A lo largo de la semana, la escalada militar entre Estados Unidos e Irán se ha intensificado en toda la región, al igual que la volatilidad y la incertidumbre global, mientras que los mercados financieros reaccionan con una sorprendente dualidad: las bolsas estadounidenses resisten y las europeas sufren.
El sentimiento de mercado ya se había moderado en semanas recientes debido a la incertidumbre vinculada con IA y sus valoraciones, por lo que un shock geopolítico adicional podría amplificar la volatilidad. Y, aunque pueden generar reacciones abruptas en los mercados, en opinión de Seema Shah, Chief Global Strategist de Principal Asset Management, la historia muestra que las caídas bursátiles asociadas a estos eventos suelen ser temporales.
“En las últimas seis décadas, la mayoría de las crisis geopolíticas han provocado retrocesos de alrededor de 7% en promedio, con una recuperación que suele darse en pocas semanas. Tras tres meses, las acciones históricamente han mostrado avances cercanos a 4%. La excepción ocurre cuando el evento altera de manera material los fundamentos económicos o desencadena respuestas significativas de política monetaria. En este contexto, los precios del petróleo son el principal canal de transmisión hacia la economía real”, afirma Shah. Sin embargo, considera que la fortaleza estructural de la economía global, la solidez de los balances corporativos y el crecimiento de utilidades “sugieren que cualquier ajuste debería mantenerse contenido”.
Una semana de mercados revueltos
Para los expertos de Amundi, la situación actual pone de relieve la sensibilidad del mercado a la geopolítica y al aumento de los precios del petróleo, con un claro impulso estanflacionista. “La reacción es típica de las crisis energéticas del pasado: el petróleo ha subido, y el brent pasó de 72 a 79 dólares el barril durante el fin de semana del primer ataque. Por su parte, las acciones han bajado, con pérdidas superiores al 2% en los principales índices europeos y un cierre del Nikkei japonés con un descenso del 1,4%, mientras que el mercado estadounidense se mantiene estable. La demanda de refugios seguros ha empujado los precios del oro a un nuevo récord, en torno a los 5.390 dólares, y ha provocado el fortalecimiento del dólar estadounidense, mientras que los rendimientos de los bonos han subido a nivel mundial ante la percepción de un mayor riesgo de inflación”, resumen el último informe publicado Amundi Investment Institute sobre lo visto esta semana.
Paul Dalton, director de Inversiones para Renta Variable de Federated Hermes, va un paso más allá y considera que, una vez más, el mercado entra en un periodo de turbulencia: “La aversión al riesgo por parte de los inversores ha sido, en el mejor de los casos, frágil este año, y la forma en que los precios de las acciones han tendido a caer más bruscamente de lo que suben durante la temporada de resultados indica una inquietud subyacente. La volatilidad en el oro, las criptomonedas y las acciones de software refleja este sentimiento. Los inversores serán implacables ante una perturbación geopolítica significativa y esperamos una mentalidad de ‘vender primero, hacer preguntas después’”.
En la piel del inversor
Está claro que se trata de una situación que evoluciona rápidamente con una amplia gama de posibles resultados e implicaciones difíciles de predecir para la economía global y los mercados financieros. Los inversores consideran que las principales incertidumbres de cara al mercado siguen siendo el futuro del régimen iraní, la duración del conflicto y el grado en que podría escalar. ¿Qué pueden hacer?
A corto plazo, el mensaje es claro desde las firmas de inversión: se recomienda mantener la cautela hasta que haya mayor visibilidad sobre la intensidad y la duración del conflicto. En cambio, a largo plazo, nos enfrentamos a una mayor diversidad de opiniones, desde los más optimistas que piensa que será un conflicto rápido hasta lo más negativos, que esterán una mayor escalada. “Mientras tanto, no debe subestimarse la capacidad de los inversores para recuperar el apetito por el riesgo tras las crisis anteriores, lo que a menudo contribuye a la recuperación de los mercados bursátiles y los activos de riesgo tan pronto como se estabilizan las condiciones”, apunta François Duhen, director de investigación global de CIC CIB, y Jean-Louis Delhay, director de inversiones de Crédit Mutuel AM.
Según Shah, la historia demuestra que no es recomendable realizar cambios drásticos en los portafolios ante eventos geopolíticos. “Las carteras deben mantenerse posicionados para el crecimiento global, con diversificación y exposición a activos que tienden a comportarse mejor en entornos de mayor aversión al riesgo, como el oro y activos de alta calidad. Sectores como defensa y aeroespacial también pueden mitigar riesgos. En un entorno global cada vez más fragmentado y volátil, la diversificación disciplinada sigue siendo una de las herramientas más eficaces para navegar la incertidumbre sin perder de vista los objetivos de largo plazo”, propone.
Por último, aunque ante una guerra es el conjunto de la humanidad la que pierde, en términos de oportunidades de inversión se pueden identificar ganadores. Según Dalto, a corto plazo, las exposiciones al petróleo y al sector de defensa son los beneficiarios evidentes, junto con activos de mayor calidad defensiva. “Las acciones relacionadas con el oro se han mantenido, mientras que las de los valores ligados a viajes y turismo están sufriendo. Todas estas son reacciones tempranas ante un conflicto que puede durar semanas o meses”, añade. Según su visión, si este conflicto es efímero, como ha ocurrido con la mayoría de los estallidos geopolíticos recientes, este movimiento bajista presenta oportunidades a los inversores a largo plazo.




Por Alicia Miguel Serrano