La escena geopolítica ha experimentado una transformación significativa en los últimos años, en los que el multilateralismo y la cooperación internacional han cedido el paso a un mundo más fragmentado. En este nuevo entorno, la soberanía y la resiliencia doméstica se han convertido en elementos clave de las agendas políticas nacionales. Así lo creen Fadi Berbari, gestor senior y Chiara Martinello, Investment Specialist for the Global Multi-strategy – Euro Aggregate & SRI team de de BNP Paribas Asset Management. Ambos ofrecen las claves para sacar partido a los proyectos de autonomía estratégica en Europa desde la óptica de la renta fija.
Los expertos explican que este desarrollo es especialmente patente en Europa, que debe permanecer competitiva y respaldar su “modelo social” basado en crear prosperidad y brindar protección y oportunidades a sus ciudadanos. La región está tratando de fomentar el crecimiento de su economía reduciendo su dependencia de otros países y protegiéndose frente a amenazas globales y conmociones externas. Con este fin, invierte de manera significativa en áreas como la defensa, la infraestructura y la tecnología, y mejora su resiliencia en los sectores energético, industrial, alimentario y sanitario. Ambos recuerdan que las autoridades de la UE y de países individuales «están destinando sumas sin precedentes a estos objetivos, lo cual presenta oportunidades potencialmente atractivas para los inversores en renta fija».
Nuevas rondas de financiación
En base a sus estimaciones, Europa tiene previsto asignar más de 1,5 billones de euros en inversiones de aquí a 2035 para reforzar su autonomía. Este fuerte volumen de financiación abarca programas como el plan de defensa Preparación 2030 de la Comisión Europea, el fondo de infraestructura alemán de 500.000 millones de euros, la Ley Europea de Chips (que se propone doblar la cuota europea en fabricación de semiconductores) y la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales (dirigida a asegurar el acceso y un suministro sostenible de materias primas).
Estos y otros programas se financiarán en parte mediante la emisión de bonos por parte de agencias gubernamentales, organismos supranacionales y empresas, lo cual «abre nuevas oportunidades para los inversores en deuda y les ofrece potencial de diversificación por emisores y vencimientos».
Además, el mayor gasto público en sectores estratégicos podría impulsar la solvencia de los emisores a través de flujos de caja estables, carteras de pedidos repletas y marcos regulatorios favorables.
Resiliencia europea
En opinión de Berbari y Martinello, el pilar más importante de la autonomía estratégica europea es la resiliencia de su infraestructura, sobre todo en los ámbitos digital, energético y de comunicaciones. Si el suministro de un servicio o producto procede de un solo proveedor y tiene un único punto de entrada, podría ser objeto de interrupciones. Una Europa autónoma y más resiliente optará por múltiples fuentes y puntos de entrada dentro de una red europea interconectada.
De esta manera, las inversiones en infraestructura son fundamentales para los objetivos estratégicos de la región. Todo apunta a que tales proyectos «se beneficiarán de flujos de caja estables y a menudo regulados, respaldados por financiación pública y compromisos a largo plazo de las autoridades», según vaticinan los expertos.
Asimismo, admiten que el continente ya es un importante productor y exportador agrícola, pero «no puede ignorar los peligros que plantean los fenómenos meteorológicos extremos y la disrupción geopolítica sobre la seguridad alimentaria». Junto a la Política Agrícola Común de la UE, dirigida principalmente a reforzar la seguridad alimentaria, elevar la competitividad y fomentar la sostenibilidad, existen políticas específicas como el Plan de Acción sobre Fertilizantes1, cuyo objetivo es reducir la contaminación en Europa y disminuir la dependencia de importaciones2.
Sectores clave con potencial de beneficiarse
La defensa es uno los elementos principales del objetivo de autonomía estratégica en Europa. Se prevé que el gasto militar alcanzará el 2,5% del PIB europeo (un aumento de 0,6 puntos porcentuales en dos años) y superará el objetivo previo de la OTAN del 2% del PIB en más de tres cuartos de los Estados miembros de la UE3.
Las empresas dedicadas a la fabricación de material de defensa y sectores afines podrían beneficiarse de contratos gubernamentales a largo plazo y de respaldo estratégico, lo cual «podría propiciar un entorno de crédito más predecible».
La independencia energética y la seguridad de los recursos también presentan oportunidades potenciales. Políticas europeas como REPowerEU (una hoja de ruta para eliminar por completo la dependencia de la región de la energía rusa) y la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales se proponen diversificar las fuentes de suministro y desarrollar capacidades domésticas de renovables, minerales esenciales e infraestructura energética.
Así, «los bonos emitidos por empresas implicadas en energía solar y eólica, el almacenamiento de energía y el procesamiento de materias primas podrían beneficiarse de estas políticas y de un entorno de costes a la baja y de creciente demanda», apuntan Berbari y Martinello.
La tecnología es otro pilar esencial de la autonomía estratégica de Europa, a juicio de los expertos, y el «hilo conductor que recorre sectores como las redes eléctricas, las aplicaciones militares, las comunicaciones, la inteligencia artificial (IA) y la ciberseguridad».
La Ley CHIPS se propone elevar la competitividad del bloque y reducir el riesgo de interrupciones en las cadenas de suministro, mientras que Europa también invierte mucho en centros de datos y gigafábricas.
Al mismo tiempo, los expertos apuntan que la necesidad de las grandes tecnológicas de financiar su gasto en bienes de equipo en IA las ha llevado a elevar sus emisiones de deuda hasta niveles sin precedentes, y «muchas de ellas están acudiendo a mercados fuera de los EE. UU. para captar capital».
Un enfoque matizado
Mientras la Comisión Europea persigue la autonomía para el bloque en su conjunto, los países miembros descubren las ventajas de colaborar en diversos ámbitos. Berbari y Martinello ponen como ejemplo los recientes incendios forestales en Francia y España como ejemplo de esta cooperación en el seno de la UE: países de toda la región, desde Alemania y Portugal hasta Eslovaquia y Croacia, ayudaron a combatirlos y a respaldar la evacuación de ciudadanos.
«También se están poniendo en marcha proyectos de infraestructura transfronterizos, empresas conjuntas e iniciativas de transferencia de tecnología, lo cual contribuye a dispersar los riesgos geopolíticos y a fomentar la resiliencia», comentan y añaden que para los inversores en renta fija, «los bonos emitidos por compañías o entidades implicadas en tales colaboraciones podrían ofrecer ventajas de diversificación y exposición a nuevas áreas de crecimiento».
En este punto, concluyen que en un entorno de tensiones geopolíticas constantes y rápido cambio tecnológico, «los inversores en deuda deben adoptar un enfoque matizado», ya que «las empresas y sectores que reciben ayudas públicas podrían ser objeto de un mayor escrutinio y ser vulnerables a cambios de política o a reasignaciones presupuestarias, lo cual introduce un elemento de riesgo crediticio». Por ello, Berbari y Martinello creen que aplicar un enfoque fundamental de tipo bottom-up combinado con un análisis de crédito riguroso, planificación basada en escenarios y pruebas de estrés (stress testing) es esencial para navegar la incertidumbre.
[1] Fondos de la PAC – Agricultura y desarrollo rural – Comisión Europea
[3] Readiness 2030: one year after its announcement, the European rearmament plan is on track.
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