Última actualización: 03:51 / Martes, 13 Julio 2021
Según el Janus Henderson Corporate Debt Index

La deuda de las empresas se disparó un 10% hasta una cota máxima de 13,5 billones de dólares en 2020

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  • Janus Henderson predice un auge de las inversiones, la distribución de dividendos y la recompra de acciones durante el segundo semestre de 2021 y en lo sucesivo
  • Las compañías no han gastado nada de esta nueva financiación obtenida, ya que han preservado el efectivo durante la pandemia, por lo que la deuda neta no ha aumentado
  • La gestora espera que la deuda neta cierre el año con un aumento de entre 500.000 y 600.000 millones de dólares, lo que la situará entre 8,8 y 8,9 billones de dólares

La deuda de las empresas de todo el mundo alcanzó un nuevo récord al situarse en los 13,5 billones de dólares en 2020, según muestra el índice anual Janus Henderson Corporate Debt Index. Esto supuso un aumento del 10,2%, en mitad de un contexto marcado por un retroceso en los beneficios mundiales de casi un tercio. 

En términos de deuda nueva, esta aumentó en 1,3 billones de dólares en 2020, lo que supone otro récord. Según explican desde la gestora, “las empresas hicieron acopio de efectivo para asegurarse de poder capear la recesión mundial y cualquier posible restricción en el acceso a los mercados financieros”. Con todo, las compañías no han gastado prácticamente nada de esta deuda nueva y apenas han emitido deuda adicional en lo que va de 2021. De cara a este año, el análisis de Janus Henderson sobre los mercados mundiales de deuda corporativa revela que el endeudamiento total solo ha aumentado un 1% más en los seis primeros meses de 2021.

Gráfico Janus Deuda 1

Este ahorro ha implicado que la deuda neta (deuda total menos tesorería) de las empresas a escala mundial solo ha crecido 151.000 millones de dólares, y cerró el año en 8,30 billones de dólares (frente a los 8,15 billones de dólares de hace un año). Sin embargo, si tenemos en cuenta las fluctuaciones de los tipos de cambio, el aumento fue de solo 36.000 millones de dólares.

Respecto a 2021, Janus Henderson espera que la deuda total se mantenga estable en líneas generales, aunque la deuda neta subirá rápidamente a medida que las empresas empiecen a gastar parte del efectivo recopilado. Todo apunta a que la deuda neta aumentará en 500.000-600.000 millones de dólares este año, hasta alcanzar los 8,8-8,9 billones de dólares.

Según la gestora, la ardua labor de reducción del gasto ha hecho que la mayor parte de la nueva financiación siga estando en los balances de las empresas a modo de efectivo o en títulos. Las posiciones de tesorería se dispararon 1,1 billones de dólares hasta alcanzar la cifra récord de 5,2 billones de dólares en 2020, por lo que han aumentado casi el doble en un año que en los cinco años anteriores juntos.

En lugar de gastar el dinero nuevo obtenido, las empresas han tomado medidas para reforzar sus balances. Las compañías que componen el Janus Henderson Corporate Debt Index recortaron sus dividendos por valor de 130.000 millones de dólares, redujeron la inversión en inmovilizado y recaudaron cientos de miles de millones de dólares de sus accionistas y a través de las ventas de activos. Además, recortaron las recompras de acciones. Sin embargo, a medida que la recuperación sigue su curso, Janus Henderson predice un auge de las inversiones, la distribución de dividendos y la recompra de acciones durante el segundo semestre de 2021 y en lo sucesivo.

Oportunidades de inversión

Ante este contexto, Janus Henderson identifica importantes oportunidades para los inversores en renta fija, ya que la combinación de mejora de los fundamentales crediticios y la actividad de los bancos centrales en respuesta a la pandemia proporciona un entorno favorable tanto para la oferta como para la demanda de bonos de alto rendimiento.

En concreto, apunta que el segmento del alto rendimiento alberga oportunidades de inversión para los bonistas de ángeles caídos que se han recuperado. “Para los inversores en renta fija, se perfilan algunas oportunidades interesantes a medida que mejora la calidad crediticia, sobre todo en el segmento de alto rendimiento”, explican. Además, considera que existe un margen importante para identificar a las estrellas ascendentes en el próximo año, incluida la recuperación de algunos de los ángeles caídos del año pasado. Los gestores de carteras priorizan el sector de alimentación y bebidas (como es el caso de Kraft), determinados fabricantes de automóviles (como Ford) y las oportunidades en los sectores de la energía y el consumo.

“Las empresas de todo el mundo han capeado los últimos 16 meses con una habilidad impresionante. Resulta muy probable que asistamos a un auge de la inversión una vez remita la pandemia. Esto representará gran parte de la reducción de los saldos de efectivo este año, pero las recompras de acciones y las alzas de los dividendos también formarán parte de la ecuación”, señalan Tom Ross y Seth Meyer, gestores de carteras de renta fija de Janus Henderson.

En su opinión, para los inversores en bonos, existen algunas oportunidades realmente interesantes en estos momentos. “La perspectiva de un mayor crecimiento económico y un aumento de la inflación suele considerarse negativa para la renta fija, pero también implica una mejora de los fundamentales de la deuda corporativa: a mayor flujo de efectivo, mejores ratios de apalancamiento. Lo más importante es que los mercados de bonos corporativos no son una clase de activos única y uniforme. Aunque los costes de financiación generales son reducidos, las empresas siguen queriendo ascender en la clasificación, porque de este modo se abaratan aún más. Los costes de endeudamiento adicionales para un emisor BB son 100 puntos básicos más caros que para un emisor BBB, que se sitúa tan solo un peldaño por encima. Y lo que resulta fundamental: el mercado de alto rendimiento está en constante movimiento. En un extremo, hay bonos que van y vienen entre la calificación investment grade y la de alto rendimiento. En el otro extremo, los bonos están al borde del impago. En paralelo, hay cientos de emisores diferentes compitiendo por su posición en el universo de la deuda corporativa. Cuando estas posiciones cambian, los precios de los bonos fluctúan, lo que genera oportunidades de inversión”, añaden. 

Los gestores consideran que un crecimiento económico sólido puede desencadenar un aumento permanente de la inflación, pero es importante no dejar que el miedo a que unos tipos de interés más altos lastren la rentabilidad impida a los inversores aprovechar las oportunidades potenciales. “Creemos que los bancos centrales mantendrán el respaldo a la recuperación económica con unos tipos de interés bajos y compras de activos (relajación cuantitativa). Esto debería brindar un entorno favorable tanto para la oferta como para la demanda de bonos de alto rendimiento, creando así oportunidades para una acertada selección de títulos de deuda corporativa”, matizan.

Sobre el riesgo de impago, Seth y Tom añaden: “Las tasas de impago han sido muy bajas durante la pandemia gracias al apoyo de los Gobiernos, pero creemos que continuarán siendo reducidas, quizás por debajo del 1% este año y solo ligeramente más altas el próximo. Ciertamente, la deuda ha aumentado, pero el efectivo se ha disparado, los mercados están totalmente abiertos y el flujo de efectivo libre se está acelerando, por lo que las empresas cuentan con un impulso adecuado para avanzar. Siguen existiendo focos de riesgo: las aerolíneas, por ejemplo, continúan siendo vulnerables a las imprevisibles decisiones políticas sobre los viajes internacionales. El sector del ocio y la hostelería en general también acusa sobremanera esta incertidumbre”.

Por su parte, Juan Fierro, Associate Director de Janus Henderson para España, señala: “El pasado año el volumen de deuda en los balances de las empresas cotizadas a nivel mundial se elevó un 10%, hasta los 13,5 billones de dólares. No obstante, las empresas no gastaron esta nueva deuda, sino que incrementaron sus reservas de efectivo y activos líquidos para afrontar la situación de crisis provocada por la pandemia. Esto se tradujo en una escasa variación de los niveles de endeudamiento financiero neto, que únicamente se elevó un 1.9%, cerrando el año en 8,3 billones de dólares. Según avance el 2021 y asistamos a la reapertura gradual de las economías y al repunte de la actividad económica, prevemos que las empresas eleven la inversión y retomen sus políticas de remuneración al accionista a través del pago de dividendos y la recompra de acciones. Es por ello que, aunque no esperamos un crecimiento significativo de los niveles totales de deuda, sí anticipamos un repunte del endeudamiento neto a medida que las empresas comiencen a utilizar el efectivo y activos líquidos acumulados en los últimos 12 meses. Los bajos tipos de interés hará que el coste de esta deuda continúe siendo asequible”. 

Traducido a los mercados financieros, Fierro considera que se presenta un entorno favorable para los inversores en renta fija, en particular en el segmento de alto rendimiento. “Con todo esto se refuerza nuestra convicción en la gestión activa, ya que la correcta asignación de activos a nivel regional y sectorial, y la selección de las mejores oportunidades a nivel corporativo cobra especial importancia”, concluye.

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