El fuerte auge de la inteligencia artificial no solo está impulsando una carrera sin precedentes por el desarrollo de infraestructuras tecnológicas, sino que también está comenzando a tener importantes repercusiones en los mercados financieros.
El creciente volumen de inversión necesario para construir centros de datos, adquirir equipamiento y desplegar capacidad informática está elevando las necesidades de financiación de las grandes compañías tecnológicas, un fenómeno que, según PIMCO, obliga a los inversores a prestar una atención cada vez mayor al apalancamiento, la generación de caja y los posibles riesgos de sobreinversión. Así lo sostiene la gestora en un nuevo análisis firmado por Lotfi Karoui, estratega de crédito multiactivo de la firma, en el que examina las implicaciones que el auge del gasto en infraestructuras de IA puede tener para los inversores en renta fija.
Según el informe, la inversión en equipamiento y software en Estados Unidos se encuentra ya en niveles que superan los máximos alcanzados durante la expansión tecnológica de finales de los años noventa. Al mismo tiempo, las previsiones de gasto de capital de los principales hyperscalers continúan aumentando de forma significativa.
PIMCO destaca que el capex agregado de estas compañías podría alcanzar cerca de 690.000 millones de dólares en 2026 y aproximarse a 870.000 millones en 2027. Como consecuencia, este esfuerzo inversor absorbería alrededor del 94% de su flujo de caja operativo durante ambos ejercicios.
La gestora señala que esta transformación ya es visible en los mercados de financiación. La emisión de nueva deuda por parte de hyperscalers ha alcanzado aproximadamente 136.000 millones de dólares en lo que va de año, superando ya los niveles registrados durante todo 2025. A ello se suman otros 58.000 millones de dólares vinculados a centros de datos tanto en mercados investment grade como high yield.
A juicio de Karoui, los inversores deben prestar atención a tres grandes focos de incertidumbre. El primero es la propia velocidad de adopción de la inteligencia artificial. El informe señala que las necesidades futuras de capacidad dependen de hipótesis todavía difíciles de validar sobre productividad, utilización y demanda.
El segundo riesgo tiene que ver con la distribución final del valor económico dentro de la cadena de la IA. PIMCO recuerda que todavía no existe certeza sobre qué segmentos acabarán capturando la mayor parte de los beneficios derivados de esta revolución tecnológica, mientras que buena parte de la inversión ya se está realizando hoy.
El tercer elemento es lo que la firma denomina «financiación circular». Según explican, algunos proveedores y clientes están contribuyendo a financiar parte de la demanda futura mediante compromisos de compra, anticipos o estructuras de financiación vinculadas a contratos. Aunque estas dinámicas pueden acelerar el desarrollo de infraestructuras, también pueden generar señales de demanda menos orgánicas de lo que aparentan.
Una de las partes centrales del análisis es la comparación con la burbuja de fibra óptica y telecomunicaciones de finales de los años noventa. PIMCO considera que existen paralelismos evidentes, especialmente por el fuerte incremento del gasto en infraestructuras y por el riesgo de que la oferta crezca más deprisa que la demanda.
Como resume Karoui, «la principal lección del colapso de la fibra óptica a finales de los años noventa es que una tesis de inversión puede ser acertada en su dirección general y, aun así, que la respuesta de la oferta se adelante tanto a la demanda que termine destruyendo capital».
No obstante, la gestora subraya también diferencias relevantes. Los grandes hyperscalers presentan actualmente balances mucho más sólidos, menores niveles de apalancamiento y mayores márgenes de rentabilidad que los operadores de telecomunicaciones de aquella época. Además, los mercados están mostrando una disciplina mayor al exigir una rentabilidad más elevada para financiar proyectos percibidos como más arriesgados.
Por ello, la conclusión de PIMCO no es que la IA esté reproduciendo una nueva burbuja tecnológica, sino que los inversores deben prestar cada vez más atención a cómo se financia esta expansión. En palabras del informe, «el impulso hacia un mayor apalancamiento es real, aunque parta de una posición excepcionalmente sólida».




Por Beatriz Zúñiga