SpainNAB publica hoy el informe “Diagnóstico sectorial de prácticas de medición y gestión del impacto en fondos españoles”, donde analiza los marcos de evaluación y gestión de la inversión de impacto en España, poniendo de manifiesto los avances y retos del sector hacia la convergencia metodológica.
El estudio, elaborado junto a Management Solutions, pone de manifiesto que la red española de inversión de impacto avanza hacia una mayor convergencia en el uso de marcos comunes, aunque persisten diferencias relevantes en su aplicación práctica, especialmente en ámbitos como la definición de indicadores, los modelos de gobernanza, la verificación del impacto o la medición de la adicionalidad. El informe se basa en el estudio de 12 entidades de referencia del sector − Creas, Ship2B Ventures, GAWA Capital, Mago Equity, GSII, Suma Capital, Impact Bridge, Q-Impact, Zubi Capital, Fundación Repsol, COFIDES (FIS) y Fondo Bolsa Social − a través de cuestionarios estructurados, entrevistas en profundidad y revisión documental.
La jornada de presentación del jueves, 30 de abril, será inaugurada por Mercedes Valcárcel, directora general de SpainNAB, y contará con la presentación técnica de los hallazgos por parte de Soledad Díaz, partner en Management Solutions. Por su parte, Carlos Ballesteros, director de la Cátedra de Impacto Social de Universidad de Comillas, moderará una mesa redonda donde María Cruz Conde (GSI), José Moncada (Fondo Bolsa Social) y Carlos González (Suma Capital), compartirán su visión sobre la realidad actual de la medición de impacto.
Este análisis llega en un contexto de creciente consolidación del sector, en el que la medición del impacto se ha convertido en un elemento fundamental para la toma de decisiones, la rendición de cuentas y la canalización de capital hacia iniciativas con impacto social y medioambiental. El informe señala la necesidad de avanzar hacia una mayor armonización que facilite la comparabilidad entre fondos sin perder la especificidad de cada cartera, proponiendo para ello un lenguaje común de indicadores y modelos de reporting adaptados. Los hallazgos reflejan un sector en proceso de maduración, en el que la consolidación de prácticas más homogéneas será clave para reforzar la transparencia, la credibilidad y el crecimiento de la inversión de impacto en los próximos años.
Convergencias y desafíos
El estudio identifica una convergencia en el uso de marcos como IMP, OPIM o IRIS+, aunque con diferencias en su operativización. Los fondos tienden a definir indicadores con un enfoque pragmático, priorizando la materialidad y la capacidad de medición, si bien difieren en la combinación de estándares y métricas propias.
En términos de gobernanza, se observan modelos diversos, desde estructuras internas hasta esquemas que incorporan expertos independientes. Mientras, la verificación del impacto presenta distintos niveles de profundidad y frecuencia, mientras que la adicionalidad se evalúa de forma generalizada − principalmente desde un enfoque cualitativo − y la atribución cuantitativa sigue siendo menos habitual.
El informe propone la creación de un “diccionario de familias” que funcione como estándar del sector, junto con un modelo de reporting en capas que facilite la comparabilidad. Este enfoque permitiría mejorar la transparencia y la coherencia del sector sin necesidad de modificar los sistemas internos de medición, sino mediante su adaptación a un marco común.
El objetivo del estudio es evaluar métodos, métricas y su integración en la gestión, con el fin de elaborar un diagnóstico sectorial sobre el grado de armonización de las prácticas. Los resultados, agregados y anonimizados, deben interpretarse con proporcionalidad, al basarse principalmente en información autodeclarada contrastada mediante entrevistas y documentación de soporte cuando ha estado disponible.
Mercedes Valcárcel, directora general de SpainNAB: “Estamos ante un sector que ya ha dado pasos firmes, y tiene ante sí el reto de consolidar estándares que faciliten la comparabilidad y la confianza entre inversores. La armonización de prácticas no implica homogeneizar el sector, sino dotarlo de un lenguaje común que permita crecer con mayor transparencia y solidez”.



