajo que hacer con las nuevas generaciones, donde el impacto de las redes sociales y los mensajes del dinero fácil si tienen más cabida en algunos casos”, afirman.
El beneficio de saber
Para Diego Abaitua, director del área de Banca Privada y Wealth y Secretario General de Renta 4 Banco, la evolución es notable, pero convive con una acusada disparidad. “En banca privada no hay un perfil único: atendemos desde expertos en finanzas hasta empresarios que han concentrado toda su vida en su actividad industrial, delegando las decisiones por pura confianza en su banco. Es tras vender o traspasar su compañía cuando sienten la necesidad sobrevenida de formarse como inversores”, comenta.
Para Núñez, aunque el avance ha sido muy positivo, aún quedan conceptos que aprender y en los que profundizar: “Hay temas que siguen siendo complejos, como, por ejemplo, la renta fija y las inversiones alternativas, pero el más importante es el riesgo. También hay otros conceptos aún por terminar de manejar como duración, crédito, liquidez, divisa, correlaciones o qué ocurre realmente dentro de determinados fondos e inversiones alternativas. También existe otro error que es el de diversificar muchísimo o estar más concentrado de lo que uno cree. Un cliente puede conocer perfectamente diez inversiones y, sin embargo, no saber que las diez están haciendo prácticamente la misma apuesta. O tener tantas inversiones que terminan diluyendo cualquier convicción y la cartera acaba teniendo un poco de todo”, explica.
Según la experiencia de Abaitua, el principal reto reside en los activos alternativos, “especialmente private equity, deuda privada o infraestructuras”. “Son instrumentos con un protagonismo creciente en carteras que buscan descorrelación y prima de rentabilidad, pero son también los menos asentados en la cultura del inversor medio y los que mayor rigor pedagógico exigen. Trasladar que la iliquidez a 7 o 10 años, las curvas J o la ausencia de cotización diaria, requieren un trabajo explicativo exhaustivo. A ello se suman la planificación sucesoria y fiscal en estructuras complejas, materias que siempre precisan un asesoramiento muy minucioso”, señala como ejemplo de los ámbitos que todavía son complejos para los clientes de banca privada.
En lo que no tienen dudas las bancas privadas es que el mayor nivel de formación financiera permite elevar el nivel de la conversación. “Cuando un cliente entiende los conceptos fundamentales, podemos dedicar menos tiempo a explicar el funcionamiento básico de los mercados y más a hablar de estrategia, planificación patrimonial, sucesión o construcción de patrimonio a largo plazo. Además, los clientes mejor formados suelen afrontar con más serenidad los momentos de volatilidad. Entienden mejor que invertir implica convivir con determinados movimientos de mercado y eso favorece decisiones más racionales y una visión más orientada al largo plazo”, reconocen desde el equipo de banca privada de Deutsche Bank España.
En opinión de Núñez, cuando el cliente entiende lo que tiene, es mucho más difícil que venda en el peor momento, persiga la inversión que más ha subido o cambie una estrategia de diez años por una noticia de diez minutos. “Conviertes al cliente en socio, una cultura en la que nos enfocamos mucho desde A&G”, destaca. “Facilita el diálogo, pero no nos obsesiona, dado que queremos acompañar en ese camino. Es cierto que un cliente con base financiera no cae en el pánico durante las correcciones del mercado ni toma decisiones guiadas solo por el ruido a corto plazo”, añade Abaitua.
Redes, información y conocimiento
Según la experiencia de ambas firmas, es importante matizar cuál es la fuente de la que están aprendiendo los inversores. En este sentido, ambos apuntan una línea roja: el peligro de las redes sociales. “El principal problema que veo es que los medios por los que se están formando las nuevas generaciones son videos de TikTok o reels de Instagram. En ambas redes conviven contenidos muy buenos con otros que prometen rentabilidades rápidas y simplifican demasiado el riesgo”, comenta Núñez desde A&G.
Abaitua coincide en que en las nuevas generaciones el salto es evidente. Y coincide en que surge aquí una paradoja interesante con la irrupción de herramientas como la inteligencia artificial: “Por un lado, son un vehículo magnífico para democratizar el acceso al conocimiento y explicar conceptos complejos; por otro, entrañan el peligro de consumir información no siempre bien contrastada ni adecuada a los objetivos particulares”.
En este sentido, para los profesionales del sector el reto es claro: ayudar a las personas a transformar el exceso de información en conocimiento útil. “Vivimos en un entorno donde cada día se generan titulares, opiniones y contenidos sobre mercados. Sin embargo, más información no siempre significa mejores decisiones. Una parte importante de nuestra labor consiste precisamente en aportar contexto, separar lo relevante de lo accesorio y ayudar a mantener una visión de largo plazo”, advierten desde Deutsche Bank España.
La entidad defiende una visión de la educación financiera como un compromiso que va mucho más allá de nuestros clientes. “Colaboramos con colegios, universidades, fundaciones y entidades sociales para acercar conceptos financieros a distintos colectivos y edades. Creemos que una sociedad con mayor cultura financiera toma mejores decisiones, planifica mejor su futuro y está más preparada para afrontar los retos económicos de largo plazo. Por eso hablamos de educación financiera no solo como un servicio, sino como una responsabilidad compartida”, matizan.
El compromiso de la industria
El ejemplo de Deutsche Bank España es un ejemplo de cómo viven las entidades su papel como educadores. “Creo que es un trabajo que debemos afrontar con humildad. El banquero tiene que hacer ver al cliente que necesita entender suficientemente bien su patrimonio como para dormir tranquilo cuando los mercados dejen de estarlo. Creo que los banqueros privados tenemos que dar un paso al frente”, sostiene Núñez.
Desde Renta 4 explican que la “pedagogía” está en su ADN. “Asumimos como una auténtica función social el acompañar a las personas en el tránsito de ahorrador a inversor. Tratamos de explicar con naturalidad y con ejemplos prácticos, tratando de hacer de la inversión una experiencia fácil y cotidiana. Además, llevamos a cabo actividades formativas constantes: conferencias, seminarios y contenidos periódicos que permiten a cada persona avanzar a su propio ritmo”, afirma Abaitua.
En esta tarea, el director del área de Banca Privada y Wealth y Secretario General de Renta 4 Banco apunta que uno de los retos es la necesidad de modular el mensaje para que no aburra al directivo experimentado ni abrume al empresario que acaba de vender su empresa. “Otro reto es destacar la importancia de la experiencia y de la constancia, como valores relevantes frente a la inmediatez y la sobreinformación digital. La tecnología y la IA ofrecen un acceso sin precedentes a la información, pero el aprendizaje financiero sólido requiere tiempo, perspectiva y contraste frente a la realidad del mercado. Por último, creemos que es un reto colectivo mejorar la cultura financiera desde el colegio. Aunque el nivel formativo medio en España no deja de crecer, la cultura de inversión aún tiene un amplio margen de convergencia frente a otros países europeos”, concluye.



