Los ETFs activos están dejando atrás su condición de asignación de nicho para convertirse en una pieza cada vez más relevante dentro de la construcción de carteras. El Estudio Global de Perspectivas de Inversión de Schroders 2026 (GIIS, por sus siglas en inglés) evidencia que los inversores buscan combinar la gestión activa con las ventajas operativas propias de los ETFs, superando la percepción de estos vehículos como una simple alternativa de menor coste que los fondos de inversión.
Los ETFs activos están dejando atrás su condición de asignación de nicho para convertirse en una pieza cada vez más relevante dentro de la construcción de carteras. El Estudio Global de Perspectivas de Inversión de Schroders 2026 (GIIS, por sus siglas en inglés) evidencia que los inversores buscan combinar la gestión activa con las ventajas operativas propias de los ETFs, superando la percepción de estos vehículos como una simple alternativa de menor coste que los fondos de inversión.
Así pues, a nivel global, prácticamente la totalidad de los encuestados (98%) reconocen que los ETFs activos tienen un papel que desempeñar en las carteras (frente a solo el 2% que opina lo contrario), el debate ha cambiado: ya no se trata de si hay que usarlos, sino de cómo sacarles el máximo partido.
Este cambio resulta especialmente relevante en el contexto actual de mercado. En un entorno marcado por una mayor volatilidad y una incertidumbre persistente, los inversores necesitan herramientas que les permitan actuar con rapidez, seguir de cerca sus posiciones y ajustarlas con agilidad, sin renunciar al valor añadido de la gestión activa.
El coste ya no lo es todo
En cuanto a los factores a los que dan más importancia al evaluar un ETF activo, los inversores citan sin dudarlo el coste. Los menores costes frente a los fondos de inversión son la principal ventaja para el 70% de los encuestados. Pero el interés por estos productos ya no se limita a un acceso más económico a la gestión activa. Para más de la mitad de los encuestados a nivel mundial (51%), la liquidez intradía y la posibilidad de negociar a precios de mercado, además de la mayor liquidez en el mercado secundario (55%) frente a fondos de inversión equivalentes, son otros de los principales argumentos a favor de este vehículo de inversión. Esto se debe a que los ETFs activos se pueden comprar y vender de forma continua, a menudo con el apoyo de creadores de mercado. Por el contrario, los fondos tradicionales solo suelen valorarse y liquidarse una vez al día, lo que limita la flexibilidad cuando se necesita una intervención rápida.
La mayor transparencia de las carteras es otro elemento especialmente valorado por los inversores (51%). Por el contrario, apenas el 11% de los encuestados señaló la eficiencia fiscal como un beneficio.
Gráfico 1: Principales factores a la hora de elegir un ETF activo

Fuente: Estudio Global de Perspectivas de Inversión de Schroders de 2026. La pregunta de la encuesta era: “A la hora de considerar un ETF activo, ¿cuáles de las siguientes ventajas son las más importantes para usted?”, y se pidió a los encuestados que clasificaran sus tres razones principales.
¿Cómo utilizan los inversores los ETFs activos?
La encuesta apunta a que los inversores incorporan los ETFs activos como piezas flexibles dentro de la construcción de carteras. Les permiten plasmar sus convicciones de inversión, acceder a exposiciones diferenciadas y complementar sus posiciones principales, manteniendo al mismo tiempo una elevada eficiencia operativa.
Esto se articula principalmente en dos planos. Por un lado, los inversores consideran que los ETFs activos desempeñan un papel relevante en la diversificación (68%). Por otro lado, también los señalan como un componente central (core) en la construcción de sus carteras de inversión (38%).
Tom Stephens, responsable de ETFs de Schroders, señaló: «El atractivo de los ETFs activos reside en la simplicidad del vehículo y en la facilidad con la que pueden integrarse, tanto de forma estratégica como táctica. A nivel estratégico, pueden servir como exposición núcleo a renta variable o renta fija; desde un enfoque táctico, permiten posicionarse en duración, temáticas o sectores. Y no es solo una cuestión de costes: la posibilidad de operar intradía en distintas plataformas facilita realizar ajustes con rapidez, con mayor transparencia y eficiencia operativa que muchos otros instrumentos. Esto resulta especialmente útil cuando se buscan objetivos concretos, como la diversificación o la gestión del riesgo».
ETFs activos para mercados especializados y de más difícil acceso
La encuesta también muestra que la demanda de ETFs activos no es uniforme en todas las áreas de inversión. Los inversores valoran especialmente su gestión activa en áreas donde los mercados tienen menos cobertura, son menos eficientes o presentan una mayor complejidad estructural. Es el caso de las estrategias temáticas o sectoriales (49%), las acciones de pequeña y mediana capitalización (43%) y las acciones de mercados emergentes (40%).
Esto pone de manifiesto que los inversores buscan que los ETFs activos combinen la facilidad de negociación con resultados de gestión activa que marquen una diferencia real, sobre todo cuando la exposición a los índices es menos precisa o cuando otros vehículos son menos operativos.
Respuesta a las preocupaciones: retornos y la confusión con los ETFs pasivos
A pesar del fuerte impulso de los ETFs activos, la encuesta muestra que aún existen algunos obstáculos para su adopción que tienen que ver más con el gestor del fondo que con la propia estructura del vehículo. Así pues, cerca de la mitad de los encuestados a nivel global (43%) señala como el gran ‘pero’ la incertidumbre en cuanto a la rentabilidad de esta solución de inversión en comparación con los fondos activos, un vehículo todavía mayoritario y de larga tradición en el mercado. Por su parte, la segunda mayor preocupación expresada por los inversores (40%) es la diferenciación poco clara entre los ETF activos y los pasivos.
Estos elementos sugieren que la próxima fase de crecimiento de los ETFs activos dependerá en buena medida de la capacidad de los gestores para demostrar la solidez de su proceso de inversión y explicar cómo se implementan y gestionan las estrategias dentro del fondo ETF, para que los inversores puedan entenderlas y hacer un seguimiento a largo plazo.



