El entorno para la inversión ESG no es sencillo. Se han vuelto a ver salidas de capital. En opinión Inma Conde, responsable de ESG de Mediolanum International Funds, “los flujos de salida reflejan un mercado que está madurando y corrigiéndose, no un mercado en retroceso”.
La experta explica que el aumento de los tipos de interés ha afectado especialmente a las estrategias de larga duración, sobre todo a aquellas con una alta exposición a bonos verdes. Al mismo tiempo, señala como algo relevante que los inversores distinguen cada vez más entre la sostenibilidad auténtica y los productos convencionales simplemente rebautizados. En esta entrevista hemos querido analizar con Conde hacia dónde va la ESG en la industria de inversión.
¿En qué medida podemos hablar de una recalibración en el mercado ESG?
La ola política anti-ESG en Estados Unidos también ha tenido un efecto psicológico sobre el sentimiento global, incluso en mercados con marcos regulatorios muy distintos. Yo hablaría más de una recalibración que de una reversión. Los factores estructurales de largo plazo, como la transición energética, la escasez de recursos y los cambios demográficos. siguen intactos, aunque las expectativas sobre un mayor rigor y resultados ESG demostrables han aumentado, algo positivo para el mercado.
¿Existe ‘hastío’ ESG entre los inversores y qué papel juegan la confianza y el debate sobre el greenwashing?
En mi opinión, hastío no es el término más adecuado. Lo que existe es frustración por expectativas no cumplidas, definiciones de producto incoherentes y un debate sobre el greenwashing que ha sometido a la industria a un escrutinio más intenso. La confianza es el principal desafío. Cuando los clientes no pueden diferenciar entre un fondo que realmente integra la sostenibilidad y otro que solo utiliza una etiqueta superficial, la confianza se deteriora. El debate sobre el greenwashing ha sido un catalizador necesario para mejorar la transparencia y el reporting, algo positivo tanto para los clientes como para la credibilidad de la inversión sostenible.
¿Cuál es la posición de Mediolanum sobre cuestiones como la sostenibilidad y las inversiones en defensa (armamento) o la energía nuclear?
Nuestra posición es pragmática, no dogmática. La realidad geopolítica actual con el rearme de la OTAN, la guerra entre Rusia y Ucrania y el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán en 2026, y las exigencias de seguridad en Europa han cambiado profundamente el contexto. La seguridad es un requisito previo para cualquier sociedad sostenible. El régimen SFDR no restringe las inversiones en defensa, y las compañías del sector están ampliamente presentes en fondos de Artículo 8. Defendemos un enfoque equilibrado que excluya las armas controvertidas, pero que reconozca el papel legítimo de la defensa en la seguridad colectiva. En cuanto a la energía nuclear, adoptamos una visión igualmente pragmática, reconociendo que en algunos mercados es una parte necesaria de la transición energética. No existe una única solución válida para todos los casos.
La ESG es una cuestión internacional, pero sin embargo existen diferencias regionales. Europa es considerada pionera en ESG: ¿dónde se observan hoy las mayores diferencias con Estados Unidos? ¿Y qué cabe esperar a futuro, convergencia o divergencia?
La divergencia es clara y, a corto plazo, sigue ampliándose. En Europa, la arquitectura regulatoria (SFDR, Taxonomía y CSRD) continúa evolucionando, con ajustes razonables como la reducción de cargas de la CSRD para las empresas más pequeñas. En Estados Unidos, la actual administración federal ha convertido la sostenibilidad en un tema políticamente controvertido. Sin embargo, el compromiso a nivel estatal sigue siendo sólido, especialmente en estados grandes e influyentes como California y Nueva York. En mi opinión, estamos ante una fase de desacoplamiento temporal impulsada por ciclos políticos, no por una divergencia estructural. La transición energética es una realidad de mercado, no una ideología. La lógica económica terminará impulsando la convergencia a medio plazo.
¿Qué impacto han tenido los requisitos más estrictos de ESMA sobre los nombres de los fondos y cómo los valora? ¿Qué espera de una posible SFDR 2.0?
Las directrices de ESMA sobre la denominación de fondos han sido un avance positivo porque aportan mayores garantías y más claridad al sector. Exigir el uso de términos ESG o de sostenibilidad solo cuando se cumplen criterios sustanciales ha obligado a una reflexión real. Algunos gestores han renombrado o reclasificado fondos, y ese es el resultado adecuado. En Mediolanum no hemos necesitado reclasificaciones, ya que nos hemos adaptado de forma natural a los nuevos estándares. Actualmente, nuestros 11 fondos con estrategias de artículo 8 y 9 reflejan de forma consistente la solidez de nuestro enfoque. En cuanto al SFDR 2.0, consideramos que la actual estructura de dos niveles se ha utilizado ampliamente como herramienta de marketing. Esperamos que la revisión introduzca categorías más claras y mejor alineadas con las necesidades de los inversores.
¿Cuál es su definición de sostenibilidad? ¿Qué objetivos se ha fijado la gestora?
En Mediolanum, la sostenibilidad significa generar rendimientos sólidos y duraderos a largo plazo, contribuyendo al mismo tiempo de forma positiva a la sociedad y al medio ambiente. Partimos de la idea de que los resultados financieros son inseparables de la manera en que las empresas gestionan su huella ESG. Integramos los criterios ESG en toda nuestra plataforma de inversión, apoyándonos en una gestión activa mediante el ejercicio del voto y el diálogo con las compañías. Además, hemos establecido objetivos de reducción de carbono a nivel de cartera para todos nuestros fondos de artículo 8 y 9.
Ninguna conversación está completa sin hacer referencia a la inteligencia artificial. ¿Qué valor añadido aporta la IA en el ámbito ESG? ¿Qué riesgos observa en su utilización?
Hay una paradoja que el sector no afronta con suficiente honestidad: la herramienta que más puede ayudar al análisis ESG es también una fuente emergente de consumo energético y presión hídrica significativos. Los centros de datos que alimentan los grandes modelos de IA tienen una huella de carbono real. Aplicar IA para mejorar métricas de sostenibilidad mientras se ignora su impacto propio es una incoherencia que el mercado acabará señalando.
Dicho esto, el valor es innegable. Su capacidad para procesar información no estructurada (informes corporativos, datos de cadenas de suministro, flujos de noticias…) aporta velocidad y consistencia imposibles de replicar manualmente. En el ámbito del cambio climático, permite modelizar riesgo físico con una granularidad nueva, por ejemplo qué activos están expuestos, en qué horizonte temporal. Eso no mejora solo el análisis, cambian decisiones de asignación de capital. En una plataforma multigestión como la nuestra, también refuerza la supervisión de las prácticas ESG de los gestores externos. La consideramos una herramienta transformadora. Pero toda herramienta revela también a quien la usa. La pregunta no es si la IA es buena para el ESG, es si el sector está a la altura de usarla bien.



