Durante los últimos tres años, el nearshoring se convirtió en una de las narrativas económicas más poderosas para México. El reordenamiento de cadenas globales de suministro, las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China y la necesidad de regionalizar manufactura alimentaron expectativas de una nueva era industrial para el país.
Parques industriales saturados, anuncios multimillonarios de inversión extranjera y récords en exportaciones manufactureras reforzaron la idea de que México se encontraba frente a una oportunidad histórica.
Sin embargo, hay un segmento del sistema financiero donde ese entusiasmo nunca terminó de reflejarse plenamente: la industria mexicana de fondos de inversión.
Pese al discurso sobre relocalización industrial, buena parte del capital institucional y patrimonial mexicano continuó privilegiando exposición internacional —especialmente estadounidense— en lugar de construir una apuesta masiva sobre activos locales vinculados al nearshoring.
La desconexión abre una pregunta incómoda para la industria financiera mexicana:
¿por qué uno de los fenómenos económicos más relevantes para el país no detonó una explosión equivalente de inversión local?
El boom industrial sí ocurrió
La narrativa del nearshoring no surgió de la nada. México registró cifras históricas en comercio exterior y manufactura durante los últimos años. Las exportaciones mexicanas superaron niveles récord impulsadas principalmente por: automotriz, electrónica, dispositivos médicos y manufactura avanzada.
La demanda de parques industriales explotó particularmente en estados del norte y Bajío. Ciudades como Monterrey, Ciudad Juárez, Tijuana, Saltillo, Querétaro y Guanajuato experimentaron una fuerte expansión industrial, incrementos en absorción de espacios logísticos y nuevas inversiones vinculadas a cadenas de suministro estadounidenses.
El propio fenómeno modificó el mercado inmobiliario industrial. Diversas fibras industriales y desarrolladores privados registraron tasas de ocupación históricamente elevadas y aumentos importantes en rentas. Además, gigantes corporativos globales anunciaron inversiones relevantes en territorio mexicano como parte de sus estrategias de regionalización productiva.
Pero el dinero financiero tomó otro camino
A pesar de ese entorno, el flujo de inversión hacia fondos mexicanos con exposición directa al nearshoring fue considerablemente menor a lo que muchos esperaban.
La razón principal es estructural: el mercado financiero mexicano no necesariamente refleja de forma automática la economía real. Mientras la manufactura y la inversión física crecían, los inversionistas institucionales siguieron privilegiando: rubros como renta variable estadounidense, deuda gubernamental, ETFs globales y activos internacionales de gran liquidez.
Incluso dentro de fondos ESG, temáticos y de crecimiento, gran parte de las carteras mexicanas permanecieron concentradas en empresas estadounidenses de tecnología y mega capitalización.
El fenómeno revela una de las paradojas centrales del mercado mexicano: México puede ser atractivo como plataforma industrial global sin que eso implique necesariamente una expansión proporcional del mercado bursátil o de fondos locales.
El problema: pocas empresas “pure play” de nearshoring
Otro factor clave es la limitada profundidad del mercado accionario mexicano. Aunque el nearshoring impulsó actividad económica, existen relativamente pocas emisoras listadas que permitan capturar de forma directa esa narrativa. La Bolsa Mexicana de Valores mantiene una composición altamente concentrada en consumo, telecomunicaciones, financiero, minería y algunos industriales.
Muchas de las empresas que realmente se beneficiaron del nearshoring son subsidiarias privadas, pertenecen a conglomerados extranjeros o no cotizan públicamente. Eso limitó la capacidad de los gestores para construir productos de inversión claramente vinculados al fenómeno.
En otras palabras: el nearshoring sí detonó inversión física, pero no necesariamente creó suficientes vehículos financieros locales para canalizar apetito inversionista.
Las fibras fueron de los pocos ganadores claros
Uno de los pocos segmentos financieros donde el efecto nearshoring sí logró reflejarse con fuerza fue el mercado de Fibras industriales. Vehículos como Fibra Prologis, Fibra Monterrey y Terrafina capturaron parte importante del entusiasmo asociado a la demanda industrial.
La combinación de ocupaciones récord, presión sobre rentas y escasez de inventario logístico impulsó valuaciones y atrajo atención tanto local como internacional. Sin embargo, incluso ese segmento enfrentó límites como tasas elevadas, volatilidad global y menor apetito por mercados emergentes que moderaron parte del entusiasmo financiero que inicialmente rodeó al nearshoring.
El inversionista mexicano sigue mirando a Wall Street
La explicación también pasa por comportamiento patrimonial. Durante los últimos años, los inversionistas mexicanos enfrentaron un contexto donde el S&P 500 alcanzó máximos históricos; las grandes tecnológicas dominaron rendimientos globales; y la inteligencia artificial impulsó flujos masivos hacia Estados Unidos.
En comparación, el mercado accionario mexicano mantuvo menor liquidez, crecimiento más moderado y menor profundidad sectorial. Eso provocó que muchos portafolios institucionales y privados prefirieran capturar crecimiento global vía ETFs y exposición estadounidense en lugar de apostar agresivamente por la tesis local de nearshoring.
La paradoja es evidente: mientras México ganaba relevancia industrial global, parte importante del capital mexicano seguía obteniendo rendimientos principalmente fuera del país.
Nearshoring económico vs. nearshoring bursátil
La experiencia reciente dejó una lección importante para la industria financiera:
un boom económico no necesariamente se traduce automáticamente en un boom bursátil o de fondos.
Para que eso ocurra se requieren factores como mercados profundos, nuevas emisoras,
vehículos especializados, liquidez y canales eficientes de distribución financiera. México logró atraer manufactura, inversión física y expansión logística. Pero el sistema financiero local aún enfrenta limitaciones importantes para transformar ese crecimiento económico en productos de inversión masivos y líquidos.
La siguiente etapa: infraestructura financiera
Hacia adelante, el verdadero desafío podría no ser industrial, sino financiero. Si México busca capitalizar plenamente el nearshoring como narrativa estructural de inversión, probablemente necesitará más empresas listadas; mayor profundidad bursátil; más CKDs, Fibras y vehículos especializados; nuevos fondos temáticos;
y mayor integración entre economía real y mercados de capital.
De lo contrario, el país podría seguir viviendo una paradoja cada vez más visible:
ser una potencia manufacturera en expansión mientras gran parte del ahorro financiero local continúa invertido en Wall Street.



