La presencia de las mujeres en el universo de la inversión alternativos tiene un fuerte reto por delante si tenemos en cuenta que, actualmente, más del 86% del venture capital se invierte en equipos formados exclusivamente por hombres. En opinión de Maite Fibla, Co-founder & Managing Partner de Ship2B Ventures, estamos ante una auténtica brecha de género. Sobre cómo es la realidad de la presencia de las mujeres profesionales e inversoras en los mercados privados y cómo fomentar su presencia, hemos hablado con ella en esta entrevista
¿En qué medida existe una brecha de género en las inversiones en mercados privados?
En los mercados de capital podemos diferenciar entre quien recibe el capital, quien lo gestiona y quien lo posee. Y la brecha está en los tres lados de la mesa. Del lado de quien lo recibe, solo el 14% del capital riesgo global va a equipos fundadores con al menos una mujer, y apenas un 2% a equipos formados solo por mujeres. Del lado de quien lo gestiona, solo el 11% de las personas que toman decisiones de inversión en venture capital son mujeres. Y del lado de quien lo posee, aunque las mujeres ya controlan el 32% de la riqueza global y se espera que lleguen al 45% en 2030, la presencia de la mujer inversora en los mercados privados todavía es muy limitada. El capital y el talento existen, lo que falta es que lleguen a los mercados privados.
¿Cuáles cree que son los principales frenos que encuentran las mujeres?
Vemos tres frenos. El primero es de acceso. Los tickets mínimos de los fondos y de las rondas están pensados para inversores institucionales o grandes patrimonios, y muchas mujeres con capacidad inversora se quedan fuera. El segundo es de red. El dealflow, las oportunidades de inversión, circula por redes principalmente masculinas, y a quien no está en esas conversaciones le cuesta más identificarlas. Y, en tercer lugar, el freno es cultural, durante décadas se ha educado a las mujeres para proteger el patrimonio, no para ponerlo a trabajar, y el venture capital, con su iliquidez y su riesgo, se percibe como un terreno ajeno. Además, el venture capital tiene una peculiaridad: es una clase de activo que se aprende invirtiendo, en comunidad, y casi nadie les había abierto esa puerta.
¿Cómo se puede revertir esta realidad o acabar con estos frenos?
Creo que se puede revertir bajando el ticket mínimo, abriendo la red y aprendiendo juntos, mujeres y hombres. Vehículos que permitan entrar con importes asumibles, comunidades de inversores donde las mujeres tengan un rol activo y compartan dealflow y criterio de inversión, y espacios donde se hable de inversión con naturalidad.
Según vuestra experiencia, ¿cuál es la puerta de entrada para muchas de estas mujeres inversoras en el mercado privado? ¿Qué clase de activo o temática de inversión?
El impacto o, dicho de otro modo, la inversión con propósito y alineada con sus valores. Las mujeres inversoras, como cualquier inversor, buscan por supuesto rentabilidad financiera, pero al mismo tiempo quieren que sus inversiones estén alineadas con sus valores. Digamos que somos más exigentes. No nos conformamos con una de las dos cosas, queremos las dos. Por eso, las mujeres están empezando a entrar en el mercado privado cuando la inversión tiene un propósito claro, sin renunciar a la rentabilidad: salud, envejecimiento, clima, educación o igualdad de género. Muchas llegan desde la filantropía o desde su propia trayectoria profesional, y el venture capital de impacto les permite unir las dos cosas. Y entran mejor acompañadas, invirtiendo en comunidad con otras mujeres que ya lo han hecho.
De las tendencias que hemos hablado, ¿existe alguna diferencia entre lo que vemos en España y lo que vemos en Europa?
Las tendencias son las mismas, pero España parte de más atrás en madurez del ecosistema de venture capital y de impacto, y eso hace que el reto sea doble. La buena noticia es que aquí el movimiento está empezando a organizarse: redes de business angels femeninas que empiezan a mirar los mercados privados; family offices donde las mujeres asumen un rol más activo en la gobernanza y la toma de decisiones, lo que les lleva a replantear sus tesis de inversión.
¿Cómo puede cambiar esta realidad la iniciativa Anima?
Anima es una comunidad impulsada por Ship2B Ventures y formada por sus inversoras de impacto: mujeres inversoras (asset owners) con perfiles diversos, de family offices, alta dirección y emprendedoras de éxito. Su objetivo es transformar el venture capital desde dentro para hacerlo más inclusivo y orientado al impacto. Anima trabaja con cuatro palancas: la primera es la inversión femenina; la segunda palanca tiene que ver con a quién financiamos: queremos más fundadoras y cofundadoras con acceso a capital; la tercera con qué financiamos; y la cuarta es el activismo transformador.
¿Qué mujeres se han sumado a esta iniciativa?
Entre las inversoras de impacto de Anima están Blanca Ochoa, business angel y cofundadora de WA4STEAM; Pilar Riesco, alta directiva internacional y business angel; y Gemma Cernuda, miembro de un family offices y fundadora de Ellas Deciden. En palabras de Gemma: “Una perspectiva femenina en la forma de hacer negocios amplía el rango de comprensión, acción y creatividad… llevándonos a un mercado más inclusivo, auténtico, comprometido y sexy”.




Por Alicia Miguel Serrano