La mayor sofisticación de los ahorradores y las recientes reformas de las pensiones han provocado cambios de calado entre los inversores en lo que al ahorro previsional se refiere. José Luis Manrique, director de Estudios del Observatorio Inverco, detecta que la reforma de las pensiones ha afectado al volumen de aportaciones a los planes, “pero la política de inversión de los fondos se ha mantenido intacta y totalmente alineada con lo que demanda el partícipe”. Pero otros expertos notan cambios y tendencias de más calado.
Uno de ellos es Mariano Jiménez Lasheras, presidente de la Organización de Consultores de Pensiones (Ocopen), que si bien concuerda con Manrique que las últimas modificaciones llevadas a cabo “no han provocado por sí solas un cambio inmediato en la asignación de activos”, sí matiza que han influido de forma indirecta. “La entrada de nuevos colectivos —sobre todo vía planes sectoriales y simplificados— obliga a diseñar políticas de inversión escalables, con costes contenidos y aptas para partícipes de edades y situaciones muy dispares”, explica y añade que este movimiento “favorece las carteras diversificadas, la gestión por ciclo de vida y un mayor uso de vehículos colectivos”.
Además, Jiménez Lasheras apunta que unos fondos de mayor tamaño acceden con más eficiencia a los mercados internacionales y a activos menos líquidos. Con todo, el posicionamiento sigue dependiendo esencialmente del perfil y la edad de los partícipes, de los compromisos de cada plan, del escenario financiero y de las decisiones de sus comisiones de control, según el experto.
Por su parte, José Manuel Marín Cebrián, economista y fundador de Fortuna SFP, considera que la última reforma de las pensiones ha condicionado más la arquitectura comercial y el desarrollo de los planes de empleo que la selección de los activos. En este sentido, el impulso de los fondos de empleo de promoción pública, de los planes sectoriales y de los planes simplificados ha favorecido vehículos con mayor escala, con costes más ajustados, horizontes temporales muy largos, políticas de inversión más homogéneas y, finalmente, una supervisión más intensa sobre transparencia y eficiencia, según Marín Cebrián. “Esa mayor escala puede facilitar el acceso a infraestructuras, mercados privados o proyectos de economía real que serían difíciles de incorporar en fondos pequeños”, explica Marín Cebrián.
En esta misma línea, Carlos González Ramos, director de relación con inversores de Cobas AM, también observa cambios en la estructura comercial y los flujos del sector, “más que la composición inmediata de las carteras”. Aquí, explica que se está produciendo un desplazamiento “progresivo” del ahorro desde el sistema individual hacia el empresarial como consecuencia de las limitaciones a las aportaciones individuales y la ampliación de los incentivos a los planes de empleo.
Esta tendencia “puede favorecer fondos con mayor tamaño, inversiones más diversificadas y estrategias diseñadas para colectivos completos de trabajadores”, pero también puede impulsar soluciones de ciclo de vida, en las que el nivel de riesgo se adapta progresivamente a la edad del partícipe. En definitiva, la firma aplica su filosofía contra viento y marea: la inversión en renta variable debe ocupar un papel relevante cuando el horizonte es suficientemente largo.
Objetivos políticos
Por otra parte, Marín Cebrián resalta la necesidad de evitar que “el objetivo político de canalizar ahorro hacia determinadas áreas termine condicionando en exceso la gestión”. En este punto, explica que el dinero de las pensiones “no puede utilizarse como una herramienta de política industrial sin tener en cuenta la rentabilidad, la liquidez y el riesgo”, y recuerda que el orden correcto debe ser siempre el mismo: “primero proteger al partícipe, después buscar rentabilidad y, solo entonces, valorar el posible impacto económico o social de la inversión”.



