El conflicto en Oriente Próximo, además de ser una tragedia humana, representa una crisis de oferta de energía que podría tener importantes consecuencias para el crecimiento de la economía mundial. Cedric Scholtes, director de deuda soberana global, tipos de interés e inflación de BNP Paribas Asset Management, presenta un marco para analizar las consecuencias que podría tener la guerra en la inversión en renta fija.
El experto establece varios escenarios con consecuencias de distinto calado:
1.- Un escenario base en el que el conflicto tiene una duración relativamente breve.
2.- Un escenario de escalada, en el que la duración del conflicto se alarga o la infraestructura energética regional queda dañada. La consecuencia es un periodo prolongado de interrupciones de suministro y un nivel elevado de precios durante varios meses.
3.- Un escenario de desescalada en el que los precios del petróleo vuelven rápidamente a los niveles previos al conflicto.
4.- Un escenario catastrófico en el que la guerra entre Estados Unidos e Irán se intensifica hasta tal punto, que las instalaciones de extracción, refino y distribución de energía de Oriente Medio sufrieran daños tan graves que al menos un tercio de la producción energética de la región quedara fuera de servicio durante meses, o, incluso, años. En tal escenario, los precios del petróleo podrían superar los 150 dólares por barril y mantenerse en ese nivel durante un año.
Estas premisas tendrían consecuencias, según Scholtes, de distinta consideración.
Scholtes recuerda que una crisis en el suministro energético reduce el crecimiento mundial y explica que el escenario de referencia rebaja las previsiones de crecimiento mundial con respecto a la previsión anterior en aproximadamente un cuarto de punto porcentual a lo largo del año hasta el segundo trimestre de 2027. “Por lo general, un aumento del 10% en los precios del petróleo reduce el crecimiento en alrededor de 0,1 puntos porcentuales”, argumenta.
Sin embargo, Scholtes admit que a los economistas les preocupa que esta cifra esté desfasada, ya que las economías de los mercados desarrollados son menos intensivas en energía. Además, en los países que producen energía se genera un impulso compensatorio de la inversión en extracción de energía cuando suben los precios del crudo.
Efectos concretos
En el escenario de “escalada”, el crecimiento mundial se reduce en 0,6 puntos porcentuales hasta el segundo trimestre de 2027, mientras que el crecimiento europeo cae en alrededor de 1 punto porcentual. Eso sí, una incertidumbre elevada reduciría la confianza de las empresas y los hogares y empeoraría aún más las perspectivas de crecimiento.
El contraargumento que apunta Scholtes es que una gran crisis energética probablemente desencadenaría una respuesta fiscal sustancial, en cuyo caso las previsiones serían diferentes, especialmente si los gobiernos recurrieran a controles de precios para frenar la inflación. La flexibilización fiscal, según el experto, probablemente se traduciría en mayores déficits y emisiones y en un alza de la rentabilidad de los bonos.
En cuanto a los precios y la inflación, Scholtes explica que una crisis energética implica un repunte de la inflación general. El aumento de los precios mayoristas de la energía provoca, con un breve desfase, un aumento de los precios minoristas de la energía, a menos que los gobiernos intervengan para limitar los precios. Los economistas desaprueban estos controles, según Scholtes, porque “eliminan el incentivo para que las personas modifiquen su comportamiento”.
En un escenario de escalada, a nivel mundial, la inflación se situará el próximo año cerca de 120 puntos básicos por encima de lo que habría sido en un escenario sin conflicto bélico. El motivo de preocupación son los llamados “efectos de segunda ronda”: el aumento de los precios erosiona el nivel de vida de los trabajadores, que presionan para obtener salarios más altos; a su vez, ese incremento de los ingresos reducen los márgenes de las empresas, que responden subiendo los precios.
Esta espiral de salarios y precios, a juicio de Scholtes, puede convertir un aumento puntual del nivel de los precios de la energía en un incremento persistente de la tasa de inflación. El experto recuerda que según los principios básicos de la política monetaria, los bancos centrales deben evitar que se produzcan estos efectos de segunda ronda.
En sus previsiones, Scholtes destaca que el equipo de análisis de BNP Asset Management parte de la hipótesis fundamental de que no se producen efectos de segunda ronda significativos. “Esto puede parecer una suposición arriesgada, dado el episodio inflacionista que acabamos de vivir, pero creemos que es razonable, ya que es probable que los efectos de segunda ronda dependan de la situación económica, en lugar de ser un proceso mecánico”, apunta.
En cuanto a la política monetaria, en el escenario base, si los bancos centrales estuvieran seguros de que no se producirían efectos de segunda ronda, no sería descabellado mantener los tipos sin cambios. Pero Scholtes cree que los bancos centrales no pueden estar seguros. “De lo que sí pueden estar seguros es de que la inflación aumentará a corto plazo, los hogares lo notarán y tenderán a revisar al alza sus expectativas de inflación en consecuencia”,explica y recuerda que los bancos centrales serán muy conscientes del daño a su reputación que ha causado el reciente episodio inflacionista. Por lo tanto, sobre esta base, el equipo de análisis prevé que muchos bancos centrales responderán a la crisis energética. En su punto álgido, nuestro tipo de interés de referencia global se sitúa una subida (25 pb) por encima.
En el escenario de “escalada”, la respuesta de los bancos centrales es, en consecuencia, más contundente. En lugar de provocar una pausa en la tendencia de flexibilización de nuestro escenario base, el tipo de interés oficial mundial representativo se sitúa casi exactamente dos subidas (50 puntos básicos) por encima de lo que habría sido el caso de no haberse producido la guerra, como apunta Scholtes.
“Este ajuste es rápido, antes de que los bancos centrales puedan tener certeza sobre la magnitud de los efectos sobre la producción y los efectos de segunda ronda de la crisis. A finales de 2027, aproximadamente la mitad de ese aumento se habrá revertido”, señala.
No obstante, Scholtes recalca que el equipo de análisis parte de la hipótesis de que los gobiernos se resisten a llevar a cabo intervenciones fiscales a gran escala para compensar a las empresas y los hogares por la crisis de los precios de la energía.
Conclusión
En un escenario de “escalada” o “catástrofe”, la presión política para intervenir podría ser abrumadora, y la consecuencia de que una crisis negativa del suministro energético se contrarrestara con una crisis fiscal positiva de la demanda sería un aumento significativo de los tipos de interés oficiales y de los tipos de interés en general.
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