Harvard University Press, la editorial universitaria de Harvard, publicará el 17 de noviembre de 2026 «Antitrust and the Age of Asset Management», del académico Andrew P. McLean. El libro llega en un momento en que la consolidación empresarial vuelve a estar en el centro de la agenda económica de Estados Unidos, con casos como la fusión entre Paramount y Warner Bros. Discovery o la demanda antitrust en curso contra Live Nation.
Según distintos estudios citados en el libro, desde fines de los años 90 la concentración aumentó en más de las tres cuartas partes de las industrias del país y las firmas líderes de cada sector triplicaron su participación de mercado. La literatura especializada -señala el autor- suele explicar ese fenómeno por la globalización, el cambio tecnológico o una política de competencia permisiva. McLean sostiene que a esa lista le falta un factor central: el rol de los grandes gestores de activos.
De J.P. Morgan a BlackRock
El libro abre con una escena de 1885: a bordo de su yate, el banquero J.P. Morgan logra que los directivos de dos ferrocarriles rivales acuerden dejar de competir entre sí, en el episodio conocido como el «Corsair Pact». McLean recupera ese antecedente y el concepto de «capitalismo financiero» que Rudolf Hilferding acuñó para describir la fusión entre banca e industria a comienzos del siglo XX. «Hoy son las gestoras de activos las que empujan a los mercados lejos de la competencia y hacia la consolidación», plantea el autor.
El libro pone cifras a esa transformación. Los quinientos mayores gestores de activos del mundo administraban unos 80 billones (trillones según la nomenclatura anglosajona) de dólares en 2014, cuando el entonces economista jefe del Banco de Inglaterra, Andy Haldane, ya hablaba de una industria de gestión de activos que había alcanzado su madurez. Hoy esa cifra ronda los 140 trillones , concentrados en su mayor parte entre los veinte mayores actores del sector.
Private equity y «roll-ups»
Un primer eje del libro es el private equity. El autor recuerda que firmas como Blackstone, Carlyle y KKR administran en conjunto una porción significativa de los cerca de 3 billones (trillones según la nomenclatura anglosajona) de dólares que el sector gestiona en compañías privadas estadounidenses, y que las empresas de sus carteras emplean a más de dos millones de personas. McLean centra su crítica en la estrategia de «roll-up» o «buy-and-build«: la adquisición sucesiva de numerosas compañías de un mismo sector —desde clínicas veterinarias hasta casas funerarias y centros de salud— para consolidar mercados fragmentados y reducir la competencia. El libro dedica particular atención al sector salud, donde considera que esta dinámica ya derivó en precios más altos, peor calidad de atención, condiciones laborales más precarias para el personal y, en algunos casos, el cierre de hospitales y centros de salud.
La «tenencia horizontal» de los fondos indexados
El segundo eje es la indexación pasiva. Citando estudios como el del economista político Jan Fichtner (2017), el libro recuerda que BlackRock, Vanguard y State Street son, en conjunto, el principal accionista de al menos el 40% de las empresas cotizantes en EE.UU. y del 88% de las que integran el S&P 500. El ejemplo que usa McLean es el de la industria aérea: si un gestor como BlackRock tiene participación en todas las grandes aerolíneas, una de ellas puede ganar mercado bajando tarifas, pero eso no beneficia al accionista, que preferiría que los precios se mantuvieran altos en el conjunto del sector con independencia de cómo se reparta la torta entre las compañías. Esa lógica, sostiene el libro con evidencia empírica también en banca y agricultura, debilita el incentivo de cada empresa a competir agresivamente.
El autor atribuye la falta de respuesta regulatoria a que, desde fines de los años 70, la política antitrust estadounidense adoptó como único objetivo el «bienestar del consumidor», un criterio centrado en la eficiencia de precios que —sostiene— no tiene herramientas conceptuales para captar la influencia del sector financiero sobre la economía real. Frente a ese diagnóstico, propone dos reformas legislativas: la «Preventing Private Equity Consolidation Act«, que impediría a una gestora de private equity controlar más del 30% de un mercado, y la «Capping Equity Capital Act«, que limitaría al 1% del valor total del S&P 500 (unos 580.000 millones de dólares al valor actual) el capital accionario que un mismo inversor puede mantener en el mercado estadounidense.
El libro reconoce que la administración Biden marcó una excepción al intervenir puntualmente contra algunas adquisiciones de private equity, pero subraya que la tenencia horizontal de los fondos indexados no enfrentó, hasta ahora, ninguna acción regulatoria federal. Sus conclusiones cierran con una reflexión sobre el escenario post-2024, tras la derrota electoral de Biden y el regreso de Donald Trump a la presidencia.
Según el historiador Richard R. John, de la Universidad de Columbia, este texto representa una hoja de ruta hacia «un futuro más innovador, equitativo y sostenible».




Por Antonio Sandoval