El carry trade latinoamericano, una de las operaciones que durante buena parte de 2026 ha favorecido a monedas como el peso mexicano, el real brasileño y el peso colombiano, comienza a entrar en una zona de mayor turbulencia.
El problema no es que los rendimientos de Latinoamérica hayan dejado de ser atractivos. El problema es que Estados Unidos está volviendo a pagar más por el dinero, y cada incremento en el rendimiento de los bonos del Tesoro reduce la ventaja relativa de las posiciones que requieren asumir riesgo cambiario y de mercado emergente.
La señal llegó con fuerza el lunes 14 de septiembre, cuando el rendimiento del Treasury estadounidense a 10 años superó brevemente 5%, mientras el mercado elevaba la atención sobre la inflación, el petróleo y la próxima decisión de la Reserva Federal. El rendimiento alcanzó alrededor de 5,01%, su nivel más alto desde 2023.
El movimiento es todavía más relevante porque ocurre mientras el Treasury a 30 años permanece por encima de 5,3%. La combinación significa que los inversionistas globales vuelven a disponer de un activo considerado de referencia, denominado en dólares, con un rendimiento que empieza a competir seriamente con parte del atractivo que durante años ofrecieron los mercados emergentes.
Para Latinoamérica, la consecuencia no es necesariamente una salida masiva de capitales. Es algo más gradual pero igualmente importante: el rendimiento que deben ofrecer los activos de la región para convencer al inversionista de permanecer en ellos puede comenzar a aumentar.
La primera lectura ante un incremento de los Treasuries suele ser la política monetaria estadounidense, si la inflación obliga a la Fed a mantener una postura restrictiva durante más tiempo, o incluso a considerar nuevos incrementos de tasas, el diferencial frente a Latinoamérica se reduce, pero esta vez existe una diferencia.
El aumento de los rendimientos largos estadounidenses no depende exclusivamente de la tasa de fondos federales. El mercado también está incorporando mayores necesidades de financiamiento del gobierno, una deuda federal superior a 40 billones de dólares, inflación todavía elevada y una prima por plazo más alta.
El lunes, Reuters destacó precisamente que el rendimiento del Treasury a 10 años estaba siendo impulsado por una combinación de petróleo más caro, preocupaciones inflacionarias y volatilidad en los mercados globales, eso cambia la dimensión del problema para los mercados emergentes.
Si los rendimientos estadounidenses aumentaran únicamente porque la Fed estuviera subiendo la tasa de referencia, el fenómeno podría revertirse cuando el ciclo monetario cambiara. Pero si una parte importante del incremento proviene de factores estructurales que afectan al mercado de deuda estadounidense, las tasas largas pueden permanecer elevadas incluso cuando la Fed deje de subir o eventualmente comience a recortar. Para los inversionistas latinoamericanos, esa distinción es fundamental.
El premio latinoamericano comienza a reducirse
El atractivo del carry trade puede explicarse de manera sencilla: el inversionista busca financiarse en una moneda con una tasa relativamente baja y colocar esos recursos en otra donde el rendimiento sea mayor. México, Brasil y Colombia se han convertido en destinos importantes de estas estrategias precisamente por sus elevados diferenciales de tasas.
Durante 2026, el carry trade ha encontrado apoyo en la baja volatilidad y en los altos rendimientos de monedas latinoamericanas. Distintos estrategas han señalado al peso mexicano, al real brasileño y al peso colombiano entre las monedas utilizadas en este tipo de operaciones; el problema aparece cuando la alternativa estadounidense comienza a ofrecer un rendimiento mayor.
La comparación que realiza un inversionista internacional no consiste simplemente en enfrentar la tasa mexicana contra la estadounidense. El cálculo real incorpora el rendimiento del Treasury, el diferencial de tasas, la expectativa de depreciación de la moneda, el costo de cobertura, la volatilidad y el riesgo específico del país.
Por eso, un Treasury a 5% no necesita pagar lo mismo que un bono mexicano a 9.5% para convertirse en un competidor relevante. Por ejemplo, el bono mexicano a 10 años cerró el 14 de septiembre alrededor de 9,52%, con un incremento de cinco puntos base en la sesión; sobre el papel, todavía existe una diferencia de casi 4,5 puntos porcentuales.
Pero ese diferencial puede cambiar rápidamente si el Treasury sigue subiendo mientras los bancos centrales latinoamericanos continúan reduciendo sus tasas. Y México representa precisamente uno de los casos más interesantes.
México: el doble movimiento que puede complicar al pesoLa economía mexicana enfrenta una situación particularmente delicada para el carry trade; por un lado, los rendimientos locales siguen siendo considerablemente superiores a los estadounidenses. Por otro, Banco de México se encuentra en un proceso de relajación monetaria, mientras el mercado observa con atención la trayectoria de las tasas estadounidenses, esto genera un posible efecto de pinza porque mientras Estados Unidos sube o mantiene elevadas sus tasas México baja las suyas, lo que significa que el diferencial se reduce desde ambos extremos.
El atractivo del peso no desaparece automáticamente, pero cada recorte de Banxico reduce una parte del premio que recibe el inversionista extranjero por mantener activos denominados en pesos, y si simultáneamente el Treasury ofrece más rendimiento, el capital tiene una alternativa cada vez más competitiva.
El mercado cambiario ya ha mostrado sensibilidad a esta dinámica. El fortalecimiento del dólar y el aumento de los rendimientos estadounidenses han reducido el atractivo relativo del carry en monedas latinoamericanas, mientras el peso ha figurado entre las divisas utilizadas en estas estrategias. Reuters señaló recientemente que el peso mexicano se encontraba entre las monedas afectadas por los movimientos que estaban alterando las operaciones de carry.
La verdadera amenaza está en el dólarExiste además un segundo mecanismo; el carry trade funciona mejor cuando las monedas receptoras de capital permanecen estables o se aprecian. Si el inversionista obtiene 8% o 10% de rendimiento en moneda local pero pierde 5% por una depreciación frente al dólar, buena parte de la ventaja desaparece.
Por eso, el rendimiento del bono estadounidense y el comportamiento del dólar forman parte de la misma ecuación. Una subida de los Treasuries puede atraer capital hacia Estados Unidos; si además fortalece al dólar, aumenta la presión sobre las monedas emergentes y hace más costoso mantener posiciones en ellas.
La experiencia reciente del yen ofrece una advertencia. Reuters señaló que el yen avanzó casi 5% durante septiembre frente a varias monedas utilizadas habitualmente en operaciones de carry, entre ellas el peso mexicano, y recordó que la volatilidad cambiaria puede superar rápidamente las ganancias derivadas de los diferenciales de tasas.
Pero no se trata de afirmar que el carry trade latinoamericano esté a punto de desmantelarse, sino de reconocer que la operación deja de ser tan cómoda cuando aumenta la volatilidad y disminuye el diferencial de rendimiento ajustado por riesgo.
Brasil tampoco está fuera del problemaBrasil presenta una situación distinta porque sus tasas continúan siendo extraordinariamente elevadas y el real ha sido uno de los principales beneficiarios de las estrategias de carry. El lunes 14 de septiembre, el dólar llegó a cotizar alrededor de 5,16 reales, en un mercado influido por las tensiones geopolíticas, el petróleo y las expectativas sobre las decisiones monetarias tanto de Brasil como de Estados Unidos.
Pero precisamente porque Brasil ofrece rendimientos elevados, también concentra una parte importante del interés de los inversionistas internacionales que buscan carry.
El dilema es que una operación de este tipo puede funcionar extraordinariamente bien mientras se mantienen tres condiciones: diferencial amplio de tasas, baja volatilidad y estabilidad cambiaria. Cuando una de ellas desaparece, el ajuste puede ser rápido y ahora las tres variables están comenzando a moverse.
El Treasury vuelve a competir por el ahorro mundialEl fenómeno puede tener consecuencias que van más allá del mercado cambiario; para los fondos de inversión, administradores de activos y family offices latinoamericanos, el aumento de los Treasuries vuelve a introducir una pregunta que durante varios años perdió importancia: ¿Cuánto riesgo adicional vale la pena asumir para obtener algunos puntos porcentuales más de rendimiento?
Un administrador que puede obtener alrededor de 5% en un Treasury estadounidense a 10 años debe comparar ese rendimiento con el que puede obtener en deuda mexicana, brasileña, colombiana o chilena, pero también con la volatilidad de cada moneda y con el riesgo de que los diferenciales de tasas continúen reduciéndose.
Eso puede modificar la asignación de activos; los fondos internacionales que durante meses privilegiaron deuda emergente pueden comenzar a exigir mayores rendimientos para conservar esas posiciones. Los fondos locales pueden enfrentar mayores costos de financiamiento. Y los gestores patrimoniales pueden volver a incrementar la exposición a activos denominados en dólares si consideran que la relación riesgo-rendimiento se ha vuelto más favorable, la competencia ya no es solamente entre México y Brasil, es Latinoamérica contra el Treasury por una parte del ahorro global.
La situación también coloca a los bancos centrales latinoamericanos ante una disyuntiva; si la inflación doméstica lo permite, necesitan reducir las tasas para estimular economías que muestran señales de desaceleración. Pero si reducen demasiado rápido mientras los rendimientos estadounidenses permanecen elevados, pueden reducir el atractivo de sus monedas y aumentar la presión cambiaria.
Una depreciación importante, a su vez, puede trasladarse a los precios de bienes importados y dificultar el proceso de desinflación, eso no significa que los bancos centrales de la región deban seguir automáticamente a la Fed, pero el mercado de bonos estadounidense vuelve a convertirse en una restricción externa más importante para la política monetaria latinoamericana, durante la era de tasas ultrabajas, esa restricción perdió buena parte de su fuerza y ahora está regresando.
Para los fondos, la oportunidad y el riesgo están en el mismo lugarEl escenario tampoco es exclusivamente negativo; las elevadas tasas latinoamericanas siguen ofreciendo una oportunidad considerable para los fondos de renta fija. Un bono mexicano a 10 años alrededor de 9,5% continúa ofreciendo un rendimiento nominal muy superior al Treasury a 10 años, el problema es determinar cuánto de ese rendimiento adicional compensa realmente los riesgos.
Para un fondo con horizonte largo y una visión favorable sobre el peso, el diferencial puede continuar siendo suficientemente atractivo, y para un inversionista que teme una depreciación cambiaria o una mayor subida de los Treasuries, la ecuación es distinta. Por ello, el debate para los gestores ya no consiste simplemente en “comprar rendimiento”.
Ahora consiste en determinar si el rendimiento adicional de Latinoamérica es suficiente para compensar el riesgo de que el dólar vuelva a fortalecerse, que los Treasuries sigan subiendo y que los bancos centrales de la región reduzcan sus tasas.
La turbulencia apenas comienzaEl carry trade latinoamericano todavía tiene argumentos a su favor; los diferenciales de tasas siguen siendo amplios, las monedas de la región conservan atractivo y, en algunos casos, las condiciones fiscales y externas son considerablemente mejores que en episodios anteriores de estrés.
Pero la ecuación global está cambiando, el Treasury a 10 años volvió a superar 5%, mientras el bono a 30 años permanece por encima de 5.3%. Al mismo tiempo, el dólar mantiene capacidad de fortalecerse cuando aumentan la aversión al riesgo y las expectativas de tasas estadounidenses más altas.
El resultado es un entorno mucho menos cómodo para las operaciones que dependen exclusivamente del diferencial de tasas, el riesgo para Latinoamérica, por tanto, no es que Estados Unidos vuelva a ofrecer los rendimientos más altos del mundo, consiste en que vuelva a ofrecer rendimientos suficientemente altos como para que los inversionistas ya no necesiten asumir tanto riesgo latinoamericano para obtenerlos.
Esa diferencia puede parecer pequeña, pero para los mercados de fondos, deuda y divisas puede marcar un cambio importante, durante meses, el dinero internacional encontró en Latinoamérica una combinación atractiva de tasas elevadas y monedas relativamente estables pero ahora el Treasury está reclamando nuevamente una parte de ese capital.
Y mientras el bono estadounidense siga subiendo, el carry trade latinoamericano tendrá que demostrar que su premio todavía vale el riesgo.



