China acaba de entrar en el Año del Caballo, y, a medida que avance, existen indicios de un renovado brío económico. El país parece que empieza a salir de la crisis que arrancó en 2020 con el estallido de la burbuja inmobiliaria, pero afronta desafíos de calado. De momento, los mercados apuntan a un viento a favor para el país: en 2025, el índice MSCI China subió un 31,4%, superando tanto a la renta variable estadounidense como global en un buen año para las bolsas.
China lleva varios años fuera del radar de los inversores. Por ejemplo, Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard, admite que ha sido pesimista con respecto a la macroeconomía china durante los últimos cinco años debido exclusivamente a la crisis inmobiliaria. Pero hay señales que indican que ha llegado la hora de volver la mirada al gigante asiático.

Dhananjay Phadnis (Fidelity International)
El resurgimiento del país dependerá de que complete su recuperación económica, remontada que el Gobierno de Xi Jinping ha fiado al desarrollo tecnológico a través de la inteligencia artificial y la robotización. Un escenario que permite, según Dhananjay Phadnis, gestor del FF Asia Equity ESG Fund de Fidelity International, que la recuperación económica de China se esté afianzando “gradualmente”. Los temas impulsados por la innovación, en particular la tecnología y la inteligencia artificial, “fueron fundamentales para este repunte”, tras el anuncio del modelo de inteligencia artificial DeepSeek a principios del año pasado, tal y como recuerda el experto. Pero también, por las medidas políticas en curso y la resistencia de las exportaciones.
El impulso ha continuado, como reflejan varias cotizaciones chinas de IA y tecnología en Hong Kong a finales de 2025, que despertaron un gran interés entre los inversores. La postura anticíclica del Gobierno ha contribuido a estabilizar el aumento del crecimiento durante el último año, sentando las bases para una recuperación más duradera.
Mientras, Naomi Weistell, gestora de fondos y experta en mercados emergentes de Carmignac, admite que las prioridades estratégicas de China siguen siendo la estabilización económica y el avance tecnológico, “y cualquier perturbación geopolítica importante socavaría estos objetivos”.
Dhananjay Phadnis (Fidelity International): “El riesgo de una nueva crisis ha disminuido y, con el tiempo, esta estabilización debería favorecer un modelo inmobiliario más saludable”
Eso sí, observa que la economía china evoluciona a dos velocidades: las exportaciones siguen siendo el principal motor del crecimiento, mientras que el consumo interno y el sector inmobiliario continúan rezagados. “El crecimiento se ha estabilizado, pero no parece probable que se produzca una reaceleración significativa a corto plazo, dada la persistente dinámica de deuda-deflación y el limitado interés por aplicar estímulos reflacionistas a gran escala”, apunta.
La experta también señala que la demografía también representa un obstáculo estructural. Sin embargo, el país está intentando compensar las limitaciones laborales mediante la automatización y la robótica, “ámbitos en los que ya es líder mundial”. Por lo tanto, según Weistell, la demografía “puede actuar como catalizador de la modernización tecnológica, en lugar de ser un lastre”.
En cuanto a su posición en política comercial, según Temple, China “ha sido el gran beneficiario de las políticas comerciales del presidente Donald Trump”. Primero, porque “tiene dominio de la escalada”, es decir, “más influencia de lo que la gente cree”. Además, China demostró que si realmente se quiere jugar duro en materia comercial, “simplemente cortará el suministro de minerales críticos”. Incluso, según Temple, las políticas erráticas e impredecibles de Estados Unidos han hecho que China parezca un socio racional, mientras que Estados Unidos aparenta ser irracional e impredecible.
Confianza y consumo: los retos

Wilfred Sit (Allianz GI)
Eso sí, la cuestión más inmediata, a juicio de algunos expertos, es la confianza de los consumidores. Así lo cree Weistell. “El reto no es la competitividad o la capacidad, sino la confianza de los consumidores. Para restablecerla, probablemente se necesiten medidas para estabilizar el mercado inmobiliario, que podrían incluir la absorción de existencias por parte del Estado, junto con el refuerzo de la red de seguridad social”.
También hace hincapié en la debilidad del consumo en China Wilfred Sit, Chief Investment Officer Equity Asia Pacific en Allianz GI. El experto es consciente de que este obstáculo “es consecuencia de la caída del mercado inmobiliario, que tiene un efecto negativo sobre la riqueza”. Pero ve esperanza, porque cree que, con el tiempo, el Gobierno chino adoptará nuevas medidas políticas para abordar esta situación.
Como factor adicional para afrontar este reto, estaría la posible recuperación gradual del mercado de valores, que “podría contribuir a crear un efecto positivo sobre la riqueza, lo que impulsaría la demanda interna, por lo que el Gobierno tiene la intención de seguir apoyando el mercado de valores”.
La renta variable china vuelve a estar de moda
De momento, el mercado de renta variable chino soporta esta tesis. El índice MSCI China subió un 31,4% el
año pasado, superando a la renta variable estadounidense y global en un buen año para las bolsas en general. Y puede seguir al alza. Phadnis apunta que se espera que las condiciones de liquidez y los flujos de capital sigan siendo favorables tanto en los mercados de acciones A nacionales como en los mercados de acciones chinos en el extranjero, “ya que los responsables políticos continúan impulsando una agenda mesurada centrada en el apoyo al consumo, la estabilización del mercado inmobiliario y la reforma estructural”.
Wilfred Sit (Allianz GI): “La recuperación gradual del mercado de valores podría contribuir a crear un efecto positivo sobre la riqueza, lo que impulsaría la demanda interna, por lo que el Gobierno tiene la intención de seguir apoyándolo”
En este sentido, la aplicación “coherente” de las políticas y la mejora de la visibilidad de los beneficios probablemente respalden la liquidez interna y “contribuyan a que los inversores extranjeros vuelvan a interesarse por los activos chinos”. Y, aunque las valoraciones de la renta variable se han reajustado ligeramente, “siguen siendo razonables en comparación con las medias históricas y sus homólogos mundiales”.
Por su parte, Sit ve probable que el repunte del mercado chino continúe este año. En principio, porque los factores clave que respaldaron el mercado el año pasado “siguen estando firmemente vigentes”, entre ellos, la política gubernamental de apoyo al mercado bursátil nacional y al sector privado; la flexibilización de las políticas monetarias; la narrativa tecnológica y de inteligencia artificial de China; la fuerte liquidez nacional a medida que los depositantes transfieren fondos a los mercados bursátiles; la necesidad de diversificación hacia activos no denominados en dólares estadounidenses, así como una valoración de mercado relativamente baja. Incluso “podría sumarse otro foco a favor, como el fortalecimiento del renminbi, que “debería impulsar la confianza de los inversores a la hora de destinar más inversión a activos chinos, incluida la renta variable”.
Para Weistell, la volatilidad ha reflejado la fragilidad del sentimiento más que un deterioro estructural, pero admite que las autoridades parecen comprometidas con fomentar lo que podría describirse como un mercado alcista lento, interviniendo para moderar las subidas excesivas y, al mismo tiempo, amortiguando las caídas bruscas. “Existe, en la práctica, una especie de «put de Xi» en el mercado, cuyo objetivo es mantener la estabilidad sin fomentar el exceso especulativo”, explica la experta.
Pero Phadnis ve como duda a despejar si esta fortaleza de la bolsa china refleja una mejora de los fundamentales o si se trata de una revalorización impulsada por el sentimiento de los inversores. Y recuerda el punto de partida: hace 12-18 meses, las valoraciones se encontraban en niveles extremadamente bajos. Aunque el entorno a corto plazo sigue siendo desigual, cree que la combinación de medidas específicas de flexibilización fiscal, relajación monetaria e iniciativas de modernización industrial “sigue respaldando la confianza en las perspectivas económicas a medio plazo”.
Un escenario con consecuencias
La situación que vive el mercado de valores chino tendría consecuencias, concretamente, una mejor percepción por parte de la comunidad inversora internacional. “Si el mercado sigue registrando ganancias constantes con un apoyo político claro, esto mejoraría la percepción de los inversores a nivel mundial”, apunta Sit, que añade que, a pesar de las presiones adversas que sufre el sector exportador, “los inversores globales son cada vez más conscientes de que las exportaciones chinas siguen siendo competitivas y ofrecen una buena relación calidad-precio”.
Ronald Temple (Lazard) apunta que las políticas erráticas e impredecibles de Estados Unidos han hecho que China parezca un socio racional, mientras que Washington aparenta ser lo contrario

Ronald Temple (Lazard)
No en vano, Weistell admite que la percepción de los inversores se ha visto muy influida por la caída del mercado inmobiliario y la debilidad de la demanda interna. También, que esta narrativa corre el riesgo de subestimar la transformación económica subyacente de China, puesto que, a pesar de representar aproximadamente el 25% del crecimiento del PIB mundial y ocupar una posición central en la fabricación y las cadenas de suministro globales, el peso del mercado de valores chino en las carteras sigue siendo extremadamente reducido, alrededor del 3% en muchas asignaciones globales.
“Esta infrarrepresentación está cada vez más desconectada de la realidad económica”, aclara la experta, que observa “un cambio gradual en la confianza”, que pasa de centrarse exclusivamente en los retos estructurales a reconocer oportunidades selectivas. “China vuelve a ser percibida como un país en el que se puede invertir, no porque hayan desaparecido los riesgos, sino porque su capacidad de innovación, y la rentabilidad de las empresas y de los accionistas están mejorando”, sentencia.
Naomi Weistell (Carmignac): “China vuelve a ser percibida como un país en el que se puede invertir, no porque hayan desaparecido los riesgos, sino porque su capacidad de innovación, y la rentabilidad de las empresas y para los accionistas están mejorando”
¿Es el momento de aumentar el peso de China en las carteras?

Naomi Weistell (Carmignac)
Weistell es tajante: “En resumen: sí, especialmente para los inversores globales que siguen estando estructuralmente infraponderados o totalmente ausentes del mercado”. La experta razona que no tener ninguna exposición a China no es una postura neutral, sino “una apuesta activa porque la próxima fase de innovación global y crecimiento de los beneficios se limitará a un reducido grupo de empresas de los mercados desarrollados”. En realidad, es todo lo contrario, ya que China es estratégicamente “fundamental” para los mercados emergentes y las cadenas de suministro globales. Pero la experta matiza que eso no significa aumentar la exposición de forma in- discriminada, sino realizar una asignación selectiva.
Una opinión muy parecida tiene Sit, que considera que las acciones A de China, en particular, son “una forma eficaz de añadir diversificación a las carteras globales, dada su correlación relativamente baja con otras clases de activos.




