Al igual que el junco, planta valorada por la flexibilidad de su tallo, el lema que ha guiado al equipo de economistas de Allianz Global Investors este año ha sido “se dobla, pero no se rompe”, en referencia a la resiliencia que está mostrando la economía global ante las oleadas de shocks geopolíticos que hemos experimentado desde el inicio de 2026. Así lo explica a Funds Society Christian Schulz, economista jefe de la firma alemana: “Hemos tenido una serie de shocks que han tenido un impacto negativo sobre el crecimiento. Algunos han tenido impacto positivo sobre la inflación, pero en la actualidad esto ya no es algo bueno. Y, aun así, la economía global está aguantando, y también la europea”.
En el marco de un encuentro con medios europeos en la sede central de Allianz GI en Fráncfort, Schulz actualiza la visión macro de la firma y cómo la están traduciendo en tomas de decisiones en el marco de una gestión activa. “Estamos diciéndole a inversores y gestores que no se pongan súper negativos tras cada shock vivido, que tengan algo de confianza en que la economía se puede ajustar y recuperar. Pero, al mismo tiempo, no estamos en un momento de exuberancia, sino en un contexto en el que queremos ser cautamente constructivos o neutrales”, resume.
¿Cuál es el principal factor macroeconómico que sustenta la idea de que la gestión activa está en mejores condiciones en el entorno actual?
Analizamos las principales variables macroeconómicas para elaborar nuestras previsiones y trasladarlas a recomendaciones de inversión para los gestores de cartera. Para ello utilizamos una matriz que combina dos ejes: crecimiento (al alza o a la baja) e inflación (al alza o a la baja), de la que resultan cuatro escenarios.
El primero es el de reflación o expansión, caracterizado por un crecimiento sólido y una inflación elevada. Consideramos que actualmente nos encontramos en este escenario gracias a la reapertura del estrecho de Ormuz. Esta circunstancia ha reducido las presiones inflacionistas y ha impulsado el crecimiento, aunque la inflación sigue situándose por encima del objetivo de los bancos centrales.
El segundo escenario es el denominado Goldilocks, con crecimiento elevado e inflación baja, tradicionalmente muy favorable para los activos de riesgo.
El tercero corresponde a un entorno de baja inflación y bajo crecimiento, asociado a la deflación o la recesión.
Por último, está la estanflación, con crecimiento débil e inflación elevada, una situación en la que estuvimos durante buena parte de la primavera debido al conflicto con Irán.
Cada uno de estos escenarios condiciona el comportamiento de las distintas clases de activos. La renta variable suele ofrecer buenos resultados tanto en un entorno de reflación como en uno Goldilocks; la renta fija tiende a comportarse mejor en escenarios de recesión o Goldilocks; mientras que las materias primas suelen beneficiarse de una inflación elevada.
Nuestro trabajo como economistas consiste en identificar en qué punto de esta matriz creemos que se situará la economía. Esa visión permite a los gestores adoptar decisiones activas que aporten valor, ya sea aprovechando oportunidades de rentabilidad o evitando verse arrastrados por correcciones del mercado.
¿Cuáles son sus previsiones para el resto del año en materia de inflación y geopolítica?
La inflación seguirá siendo uno de los principales focos de atención. A comienzos de año, al menos en Europa, se situaba en torno al objetivo o incluso por debajo, lo que apuntaba a un escenario Goldilocks. Posteriormente, la guerra con Irán provocó un fuerte encarecimiento de la energía que elevó la inflación. Ahora ese impacto se está moderando gracias al acuerdo alcanzado, pero no hemos vuelto al punto de partida; los precios de la energía continúan siendo superiores a los anteriores al conflicto, ya que persisten las dudas sobre la solidez del acuerdo y las reservas de petróleo deben reponerse, lo que mantiene la demanda elevada.
Además, empiezan a aparecer otras fuentes de presión inflacionista, como los alimentos. Aunque en Europa todavía es un fenómeno limitado, a escala mundial preocupa el impacto del fenómeno de El Súper Niño sobre las cosechas, especialmente en los mercados emergentes.
Creemos que la inflación permanecerá por encima de los objetivos durante algún tiempo, por lo que las bajadas de tipos han dejado de ser el escenario central en la mayoría de las economías. No esperamos fuertes subidas, aunque ya hemos visto algunos incrementos en Europa y, aunque no es nuestro escenario base, tampoco pueden descartarse en Estados Unidos.
En el ámbito geopolítico, la incertidumbre seguirá presente. Aunque el conflicto con Irán no se reanude, de cara a las elecciones legislativas estadounidenses no puede descartarse la aparición de nuevas tensiones impulsadas desde Washington, ya sea en Cuba u otras regiones. El riesgo geopolítico se ha convertido en un elemento estructural de la economía mundial.
¿Cuál es su visión sobre la inteligencia artificial?
El auge de la inteligencia artificial constituye un tipo de perturbación diferente: no es un shock de oferta, sino de demanda. La fuerte demanda de semiconductores está encareciendo incluso algunos productos de electrónica de consumo. A ello se suman las fuertes inversiones en centros de datos, software y contratación de ingenieros y especialistas en inteligencia artificial.
Todo ello impulsa tanto el crecimiento como los precios, generando un entorno de reflación favorable para la renta variable, aunque menos positivo para la renta fija. La financiación de estas inversiones incrementa la oferta de deuda, tanto en los mercados públicos como privados, ejerciendo presión al alza sobre los tipos de interés.
A largo plazo, creemos que esta tecnología mejorará la productividad y favorecerá un entorno más parecido al escenario Goldilocks, con crecimiento sólido e inflación contenida.
¿Qué otros factores están vigilando especialmente?
Uno de ellos es la independencia de los bancos centrales. A principios de año existía preocupación por el grado de autonomía que mantendría la Reserva Federal mientras Donald Trump elegía a su nuevo presidente. Sin embargo, el nombramiento de Kevin Warsh ha sido muy positivo y su primera rueda de prensa resultó convincente, lo que ha reducido esas inquietudes.
No obstante, la Reserva Federal no es el único banco central sometido a presión política. En Japón existe la expectativa de que el Banco de Japón contribuya a la estrategia del Gobierno para impulsar el crecimiento mediante un importante estímulo fiscal acompañado de una política monetaria acomodaticia que permita una inflación algo más elevada.
En cambio, hay regiones donde la independencia parece mucho más sólida. En mi opinión, el Banco Central Europeo es actualmente la institución monetaria más independiente, algo que puede apreciarse en su respuesta al reciente repunte de los precios, más decidida que la de otros bancos centrales, que han actuado con mayor cautela.
¿Cuál es su visión sobre el dólar?
La desdolarización es otro de los temas relevantes, aunque en estos momentos ha perdido protagonismo porque los mercados se han adaptado al estilo negociador del presidente de Estados Unidos: lanzar amenazas para, finalmente, alcanzar acuerdos. Como consecuencia, se han moderado los temores sobre un deterioro significativo tanto de la economía estadounidense como de la economía mundial.
Estados Unidos se beneficia además de varios factores de apoyo. Es exportador neto de energía, por lo que unos precios elevados le favorecen. También lidera el desarrollo de la IA, lo que atrae inversiones y respalda al dólar. A ello se suma una Fed que parece haber recuperado plenamente su compromiso con la estabilidad de precios.
Sin embargo, persisten importantes elementos negativos. El sistema político continúa muy bloqueado y no existen avances para reducir un déficit público extraordinariamente elevado. La deuda pública podría superar la de Italia en la próxima década y, según S&P, solo Japón presentaría entonces un mayor nivel de endeudamiento. Además, el déficit por cuenta corriente sigue aumentando, lo que mantiene el conocido problema de los déficits gemelos. A ello se añaden las dudas que todavía pueden surgir sobre la independencia de la Fed.
Por todo ello, mantenemos una visión estructuralmente negativa sobre el dólar, aunque a corto plazo nuestra postura es más neutral e incluso moderadamente constructiva.



