Ha pasado una semana desde que Estados Unidos intervino en Venezuela, con la detención de Nicolás Maduro, y los mercados siguen teniendo una visión más geopolítica que económica de los sucesos, con reacciones acotadas más allá de los flujos hacia metales preciosos como el oro. Los gestores que en España están al frente de fondos de renta variable o renta fija latinoamericana hablan de impactos «insignificantes» o «limitados», de momento, en las plazas bursátiles, si bien reconocen más movimientos en el mercado de crédito y siguen con atención los acontecimientos y la evolución del precio del petróleo, para detectar posibles beneficiados o perjudicados por las políticas de Trump.
Gestoras españolas como Santander AM, EDM, Bestinver o Renta 4 tienen fondos centrados en renta fija o variable latinoamericana y aquellos que nos han dado su opinión destacan reacciones muy comedidas en sus carteras. Alejandro Varela, gestor en Renta 4 Gestora, explica que en el vehículo Renta 4 Latinoamérica, que carece de exposición a activos venezolanos, el riesgo se limita a posibles contagios puntuales. «Las principales bolsas de México, Chile y Brasil, donde concentramos nuestras inversiones, permanecen al margen del episodio y mantienen su trayectoria alcista, respondiendo simplemente a las dinámicas globales de liquidez que caracterizan este inicio de 2026″, indica.
En su opinión, «la intervención estadounidense en Venezuela tiene una lectura fundamentalmente geopolítica antes que económica, y, desde una perspectiva bursátil, el impacto resulta casi insignificante. Lo que realmente comunica Washington con esta acción es un mensaje contundente dirigido a otros bloques regionales: Estados Unidos pretende recuperar el control estricto sobre el acceso a recursos estratégicos y sobre las decisiones que pudieran cuestionar su posición dominante en el continente. No observo consecuencias bélicas de consideración», analiza, hablando de sospechas de colaboración interna.
Desde Bestinver, Ignacio Arnau, gestor del fondo Bestinver Latam, también limita las posibilidades de contagio en la región, por lo que descarta cambios relevantes en su visión: «Desde un punto de vista macro para Latinoamérica, el contagio directo es limitado: la economía venezolana hoy es mucho menor que hace una década (más cercana en escala a una economía pequeña de la región), por lo que estos eventos no justifican cambios relevantes en el escenario base de crecimiento regional».
Por eso, defiende, el impacto sobre los fundamentales domésticos, de consumo o de actividad económica en Latinoamérica parece muy acotado. «La principal opcionalidad positiva dentro de nuestra cartera sería MercadoLibre, que en el pasado tuvo una operación relevante en Venezuela pero desconsolidó el negocio en 2017 por controles de capital, suspensión del mercado de divisas y deterioro macro. Desde entonces, Venezuela no contribuye a los ingresos/beneficios/caja consolidados», explica. «Cualquier upside vendría de una auténtica re‑institucionalización y normalización del comercio y los pagos, más que de exposición financiera actual», añade.
Para el experto, «los principales canales de transmisión de los sucesos son las expectativas de oferta de petróleo y el repricing del crédito venezolano».
Sobre este último aspecto, indica que «en los mercados, se ha observado un repunte de volumen en activos venezolanos, con flujos dominados por fondos distressed y fondos de mercados emergentes, en un trade ampliamente “anticipado” (especialmente PDVSA). Las expectativas de recuperación han subido, y algunos analistas ya trabajan con un 45%–60% de recuperación sobre principal bajo un proceso de normalización de varios años que reduciría de forma significativa los haircuts esperados—muy condicionado al desenlace político y a la velocidad de la recuperación de la producción-«.
«Para los mercados la operación ha sido más bien irrelevante», defienden en Ibercaja Gestión. «La superioridad militar de EE.UU. hace improbable una escalada y, salvo en el mercado del crudo, Venezuela es un país que pasa desapercibido para los inversores», afirman.
«El petróleo es el eje central, pero no el único», matiza Pedro del Pozo, director de Inversiones Financieras de Mutualidad. «La intervención en Venezuela afecta también a expectativas sobre el gas, metales, fertilizantes y cadenas de suministro regionales. En realidad, América Latina vuelve a aparecer en el radar de los grandes fondos, no solo como oportunidad, sino como foco de riesgo político», advierte.
Evolución divergente en materias primas
Aunque la visión de los expertos sobre el impacto es de momento limitado en las carteras bursátiles, y algo más visible en los mercados de crédito, sí hablan de consecuencias claras en las materias primas: «Anticipo una evolución divergente«, dice Varela, viendo el oro al alza y el petróleo a la baja. «El oro podría enfrentar presiones adicionales derivadas de la mayor incertidumbre geopolítica. El petróleo, en cambio, ya atravesaba una debilidad estructural por la falta de dinamismo chino, y esta acción probablemente no le va a proporcionar el revulsivo que necesita. La cesión de 50 millones de barriles anuales de crudo venezolano a Estados Unidos anunciada representa apenas el 0,1% de la producción mundial, cantidad marginal. A medio plazo, el hipotético regreso del petróleo venezolano a los mercados internacionales una vez levantados los embargos añadiría presión adicional a un mercado ya saturado de oferta, prolongando la debilidad en su cotización», defiende.
Por ello, ni siquiera ve a las grandes petroleras como beneficiadas, de momento: «A largo plazo y haciendo un balance “en neto”, el negocio de las mayores petroleras americanas en Venezuela podría incrementarse y generar beneficios, pero para que las bolsas pongan en precio esta circunstancia necesitaríamos ver precios superiores en el barril de petróleo», dice el gestor.
Sobre el petróleo, el gestor de Bestinver cree que «un escenario de normalización podría ser negativo en el medio plazo para los precios porque incrementa la probabilidad de mayor inversión y mayor producción, pero difícilmente será inmediato: la producción actual está por debajo de ~1 millón de barriles diarios, la infraestructura está deteriorada (incluida la electricidad), y elevar la producción hacia ~2 millones requiere tiempo y un volumen relevante de capex; volver a niveles máximos históricos exigiría aún más tiempo e inversión. A corto plazo, también se menciona la posible salida al mercado de barriles almacenados si se alivian bloqueos, pero el impacto agregado debería ser gradual«, dice.
En la entidad tampoco esperan un impacto en el precio del crudo a corto plazo, aunque creen que a medio sí podría afectar: «Con una transición política, se estima que Venezuela podría aumentar la producción de petróleo a 1,3-1,4 millones de barriles diarios en dos años y alcanzar potencialmente los 2,5 millones durante la próxima década, frente a los aproximadamente 0,9 millones actuales», dicen. En este contexto, firmas como Repsol podrían verse beneficiadas: «Se espera que la compañía pida reanudar las exportaciones de crudo, actividad que le fue restringida desde marzo de 2025. Una transición exitosa en Venezuela podría actuar como catalizador positivo para la compañía», añaden.
Para Mutualidad, la reacción inicial del mercado del oro negro ha sido, en apariencia, sorprendentemente moderada porque «Venezuela, pese a contar con las mayores reservas probadas del mundo, lleva años siendo irrelevante desde el punto de vista de la oferta efectiva». Y, en el muy corto plazo, la expectativa dominante es que la intervención no va a retirar ni incrementar barriles, de manera relevante, del mercado global. Sin embargo, «sería un error quedarse en esa lectura superficial: el verdadero impacto de lo que está ocurriendo en Venezuela no se juega en semanas, sino en años. La pregunta relevante no es cuánto petróleo produce hoy el país, sino cuánto podría llegar a producir mañana, si se dan las condiciones políticas, jurídicas y financieras adecuadas».
En su opinión, «una eventual normalización institucional abriría la puerta a un proceso de inversión masiva en infraestructuras energéticas, hoy obsoletas. Las grandes compañías internacionales conocen bien el potencial del subsuelo venezolano y, si el riesgo político se reduce, el capital acabará llegando. Y, cuando eso ocurra, el mercado tendrá que empezar a descontar un nuevo actor relevante en la oferta mundial. Este es el punto que todavía no está en precios», asegura. Por eso cree que «una Venezuela estable y productiva sería un factor estructuralmente bajista para el precio del petróleo, a medio y largo plazo».
«Hoy, Venezuela no mueve el precio del barril. Mañana podría hacerlo. Y, entre medias, los mercados seguirán ajustando expectativas, primas de riesgo y estrategias de inversión. Porque, una vez más, la geopolítica está recordando que siempre acaba pasando por caja. Y, en ese sentido, no está de más una cierta dosis de prudencia, para comenzar este 2026», apostilla Del Pozo. No sin antes dejar claro que este episodio tiene implicaciones claras para la asignación de activos: las materias primas siguen desempeñando un papel de diversificación que muchos inversores institucionales no pueden ignorar.


Por Alicia Miguel Serrano
Por Antonio Sandoval