El vehículo que durante décadas fue sinónimo de gestión pasiva se está convirtiendo en una plataforma para capturar alfa, reducir concentraciones y buscar nuevas fuentes de retorno. El fenómeno ya mueve 2,5 billones de dólares a escala global.
Ese fue precisamente uno de los temas que emergieron durante el panel “Navegando la volatilidad: claves para capturar retornos”, celebrado en el Seminario Internacional FIAP-WPA 2026, realizado en San José, Costa Rica, donde participaron Craig Woodmansee, CFA, Product Specialist y VP of Distribution de First Trust, y Gonzalo Rengifo, Head Iberia & Latam de Pictet Asset Management, bajo la moderación de Ángel Martínez-Aldama, presidente de INVERCO. El seminario reunió a especialistas de la industria previsional y de inversiones de distintos países.
El ETF dejó de ser hace tiempo un simple instrumento para replicar índices. La transformación está entrando ahora en una nueva etapa: las gestoras están utilizando la estructura cotizada para llevar estrategias activas, indexación mejorada y soluciones diseñadas para capturar alfa a carteras que durante años encontraron en la gestión pasiva una de sus principales herramientas.
La dimensión de ese cambio comienza a ser difícil de ignorar. Los activos administrados por ETFs de gestión activa alcanzaron un récord de 2,49 billones de dólares al cierre de mayo, después de crecer 28,8% desde el inicio del año, según ETFGI. En los primeros cinco meses de 2026 estos productos recibieron 411.750 millones de dólares, la mayor cifra registrada para un periodo comparable y casi el doble de los 220.530 millones captados durante todo 2025.
El fenómeno forma parte de una expansión todavía mayor. La industria global de ETFs acumulaba 23,08 billones de dólares al cierre de mayo, con entradas netas de 1,07 billones en los primeros cinco meses del año, también un récord.
En este contexto, la discusión adquiere una importancia particular para los fondos de pensiones, que buscan combinar eficiencia de costos, liquidez, diversificación y capacidad de generar retornos adicionales en un entorno de mercados cada vez más complejo.
La frontera entre pasivo y activo se vuelve difusa
Para Rengifo, la evolución más interesante no consiste simplemente en sustituir un fondo mutuo por un ETF, sino en utilizar la tecnología de indexación para conseguir el comportamiento de un índice y, al mismo tiempo, buscar un exceso de retorno.
El ejecutivo de Pictet explicó durante el panel que la denominada indexación mejorada puede mantener la beta de una estrategia pasiva, pero intentar añadir un exceso de retorno después de costos. La diferencia, sostuvo, estaría en que ese retorno adicional no dependería necesariamente de los factores tradicionales que suelen utilizar las estrategias de inversión.
El planteamiento resulta relevante porque cuestiona una de las fronteras históricas del mercado de ETFs: la idea de que replicar un índice equivale necesariamente a aceptar el retorno del mercado menos los costos.
La evolución de la industria muestra que esa frontera está desapareciendo. Morningstar señala que los ETFs se asociaron tradicionalmente con la inversión pasiva, pero que esa relación cambió con la expansión de los vehículos de gestión activa. Cerca de 1.800 nuevos ETFs activos llegaron al mercado estadounidense durante los últimos seis años y en 2025 se lanzaron alrededor de 1.000, equivalentes a 35% de los aproximadamente 2.800 ETFs activos domiciliados en Estados Unidos.
La tendencia no es sólo una cuestión de innovación de producto. También refleja una batalla de la industria de gestión de activos por encontrar nuevas formas de distribuir estrategias y captar flujos.
El ETF no genera alfa por sí mismo
Woodmansee introdujo por su parte durante el encuentro una precisión fundamental: el ETF no es, por sí mismo, una fuente de alfa.
Un gestor que obtiene determinado resultado con un fondo mutuo no va a mejorar automáticamente su desempeño por transformar la estrategia en un ETF. El vehículo cambia la forma en que se distribuye, negocia y estructura la inversión, pero no crea por sí mismo una ventaja de inversión.
El verdadero trabajo, planteó el representante de First Trust, consiste en comprender qué hay debajo de cada producto. Y allí aparece una de las advertencias más relevantes para los inversionistas institucionales: un índice puede tener una etiqueta que no necesariamente refleja la exposición económica que un inversor cree estar comprando.
Woodmansee puso como ejemplo el universo estadounidense de estrategias value. Señaló que, después de los rebalanceos, algunos de los mayores componentes del índice que se utiliza como referencia para esa estrategia pueden ser compañías como Apple, Amazon y Tesla, una composición que, desde su perspectiva, obliga a cuestionar qué significa realmente comprar “value” a través de un ETF.
Los datos actuales de S&P Dow Jones Indices confirman que la observación no es anecdótica: al cierre de junio, el S&P 500 Value Uncapped tenía entre sus principales posiciones a Apple, Amazon y Tesla. El índice se construye a partir de compañías del S&P 500 clasificadas como value mediante ratios de valor contable, ganancias y ventas respecto al precio, y se rebalancea anualmente en diciembre, con revisiones trimestrales.
La conclusión de Woodmansee fue, en esencia, una llamada a no confundir el nombre del vehículo con la estrategia que realmente contiene.
Para las AFP chilenas, la advertencia es especialmente relevante. En una cartera de largo plazo, comprar un ETF no significa necesariamente comprar diversificación, ni un ETF etiquetado como value garantiza una exposición pura a compañías de valoración baja. La composición de los subyacentes, la metodología del índice, sus reglas de rebalanceo y la concentración resultante pueden modificar sustancialmente el riesgo que termina incorporándose al portafolio.
La concentración vuelve a estar sobre la mesa
El debate llega además en un momento en que la concentración de los mercados estadounidenses ha convertido la diversificación en una de las cuestiones centrales para los gestores.
La propia estructura de los índices muestra hasta qué punto las grandes compañías tecnológicas condicionan las carteras. Al cierre de junio, el sector de tecnología representaba 52,3% del S&P 500 Growth, mientras que sus diez mayores posiciones incluían Nvidia, Microsoft, Apple, Alphabet, Broadcom, Amazon y Meta.
Por eso la discusión sobre ETFs activos no es únicamente una pelea entre productos pasivos y activos. También es una discusión sobre cómo evitar que una cartera aparentemente diversificada termine excesivamente expuesta a los mismos factores de mercado. En ese terreno, las estrategias activas pueden buscar algo distinto a replicar la capitalización bursátil. Pueden modificar ponderaciones, excluir determinadas compañías, introducir criterios de calidad o valoración, gestionar riesgos y, en algunos casos, intentar generar alfa. El flujo de capital ya está respaldando esa transición. Los ETFs activos acumularon en mayo su 74º mes consecutivo de entradas netas, según ETFGI.
La próxima batalla será por el alfa
La evolución tiene una implicación mayor para la industria global de gestión de activos. Durante años, la gran ventaja competitiva de los ETFs fue la combinación de bajo costo, transparencia, liquidez y eficiencia operativa de la gestión pasiva. Ahora las gestoras buscan conservar esas ventajas mientras introducen estrategias capaces de hacer algo más que replicar un benchmark.
El resultado es una nueva generación de productos: ETFs activos, indexación mejorada, estrategias multifactoriales, vehículos de baja volatilidad, fondos amortiguados y otras estructuras que buscan alterar el perfil tradicional de riesgo-retorno.
La propia First Trust, firma en la que Woodmansee ocupa el cargo de Product Specialist y VP of Distribution, participa en este proceso mediante una amplia gama de ETFs y estrategias de inversión. Pictet, por su parte, mantiene actualmente entre sus principales líneas de investigación la renta variable activa, los mercados emergentes, la inteligencia artificial y las estrategias multiactivo, señales de que la búsqueda de fuentes adicionales de retorno forma parte de una transformación más amplia de la gestión profesional.
La coyuntura también favorece esa evolución. Pictet sostiene actualmente una visión positiva sobre la renta variable emergente y destaca que la evolución de las economías en desarrollo a lo largo de la cadena de valor global puede reforzar los argumentos para invertir en estos mercados. Su análisis reciente también apunta a una menor dependencia del dólar y a una mejora de los fundamentales de algunas economías emergentes.
Para los fondos de pensiones latinoamericanos, el cambio puede resultar especialmente significativo. La discusión ya no es simplemente cuánto cuesta replicar un índice, sino qué retorno adicional puede obtenerse sin incrementar de manera desproporcionada el riesgo, la concentración o los costos de una cartera de largo plazo.
En ese sentido, el mensaje que quedó del panel de la FIAP puede resumirse en una frase que el propio moderador, Ángel Martínez-Aldama, recuperó al cierre: no comprar lo que no se conoce.
En un mercado global en el que los ETFs ya administran decenas de billones de dólares y en el que la gestión activa gana terreno dentro de la estructura que durante décadas identificamos con la inversión pasiva, esa recomendación deja de ser una cuestión de educación financiera básica para convertirse en una regla de gestión institucional.



