Los mercados globales siguieron muy pendientes durante la última semana de los titulares procedentes de Oriente Medio. El protagonismo fue para el mercado de materias primas, ya que los precios del petróleo llegaron a dispararse el lunes hasta cerca de los 120 dólares por barril, para después caer temporalmente por debajo de los 90 dólares, ante la esperanza de que el conflicto pudiera estar acercándose a su fin tras los comentarios del presidente Trump.
Para Mark Dowding, CIO de RBC BlueBay Asset Management, dejando a un lado las reacciones y declaraciones políticas de EE.UU. e Irán y desde una perspectiva más estrictamente financiera, lo único que realmente importa para la economía global es el cuello de botella del estrecho de Ormuz. “En pocas palabras, si el petróleo puede seguir fluyendo, la posible perturbación económica podría resultar de corta duración. En cambio, un cierre del estrecho, aunque sea temporal, representa un shock estanflacionario global”, explica.
Según su análisis, a la hora de tratar de evaluar el impacto inflacionario de forma agregada, mucho dependerá de cuánto tiempo se vea afectado el comercio y de la capacidad para redirigir parte de esta producción hacia otros puntos de tránsito. “Nuestra valoración inicial es que parece razonable pensar que las lecturas del IPC podrían aumentar temporalmente alrededor de un 1%, al tiempo que se restaría aproximadamente un 0,5% a las previsiones de crecimiento”, indica Dowding.
A la hora de hablar de impacto económico global, los expertos de las gestoras señalan algunos matices. Por ejemplo, Niall Gallagher, gestor de inversiones de renta variable europea en Jupiter AM, advierte de que “el riesgo más significativo para varias grandes economías europeas son los precios globales del gas”, ya que una interrupción prolongada del suministro podría provocar “un gran aumento del precio del gas, que se traducirá en un aumento de los precios de la electricidad y resultará económicamente perjudicial si se prolonga”.
Cinco reuniones de bancos centrales
Desde AllianzGI ponen el foco en lo que traerá la próxima semana, que traerá consigo las reuniones mensuales de los principales bancos centrales y su primera oportunidad para responder -o no- a la crisis provocadas por el conflicto en Oriente Medio. “Con la Fed (la Reserva Federal es el banco central de Estados Unidos), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra (BoE), el Banco Nacional Suizo (SNB) y el Banco de Japón (BoJ) reuniéndose en un plazo de 24 horas, los responsables políticos comenzarán a trazar un rumbo a través de una fuente indeseada de perturbación para sus esfuerzos por devolver la inflación al objetivo de manera estable y sostenida. En principio, estas reuniones ofrecen un grado inusualmente alto de poder de señalización, pero en la práctica esperamos que los cinco bancos centrales mantengan los tipos de interés sin cambios, hagan hincapié en la cautela en su respuesta y se comprometan poco en cuanto a medidas futuras”, señala Sean Shepley, economista senior de AllianzGI.
En opinión de Xavier Chapard, estratega de LBP AM, compañía accionista mayoritaria de LFDE, los bancos centrales van a mantener una actitud de espera, dejando claro que están listos para actuar en caso necesario. Apunta además que “los discursos de los miembros del BCE desde el comienzo de la guerra han expresado unánimemente la necesidad de mantener la calma a corto plazo” y que “la Fed debería verse reforzada en su voluntad de mantener estables los tipos durante los próximos meses y dejar la puerta abierta tanto a subidas como a recortes a partir del verano”.
Por último, Dowding cree que es muy poco probable que la Fed, bajo la próxima presidencia de Warsh, se vea persuadida de la necesidad de subir los tipos de interés a la luz de estos acontecimientos macroeconómicos. “Seguimos pensando que los recortes de tipos son posibles más adelante en 2026, si el conflicto se despeja en los próximos meses y los precios del petróleo caen, lo que permitiría a los responsables de política monetaria mirar más allá del repunte de la inflación en los datos de corto plazo. De forma similar, observamos que el Banco de Inglaterra afronta este conflicto con una economía debilitándose y con un sesgo de relajación monetaria. En cuanto a la Fed, creemos que esto puede significar que la relajación monetaria siga estando sobre la mesa más adelante en 2026, y que los modelos del BoE, muy apoyados en el análisis del gap de producción, seguirán apuntando a la necesidad de flexibilizar la política con una visión prospectiva, en lugar de endurecerla”, explica.
Una mirada a las carteras
De cara al mercado, Gallagher considera que la volatilidad puede abrir oportunidades selectivas: “La venta masiva y la reducción de riesgos en las acciones europeas pueden generar gangas en acciones de consumo económicamente sensibles que hasta entonces habíamos encontrado sobrevaloradas, por ejemplo, bienes de lujo”.
Además, recuerda que “en tiempos de incertidumbre, los mercados financieros globales buscan instintivamente esconderse en los mercados de capitales estadounidenses y en el dólar estadounidense”, por lo que no sorprende ver un mejor comportamiento relativo de los activos estadounidenses en el corto plazo. El gestor subraya que “no son expertos en militares o defensa”, por lo que considera que “la mejor defensa/preparación es la construcción adecuada de carteras y la evitación de concentraciones de factores”.
Desde Muzinich & Co, gestora estadounidense de fondos especializada en mercados de crédito, apuestan por una posición defensiva y consideran que no es el momento para aumentar la exposición al riesgo de crédito. “Mantenemos la opinión de que este año estará probablemente impulsado por el carry, y esperamos que los activos de alta rentabilidad generen retornos excedentes frente al crédito investment grade. Sin embargo, la actual incertidumbre geopolítica y la falta de visibilidad sobre los próximos pasos de la acción militar en Oriente Medio nos impiden aumentar de forma significativa la exposición al riesgo de crédito. Como resultado, estamos adoptando una posición defensiva. Dicho esto, se está generando valor y la dispersión de spreads ha regresado, lo que en última instancia debería presentar oportunidades de inversión que podremos aprovechar”, explica Eric Muller, director de Estrategia de Mercado y Producto de Muzinich & Co.
El experto reconoce que uno de los sectores con más atractivo es el bancario, dado el aumento de sus rendimientos. “Los acontecimientos recientes han amplificado la dispersión que empezó a observarse en febrero y han generado nuevas oportunidades. Algunos emisores sólidos que se encuentran bajo presión en determinados sectores o regiones están incorporando una prima de riesgo que no existiría sin la volatilidad observada en los últimos días. Aunque consideramos que todavía es demasiado pronto para aumentar el riesgo de las carteras en las circunstancias actuales, estamos rotando emisores con el objetivo de capturar las nuevas primas derivadas de esta mayor selectividad”, afirman.
Por último, Muller considera que se puede aprovechar justamente esa dispersión de los spreads. “Nuestra estrategia de inversión centrada en el carry desde el año pasado contempla cierta sobreponderación en activos de mayor rentabilidad y ha sufrido por la ampliación de spreads, mientras que nuestra preferencia por deuda senior frente a instrumentos subordinados ha proporcionado cierta protección frente al aumento de la volatilidad. En este escenario binario, mantenemos una visión constructiva a medio plazo desde el punto de vista fundamental y no nos apartaríamos del enfoque basado en valor y carry. No obstante, a medida que aumenta el riesgo de cola asociado a los precios de la energía, las coberturas en crédito de alto rendimiento podrían tener sentido. Aunque es un tema debatible, consideramos que una ampliación ordenada y moderada de spreads puede generar nuevas oportunidades y mayor dispersión, que querremos aprovechar una vez tengamos mayor visibilidad sobre los mercados energéticos”, concluye el directivo de Muzinich & Co.



