En 130 años se escribe mucha historia. Y en el caso de fundación Protectora de la Infancia, esa narración es una de crecimiento, de una iniciativa filantrópica inspirada por el espíritu Rerum Novarum a una red de protección y educación que trabaja en siete regiones de Chile.
La Protectora es la fundación dedicada a la infancia más antigua del país andino. Nació en el Chile de 1894, un país muy distinto al de hoy. Celebrando su tercer año después de la guerra civil de 1891 y a una década del fin de la Guerra del Pacífico, e inaugurando su régimen parlamentario, la elite estaba dividida por el giro social que tomó la iglesia católica con la encíclica Rerum Novarum. Este documento –la primera encíclica social e iniciativa del papa León XIII– tenía escépticos y defensores en las altas esferas políticas chilenas de la época, según distintos registros.
Inspiradas por este llamado a poner la “cuestión social” al centro, ocho mujeres empezaron a acoger a niños sin abrigo ni alimentos en la calle Matucana, en el corazón de la ciudad de Santiago. Ese esfuerzo fue articulándose con el paso del tiempo, convirtiéndose en la fundación Protectora de la Infancia.
“Desde entonces no hemos cambiado de misión: proteger, educar y abrir futuro donde más se necesita, con estándares que han ido subiendo a la par de las necesidades de las comunidades”, comenta a Funds Society la gerente de Marketing y Comunicaciones de la entidad, Catalina Fleischmann.
Y ese espíritu ha llevado a la fundación a expandir su alcance significativamente. Según sus registros, actualmente acompañan a cerca de 10.000 niñas, niños, adolescentes y sus familias, en siete regiones, las que se encuentran entre Valparaíso y La Araucanía.
La fundación nació en Chile en 1894, cuando ocho mujeres empezaron a acoger a niños sin abrigo ni alimentos en la calle Matucana, en el corazón de la ciudad de Santiago
Según destaca la ejecutiva, la red educativa de la Protectora incluye cinco colegios y ocho jardines infantiles y salas cunas. Por su parte, su red social cuenta con cinco residencias y 27 programas. Esto incluye 20 programas AFT-PF, un acompañamiento terapéutico que entra a la casa y al barrio para cortar ciclos de violencia y fortalecer la crianza; y dos PRI, dispositivos ambulatorios de reparación para víctimas de vulneraciones graves con enfoque de trauma informada. En el corazón de esta red está el Campus Puente Alto, un complejo con cuatro colegios, dos jardines y dos residencias en un predio de 20 hectáreas.
“La principal foto de nuestras cifras es cuando logramos cambiar la trayectoria de vida de un niño”, recalca Fleischmann, agregando que, en los últimos 130 años, la fundación pasó “de un albergue a una red social y educativa con presencia nacional”.
Apoyo integral para niños vulnerables
“En nuestros inicios cubríamos necesidades tan básicas como alimentos y techo, hoy entregamos una atención integral que incluye protección y educación”, comenta la vocera de la Protectora. En ese sentido, destaca que se dedican a entregar “oportunidades reales para que el origen de cada niño no condicione su futuro”.
En su sede central de Puente Alto, el profesional destaca que el último SIMCE (Sistema de Medición de Calidad Educativa, una prueba periódica que toman los escolares en Chile) arrojó mejoras en los resultados. Los colegios de educación básica subieron 27 puntos –muy por sobre el promedio del país, recalca– y cuatro de sus directoras han sido reconocidas por su liderazgo en los Premios LED 2025. A esto se suma que instalaron mediciones sistemáticas de fluidez lectora y cálculo mental, las que muestran mejoras sostenidas año a año. “Estamos convencidos que cuando llegamos a los territorios vulnerables, llegamos para transformar trayectorias de vida y así tejer y construir una sociedad cohesionada”, asegura Fleischmann.
La red educativa de la Protectora incluye cinco colegios y ocho jardines infantiles y salas cunas, mientras que su red social cuenta con cinco residencias y 27 programas
Las líneas de trabajo de la fundación se anclan en la protección especializada y la educación. En la rama de protección, operan residencias de atención integral para niños y adolescentes con medidas judiciales, desarrollando programas AFT-PF y PRI. En educación, sus colegios y jardines infantiles “ponen el acento en la asistencia sostenida y apoyo socioemocional, articulando escuela, salud y familia para que los avances se mantengan en el tiempo”, explica la profesional. En esa línea, el foco siempre está puesto en alcanzar a los niños y familias con altos índices de vulnerabilidad social.
Las prioridades por delante
Las prioridades del momento en la Protectora de la Infancia siguen ancladas en esas dos verticales.
En la arista de esfuerzos de prevención, el norte es que los niños no tengan que llegar a una residencia de protección. “Eso significa escalar AFT-PF, detectar a tiempo desde jardines y colegios, y asegurar apoyos de salud mental y vínculos familiares”, en palabras de su vocera. Y, en paralelo, están fortaleciendo estándares en sus residencias –con equipos estables y enfoque clínico–, para acelerar los egresos seguros a familia de origen o acogida.
En esa línea, la prioridad estratégica para el área de protección es cerrar la brecha de financiamiento para poder operar con altos estándares y fortalecer sus equipos clínicos y familiares en AFT-PF y PRI. Esto requiere un aporte privado adicional a sus otras líneas de financiamiento, de 910.000 pesos chilenos (unos 970 dólares) por niño al mes, además de coordinación territorial real con salud, tribunales y municipios.
“Necesitamos urgentemente fortalecer nuestro modelo de sostenibilidad financiera. En este sentido, requerimos de alianzas robustas y de largo plazo con empresas y filántropos”
En el frente educativo, la Protectora apunta a seguir mejorando su oferta de programas, para impactar las vidas de los niños de la mejor manera posible. “En este sentido, queremos seguir midiendo nuestros logros, pero también medir las brechas donde tenemos margen de mejora”, explica Fleischmann.
El desafío, explica, es sostener y seguir mejorando sus indicadores, consolidando el alza en los resultados SIMCE, profundizar en las áreas de lectura y matemáticas, con monitoreo trimestral, y mantener asistencia escolar sobre el 90% como piso de justicia educativa.
“En términos de recursos, necesitamos urgentemente fortalecer nuestro modelo de sostenibilidad financiera. En este sentido, requerimos de alianzas robustas y de largo plazo con empresas y filántropos”, concluye Fleischmann.
Cómo apoyar el trabajo de la Protectora de la Infancia
Cualquier persona u organización puede apoyar el trabajo de la Protectora de la Infancia, que lleva más de 130 años entregando apoyo a los niños y niñas de Chile.
Para esto, hay distintas modalidades. Las personas pueden hacerse socias o donar de manera única o mensual, ofrecer voluntariado o aportar en especie. En el caso de las empresas, pueden establecer alianzas de largo plazo, fi nanciar estándares en residencias, activar voluntariados profesionales o becas y/o sumar campañas con aporte equivalente.
Además, la Protectora también busca aliados técnicos, que participen pro-bono en temas de salud mental, jurídico, comunicaciones y datos, para los interesados en aportar sus habilidades.
El punto de partida para quienes deseen apoyar el trabajo de la fundación es su página web, protectora.cl. Desde ahí, destacan desde la organización, la fundación puede diseñar apoyos a medida según cada programa.
“Necesitamos a un país comprometido con la infancia. Nosotros garantizamos programas e intervenciones de calidad, pero no podemos solos con ésta tarea”, es el llamado de Catalina Fleischmann, gerente de Marketing y Comunicaciones de la Protectora de la Infancia.




