A simple vista, los activos digitales siguen pareciendo sometidos a una presión considerable. Los mercados han mejorado desde que tocaron mínimos históricos a finales de febrero, pero los precios de las criptomonedas siguen estando lejos de los récords del año pasado y la confianza de los inversores es notablemente más baja que durante el último ciclo.
Sin embargo, más allá de la volatilidad, una transición estructural más importante sigue acelerándose.
En nuestra opinión, el avance determinante en los activos digitales hoy en día es el despliegue constante de una infraestructura financiera basada en blockchain. El debate se está alejando cada vez más de si los activos digitales son importantes para centrarse en la rapidez con la que las entidades financieras pueden adaptarse a la transición de la infraestructura que ya está en marcha.
Ese cambio es más visible en la tokenización.
Durante los últimos dos años, los activos del mundo real tokenizados se han multiplicado aproximadamente por 27 hasta superar los 33.000 millones de dólares a nivel mundial, abarcando productos del Tesoro, deuda corporativa no cotizada, materias primas y, cada vez más, acciones. Aunque su tamaño sigue siendo reducido en comparación con los mercados de capitales tradicionales, la trayectoria de crecimiento es más importante que el tamaño absoluto en esta fase de adopción.
Avances normativos y transición de la infraestructura
Los avances normativos han contribuido a acelerar el impulso institucional. La Genius Act supuso un paso importante para establecer un marco integral en Estados Unidos para las stablecoins, mientras que la SEC y la CFTC han aclarado el tratamiento de varios tokens importantes de blockchain como materias primas digitales. Más recientemente, la SEC autorizó a Nasdaq a facilitar la negociación y la liquidación de acciones y ETFs tokenizados, reforzando la tendencia hacia unos mercados de capitales habilitados por blockchain.
Es importante destacar que la tokenización está evolucionando ahora más allá de la simple digitalización de activos hacia lo que muchos actores del mercado describen como “capital componible”, es decir, un entorno financiero en el que los activos tokenizados pueden moverse con mayor fluidez entre la negociación, las garantías y la tesorería.
Sin embargo, las finanzas tokenizadas no pueden aumentar su escala sin liquidez tokenizada. Por lo tanto, consideramos que la siguiente fase de la tokenización se centrará en la infraestructura de liquidez que rodea a esos activos.
Las entidades financieras reconocen cada vez más que las soluciones de efectivo digitales no pueden sacrificar las variables económicas en aras de la comodidad. A medida que más actividad financiera migra a la cadena de bloques, las soluciones de liquidez tokenizada que combinan la liquidación en tiempo real con la negociación 24/7 pueden acabar convirtiéndose en el tejido conectivo que une los mercados de capitales tradicionales con los ecosistemas de activos digitales.
Aquí es también donde la distinción entre “criptomonedas” y “tokenización” comienza a difuminarse.
Si bien la tokenización se ha convertido más bien en un discurso institucional, las redes blockchain son la capa de infraestructura que permite el movimiento de valor digital, liquidez y garantías a través del ecosistema. En muchos aspectos, las criptomonedas están evolucionando de un mercado impulsado principalmente por los precios a un middleware financiero.
Esa transición sigue siendo desigual, pero hay indicios de una utilidad creciente en determinados criptoactivos. Ethereum sigue siendo la capa de infraestructura dominante para los activos tokenizados y la actividad de las stablecoins debido a la profundidad de su red, su ecosistema de desarrolladores y sus integraciones institucionales. Otras redes blockchain, como Solana, siguen ganando terreno al competir de forma más agresiva en rendimiento y eficiencia de las transacciones, aunque la adopción institucional se encuentra todavía en una fase relativamente temprana.
La dinámica de las stablecoins también pone de relieve el papel creciente de las redes blockchain más allá de la actividad de negociación, especialmente en los ámbitos de los pagos, la liquidación y la movilidad de las garantías.
Desde el episodio de desapalancamiento de finales de 2025, la capitalización de mercado de las stablecoins se ha mantenido cerca de máximos históricos, por encima de los 300.000 millones de dólares, a pesar de que la capitalización total del mercado de las criptomonedas ha descendido. Esto sugiere que, aunque el optimismo se ha enfriado, una parte significativa del capital permanece en la cadena de bloques en lugar de salir del ecosistema por completo.
Una regla para el futuro
La idea general es que, aunque la tokenización pueda ser cada vez más el discurso institucional, las redes blockchain son algo más importante que eso: la capa de infraestructura que sustenta el movimiento del valor digital a través del ecosistema. Los criptoactivos están evolucionando gradualmente hacia componentes de una arquitectura financiera más amplia que, en última instancia, podría redefinir la forma en que se emiten, transfieren, garantizan y liquidan los activos a nivel mundial.
Para las instituciones que llevan a cabo la implementación, es importante recordar una serie de cosas en esta etapa.
En primer lugar, que no existen atajos. En el caso concreto de la tokenización de fondos, estamos rediseñando de forma efectiva las funciones que históricamente desempeñaban los agentes de transferencia, los administradores de fondos, los depositarios y los distribuidores, reconfigurándolas en torno a datos en cadena y flujos de trabajo programables. Ese cambio requiere socios en todas esas funciones con una capacidad genuina para operar en la cadena de bloques, respaldada por procesos y controles de nivel institucional.
En segundo lugar, la nueva infraestructura debe ser revisada y verificada. Las entidades deben evaluar si la infraestructura es segura, resistente y conforme a la normativa, y si puede integrarse de forma sostenible en el ecosistema financiero general. Debe ofrecer una experiencia de alta calidad a los inversores institucionales que vaya más allá de la funcionalidad técnica.
Esto exige un grado adicional de cuidado por parte de todos los implicados. La tokenización introduce un entorno multipartito en el que la gobernanza, la rendición de cuentas y la alineación operativa se vuelven fundamentales para evitar lagunas de supervisión.
Es poco probable que los ganadores a largo plazo se determinen simplemente por quién tokeniza los activos primero, sino por quién resuelve de manera más eficaz las ineficiencias reales de los inversores y del mercado. Los modelos operativos nativos digitales cobran cada vez más importancia porque permiten funcionalidades que la infraestructura tradicional tiene dificultades para ofrecer de manera eficiente, incluyendo la liquidación en tiempo real, la movilidad de las garantías, la programabilidad y la liquidez continua.
Al mismo tiempo, la interconexión entre activos tokenizados, stablecoins, billeteras, bolsas y redes blockchain se está volviendo más crítica que nunca. Los sistemas fragmentados y los componentes aislados limitan en última instancia las mejoras de la eficiencia que la tokenización está diseñada para lograr, pero el mero hecho de que ahora estemos examinando e implementando esta infraestructura a este nivel sugiere claramente que, aunque el mercado pueda parecer todavía cíclico en la superficie, en el fondo la transición hacia las finanzas basadas en blockchain sigue avanzando.




