En las previsiones de las gestoras internacionales de cara al segundo semestre del año la palabra geopolítica se repetía con insistencia, y con razón. Lo ocurrido durante las últimas dos semanas en términos de conflictos bélicos y política comercial son un claro ejemplo de que la geopolítica será un factor a tener en cuenta.
De hecho, la semana acabó con los mercados financieros globales cerrando una jornada marcada por una intensa volatilidad geopolítica y macroeconómica, impulsada por la escalada del conflicto en Oriente Medio, los continuos enfrentamientos y ataques en el Mar Rojo y el estrecho de Ormuz, y los renovados temores sobre el suministro energético que mantienen al petróleo rondando niveles elevados, a pesar de que los precios del crudo registraron un respiro temporal con el WTI cayendo hacia los 88 dólares y el Brent cediendo hasta los 91 dólares.
Este escenario de tensiones se vio complementado por el anuncio de la administración de Donald Trump sobre nuevos aranceles globales de entre el 10% y el 12,5% aplicados a 60 socios comerciales, lo que reaviva las fricciones comerciales, mientras que en el frente de deuda el rendimiento del Tesoro estadounidense a 30 años se disparó hasta el 5,19%, su nivel más alto en 19 años, elevando los costos de financiamiento global y tensionando a las economías.
«Aunque los próximos anuncios de política comercial podrían generar volatilidad puntual, no esperamos un aumento significativo en la tasa arancelaria efectiva de Estados Unidos, y prevemos un impacto limitado en el mercado en general dentro de nuestro escenario base. El crecimiento de los beneficios empresariales sigue siendo el principal motor de las acciones globales, mientras que se espera que los rendimientos de los bonos retrocedan gradualmente a medida que se alivien las presiones inflacionarias”, señala Mark Haefele, director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management.
¿Hacia dónde vamos?
En opinión de Laura Torres, directora de Inversiones IMB Capital Quants,la jornada del viernes reflejó un punto de inflexión donde los mercados están comenzando a descontar de forma simultánea el coste real de un choque energético prolongado y una política monetaria restrictiva anclada en tasas de largo plazo históricamente altas.
“Los intentos de buscar rutas comerciales alternativas como la proyectada ola de endeudamiento de los países del golfo para sortear el estrecho de Ormuz, el aparente apoyo de China y la volatilidad intermitente del crudo demuestran que la geopolítica es actualmente el principal fuerte de la economía global. De cara a los próximos días, la atención de los inversores se mantendrá hiperactiva ante cualquier señal de escalada bélica o intervención militar en Oriente Medio y la respuesta de los bancos centrales, por lo que el sesgo de los mercados seguirá siendo defensivo, priorizando la liquidez y castigando los múltiplos excesivos en tecnología ante el temor de una estanflación inducida por la energía”, explica la experta.
Las gestoras miran hacia delante y destacan que seguimos ante una brillante temporada de resultados. Según la visión de Darrell Spence, economista de Capital Group, el crecimiento de la economía mundial está acusando la presión derivada del conflicto en Oriente Próximo, el aumento de los precios del petróleo y las disputas comerciales. Sin embargo, considera que hay un factor capaz de contrarrestar con creces estas presiones: la inversión relacionada con la inteligencia artificial.
“El auge de la inteligencia artificial es tan fuerte que, incluso en un escenario de actividad cero en el resto de los sectores, el crecimiento económico se mantendría en terreno positivo, sobre todo en Estados Unidos. Sigo siendo más bien prudente en lo que respecta a las perspectivas de crecimiento de la economía estadounidense, pero es posible que el PIB se mantenga muy por encima de lo esperado, en torno al 2,5% o incluso más. Así es cómo la carrera por la inteligencia artificial está eclipsando al resto de las áreas de la economía”, afirma.
Según su visión, mucho dependerá de la estabilización en Oriente Próximo, del aumento de las presiones inflacionistas, del deterioro de los fundamentales de consumo y de si el auge de la inteligencia artificial mantiene su impulso o acaba perdiendo fuerza. “La economía se encuentra sometida a fuerzas contrapuestas, y podría pasar algún tiempo antes de que una de ellas acabe imponiéndose con claridad”, matiza.



