El mercado de high yield en Estados Unidos muestra un perfil de riesgo-retorno mejorado, según indicó John Colantuoni, gestor de la plataforma de bonos de alto rendimiento en Muzinich, firma global de gestión de activos fundada en 1988 que administra 42.000 millones de dólares en 18 oficinas alrededor del mundo. Su tesis central descansa en un argumento estructural: la calidad crediticia del mercado mejoró de forma sostenida en los últimos 15 a 20 años, lo que reduce el riesgo de default respecto a ciclos anteriores.
En el marco del Leaders Summit, un encuentro profesional en Miami organizado por Funds Society, en colaboración con CFA Society, Colantuoni hizo un panorama del mercado high yield estadounidense, y sostuvo que representa 1,5 billones de dólares en emisiones, frente a los 10 billones (trillones en nomenclatura anglosajona) del segmento investment grade, y agrupa a más de 800 emisores. Casi el 60% de los bonos están calificados BB, la categoría más alta dentro del universo de alto rendimiento, cuya tasa de default promedio de largo plazo se ubica por debajo del 2%. El rendimiento del índice BB se sitúa hoy en 6,25%, por encima del promedio histórico de 5,9%, con spreads en 230 puntos básicos frente a los 380 puntos del promedio histórico.
El gestor identificó el default como el riesgo central al invertir en este segmento. A lo largo de los últimos 25 años, repasó, el mercado atravesó cuatro grandes picos: la burbuja tecnológica (tasa de default del 10%), la crisis financiera global (16%), la ola de defaults en el sector energético (5%) y el shock del COVID-19 (7%). La probabilidad de repetir esos niveles es baja, según Colantuoni, en parte porque la composición del mercado cambió.
Un factor que explica esa mejora es la menor presencia de los leveraged buyouts (LBO). Este tipo de prestatario —con mayor apalancamiento y horizontes más cortos que las empresas públicas o privadas no LBO— llegó a representar casi el 40% del mercado en 2006-2007, coincidiendo con el ciclo de defaults más severo, el de la crisis financiera. Hoy los LBO representan el 15% del total. Las empresas (públicas, cotizadas en bolsa) con menor apalancamiento por la presión del mercado accionario sobre sus balances, concentran el 65% del mercado.
Desde la perspectiva sectorial, energía lidera el high yield con el 11% del mercado, aunque solo el 4% corresponde a productores de petróleo y gas; el resto es infraestructura energética. Muzinich no sobrepondera productores de crudo, sino activos de infraestructura con flujos recurrentes.
Otro cambio estructural que Colantuoni señala es la caída en la duración de los bonos emitidos. Mientras antes predominaban las emisiones a 10 años con cupones bajos, hoy el mercado emite a plazos de 5 a 7 años con cupones más altos. La duración promedio cayó de 4,25 a 3 años, lo que reduce la volatilidad de precios ante subas de tasas de interés. En el último episodio de tensión de mercado —vinculado al conflicto con Irán y la presión inflacionaria—, el high yield mostró un desempeño comparable al del investment grade.
Desde 2010, cada vez que el rendimiento del índice BB superó el 6%, el retorno forward promedio fue superior al 8%, un dato que Colantuoni usó para fundamentar el atractivo actual del mercado.
Así, la estrategia de Muzinich apunta a activos no cíclicos con flujos recurrentes: infraestructura energética, telecomunicaciones, leasing de aeronaves, real estate y salud. En períodos de volatilidad, la firma prioriza compañías con balances sólidos antes que activos de mayor riesgo. Como referencia, bonos de software con calificación BB rinden entre 7% y 8%, frente al 5,75% del promedio del segmento.
Entre los riesgos monitoreados, Colantuoni mencionó el conflicto con Irán —con impacto acotado dado que EEUU es autosuficiente en energía—, la exposición al segmento de software (5% del mercado) y a data centers (2% del índice), y la mayor concentración de LBO en el crédito privado, lo que refuerza la calidad relativa del high yield público, cotizado en bolsa.



