En Chile hay tres letras que pueden valer más que muchos consejos de inversión y que casi nadie conoce: MLT, el Mandato de Liquidación y Traspaso. Detrás de esa sigla está una de las herramientas tributarias más potentes que tiene hoy el inversionista chileno: La posibilidad de cambiar de fondo mutuo postergando el pago de impuestos, lo que mejora inmediatamente la rentabilidad percibida por los inversionistas, ya que ésta no solo depende del desempeño de los mercados, sino que también del pago de impuestos asociado a esos retornos.
El artículo 108 de la Ley de Impuesto a la Renta establece que la ganancia obtenida al rescatar cuotas de un fondo mutuo es renta y paga impuestos. Hasta ahí, nada nuevo. Pero el mismo artículo agrega una excepción: si el inversionista liquida sus cuotas para reinvertir ese dinero en otro fondo mutuo, esa operación no se considera rescate. No hay ganancia realizada y no hay impuesto que pagar. La condición es que el dinero nunca pase por las manos del inversionista y que el traspaso se instruya mediante un mandato formal a la administradora. Ese mandato es el MLT.
La consecuencia es enorme. Un inversionista puede moverse de un fondo conservador a uno más agresivo, cambiar de estrategia, rebalancear su cartera o incluso cambiarse de administradora, postergando el pago de impuestos, el que recién se pagará cuando el dinero salga definitivamente del mundo de los fondos mutuos.
Para una persona ordenada, con un plan financiero de largo plazo, esa pausa puede durar décadas. En la práctica, puede ser casi una postergación indefinida. Y postergar impuestos no es un detalle técnico. Es plata que sigue trabajando y generando rentabilidad, en lugar de irse al Fisco a mitad de camino. El interés compuesto hace el resto.
Dicho de otra forma, un fondo mutuo invertido a través de MLT no es el mismo producto que un fondo mutuo rescatado y vuelto a comprar. Es un vehículo de inversión con un beneficio tributario que pocas alternativas pueden igualar.
¿Por qué entonces casi nadie lo usa? La respuesta es incómoda, pero simple. Para las administradoras, un MLT es trabajo operativo adicional: formularios, validaciones, coordinación con otras instituciones y trazabilidad del costo tributario de cada cuota. Y no reciben un peso extra por hacerlo. Si además el cliente se lleva su dinero a otra administradora, el incentivo es aún menor. Por eso rara vez lo ofrecen. La opción por defecto sigue siendo el rescate, y el rescate gatilla impuestos.
El resultado es que solo un grupo reducido de inversionistas bien asesorados conoce el mecanismo y lo exige. El resto paga impuestos que podría haber postergado, simplemente porque nadie le contó que tenía otra alternativa.
Hasta hoy, el MLT tiene una frontera. Funciona entre fondos mutuos, pero no entre un fondo mutuo y un fondo de inversión. Para el inversionista, ambos son muy parecidos: un vehículo colectivo, administrado profesionalmente, con una estrategia definida. Para la ley, son empaquetamientos distintos. Por eso, si alguien quiere pasar de un fondo mutuo a un fondo de inversión, debe rescatar, reconocer la ganancia y pagar impuestos antes de reinvertir. Esa barrera limita las decisiones de inversión por razones puramente tributarias, justo cuando los fondos de inversión dan acceso a activos como deuda privada, inmobiliario o infraestructura, cada vez más relevantes en una cartera bien construida.
El proyecto de ley de mercado de capitales conocido como MK4 propone derribar esa frontera. Si se aprueba, el diferimiento del artículo 108 se extenderá a los fondos de inversión públicos. Un inversionista podrá moverse entre fondos mutuos y fondos de inversión sin gatillar impuestos, mientras el capital siga invertido. Es una buena noticia. Ordena el sistema en torno a lo que realmente importa, la decisión de inversión, y no la forma jurídica del vehículo.
Pero una buena ley no sirve de mucho si nadie la usa. El MLT lleva años disponible y sigue siendo desconocido para la gran mayoría. Si el MK4 amplía su alcance y la industria mantiene la misma pasividad, el beneficio volverá a quedar en manos de unos pocos.
Por eso el llamado es doble. A los inversionistas: antes de rescatar un fondo, pregunte si puede traspasar vía MLT. A la industria: ofrecer esta alternativa no es un favor, es parte de dar una buena asesoría. Porque tres letras, bien usadas, pueden marcar una gran diferencia en el patrimonio de una familia.




