En 1988, Jonathan Steinberg, CEO de WisdomTree, compró The Penny Stock Journal, un periódico en formato broadsheet dedicado a valores de ínfima calidad. «Todo lo que cubrían estaba destinado a quebrar: era básicamente una estafa de marketing. Creí que podía hacer algo mejor», recordó ante la audiencia del INSITE26, el congreso anual de BNY celebrado en Denver. Lo transformó en Individual Investor, contrató analistas y comenzó a hacer investigación independiente para el público general. En 1997 publicó su primer artículo sobre ETFs cuando el vehículo apenas acumulaba 40.000 millones de dólares y existían solo tres productos en el mercado. «Me impresionó el salto cualitativo que representaba el ETF como estructura», dijo.
Lo que le resultó asombroso, indicó, fue la lentitud del sector. Los primeros ETFs se habían lanzado en 1993 y en 1997 no había aparecido ninguno más. Tuvieron que pasar siete años para que surgiera el siguiente. «Los gestores de activos y las plataformas fueron enormemente lentos en evolucionar», señaló. Esa inercia le abrió el camino: hace exactamente veinte años WisdomTree lanzó sus primeros 20 ETFs. Hoy gestiona 170.000 millones de dólares, pero compite contra firmas que manejan entre un billón y 14 billones. «Como CEO de una gestora de menor tamaño, intento tomar las decisiones correctas con la menor cantidad de información posible, siempre tratando de estar un paso adelante», explicó.
El diagnóstico sobre el momento actual del sector es rotundo: «Es una edad dorada para la inversión. Las comisiones han caído, los vehículos se han vuelto más sofisticados. Hoy el inversor más pequeño puede tener una experiencia mejor que la del individuo más rico del mundo hace 20 años».
La pregunta que se hizo hace siete años
Hace siete años, cuando la tokenización no era todavía conversación de industria, Steinberg se planteó internamente una pregunta que definiría la estrategia de WisdomTree: «¿Qué puede hacerle a los ETFs lo que los ETFs le hicieron a los fondos mutuos?». La respuesta lo llevó a actuar antes de que hubiera consenso. «Sabía que si empezaba hoy, cuando esta conversación recién está comenzando a darse en serio en la industria, ya sería demasiado tarde para una gestora boutique pequeña como WisdomTree», aseguró.
La apuesta fue incómoda. «Tuve que hacer algo que me generaba una enorme incomodidad: realizar una inversión estratégica en una startup que tenía una plataforma de tokenización y una visión para el cumplimiento normativo de sus tokens, es decir, un wrapper programable». Esa plataforma terminó siendo vendida al DTCC, pero WisdomTree conservó su propia versión y continuó desarrollándola. El resultado: hoy la firma tiene mil millones de dólares en activos tokenizados y el mayor conjunto de activos del mundo real tokenizados. Su hito más reciente es el fondo de mercado monetario que opera y liquida 24/7 en blockchain. «Es el primer activo del mundo real que se comporta en cadena como un activo cripto nativo», subrayó Steinberg. Hace dos semanas presentó ante el regulador la solicitud para hacer lo mismo con ETFs tokenizados.
Para el intermediario financiero presente en la sala, sin embargo, el mensaje fue de cautela táctica: «Por ahora esto es irrelevante para ustedes, en serio. Su preocupación es la oportunidad dentro de los mercados regulados de bolsa, que es enorme». La tokenización, dijo, es territorio de la próxima generación de clientes. «Es como internet: no sabemos cómo funciona, simplemente está ahí, integrado en todo lo que hacemos. Lo que va a ocurrir es que BNY, otras instituciones y WisdomTree vamos a llevar los servicios financieros a la blockchain«.
Farmland: sin BlackRock ni Blackstone
Mientras buena parte de sus competidores se volcó hacia el crédito privado, WisdomTree eligió otro camino: las tierras agrícolas. «Fuimos hacia el farmland, donde no hay un BlackRock ni un Blackstone«, dijo Steinberg. La firma es hoy el tercer mayor propietario de tierras agrícolas de Estados Unidos, con 180.000 acres bajo gestión en una estructura evergreen de «uno y veinte». «Competimos con la Iglesia Mormona, Bill Gates y el agricultor familiar, no con BlackRock ni Blackstone. Es un negocio mucho mejor».
Sobre los mercados privados en general, Steinberg fue crítico con la narrativa dominante. «La mayoría de los inversores cede su liquidez y su transparencia con demasiada facilidad. Y las comisiones altas pueden corromper el asesoramiento». Cuestionó directamente las recomendaciones de asignar hasta el 30% de la cartera a activos privados: «Suena a mucho». Y fue escéptico sobre la iniciativa de incluir activos privados en los planes 401k: «Es agresivo. Yo no comparto ese enfoque«.
El ETF como wrapper del futuro para activos privados
La propuesta concreta de WisdomTree es otra: incorporar activos privados dentro del ETF. «Mientras mis competidores están metiendo crédito privado en interval funds, nosotros vamos a meter activos privados en ETFs». En un interval fund es posible tener hasta el 90% de los activos en posiciones ilíquidas; la versión de WisdomTree llegará a una exposición máxima del 15%, pero sin K-1s, sin papeleo, sin períodos de bloqueo, sin mínimos ni máximos. Antes de que termine el primer trimestre del próximo año, la firma espera lanzar ETFs con exposición tanto a farmland como a venture capital.
La lógica detrás es clara para Steinberg: «No quiero ser el último en comprar SpaceX. Hay muchísima creación de valor que está ocurriendo antes de que esas empresas lleguen a los mercados públicos». El paralelismo histórico también lo tiene presente: «Me pregunto por qué la industria de fondos mutuos fue tan lenta en pasarse a los ETFs. En parte fue por la transparencia —los gestores no querían mostrar su cartera— pero también por las comisiones: ganaban comisiones altas y eso los volvió resistentes a lo que sería una mejor experiencia para el cliente». En los últimos 24 meses, aproximadamente 120 compañías de fondos mutuos lanzaron su primer ETF en 2025 o 2026. «Me asombra que hayan esperado literalmente hasta 2026», dijo.
Su norte, y el que propuso para los asesores en la sala, es uno solo: «¿Cómo logro que mi cliente llegue genuinamente a ese objetivo final de la vida que desea? Eso significa ponerse realmente en su lugar, y no situarse por encima de él», concluyó.



