Hace 50 años las divisas latinoamericanas cayeron en una espiral de colapsos que las llevaron a vivir la época más negra de su historia moderna; hoy el panorama es diferente, la región vive quizás un momento estelar en términos de estabilidad: la «Pax cambiaria». Sin embargo, nubarrones de tormenta en el horizonte han inquietado su desempeño, ante el contexto global.
En lo que va del siglo XXI, las divisas latinoamericanas siguen una trayectoria clara: depreciación estructural frente al dólar, pero con grados muy distintos de estabilidad. México y Chile han logrado preservar valor relativo en el tiempo, Brasil ha alternado entre ciclos de fortaleza y debilidad, mientras que Argentina representa un caso extremo de destrucción monetaria. Pero, en términos generales nada parecido a las abruptas devaluaciones generalizadas del último cuarto del siglo 20, ni a los experimentos con diversos regímenes cambiarios.
De acuerdo con la estrategia de divisas de Deutsche Bank, en lo que va del siglo el desempeño de las monedas más importantes de la región es el siguiente: El peso mexicano mantiene una depreciación estructural moderada de entre 70% y 90%, nada comparable al más de 1.000% del último cuarto del siglo pasado. Ha pasado por periodos de alta volatilidad en este siglo, pero sin colapso, es de hecho una de las divisas más estables de los mercados emergentes.
El real brasileño por su parte acumula una depreciación en el siglo de entre 170% a 220%, también con fuertes periodos de volatilidad, pero aun así mantiene atractivo por altas tasas de interés (carry trade). El peso chileno se ha depreciado entre 60% a 80% durante el siglo, pero también es una de las divisas más estables de la región. El peso argentino es otra historia con múltiples cambios de moneda y controles; es un caso extremo de: inflación crónica, devaluaciones sucesivas y pérdida total de valor real. Es una de las monedas con peor desempeño global en el siglo.
Ante el panorama de turbulencia mundial que se vive, ¿Latinoamérica será capaz de mantener dicha estabilidad o hay riesgo de un nuevo periodo de volatilidad extrema y presiones sobre los tipos de cambio de la región?
Funds Society platicó con Pedro Quintanilla-Dieck, estratega senior de Mercados Emergentes en UBS Global Wealth Management (GWM), una de las divisiones principales del banco suizo, sobre su visión hacia el futuro inmediato respecto a las monedas más representativas de la región.
Debilidad de corto plazo, el distintivo para las monedas latinoamericanas
En general, los análisis actuales hablan de una mayor debilidad de las divisas latinoamericanas más representativas ante el contexto global, pero hasta el momento se advierten riesgo de colapsos cambiarios en la región como los reportados en el último cuarto del siglo pasado.
UBS GWM coincide en sus análisis, “En nuestra opinión, las monedas latinoamericanas cuentan con mayor protección frente a la volatilidad global gracias a fundamentos estructurales. La región destaca por marcos macroeconómicos y fiscales más sólidos, y está relativamente aislada de zonas geopolíticamente conflictivas. Además, Latinoamérica produce materias primas cada vez más demandadas, como el cobre en la transición energética y productos agrícolas en un contexto de cadenas de suministro vulnerables. En este entorno, el real brasileño sobresale por su resiliencia, respaldado por tasas de interés elevadas y cuentas externas robustas gracias a la producción agropecuaria y energética”, señala Pedro Quintanilla.
Para el experto, esta fortaleza ha sido el producto de décadas de disciplina fiscal en muchos de los países de la región, así como control de factores como la inflación, y en general por ajustes estructurales que se hicieron en su momento y que aportaron a la estabilidad cambiaria que hoy vive la región.
A continuación, reproducimos el análisis que hace el experto de UBS GWM sobre las principales monedas de la región y sobre todo la expectativa de mediano plazo que tiene la institución para cada una de las divisas.
Peso chileno: Impactado por la guerra, pero resiliente en el mediano plazo
En términos netos, el peso chileno se ha depreciado ligeramente frente al dólar. Hasta finales de febrero, factores como valuaciones atractivas, precios elevados del cobre y un dólar generalmente débil favorecieron al peso chileno. Sin embargo, desde el inicio del conflicto con Irán a finales de febrero, el peso se ha convertido en una de las monedas emergentes más depreciadas, debido al abrupto aumento en el precio del petróleo, que afecta negativamente los términos de intercambio del país, dado que Chile importa el 100% del petróleo que consume.
A medida que el conflicto disminuya y los precios del petróleo se normalicen, es probable que el peso chileno retome su tendencia de apreciación. Además, existen factores idiosincráticos que podrían impulsar la moneda, como una aceleración del crecimiento derivada de la agenda pro-negocios del nuevo gobierno de Kast, que incluye recortes tributarios y desregulación. Actualmente, el peso chileno cotiza en 915 por dólar, pero en este contexto esperamos que podría cerrar el año en torno a 870 por dólar, acercándose a los niveles vistos antes del conflicto.
Peso argentino: Reformas estructurales lo seguirán beneficiando
En nuestra opinión, la acumulación de reservas internacionales y el avance en reformas estructurales siguen reduciendo el riesgo país y favorecen la transición hacia un régimen cambiario más flexible. El banco central ha comprado casi 4 mil millones de dólares en lo que va del año y se espera que supere los 10 mil millones en 2026. Además, el alza en los precios del petróleo beneficia al peso, ya que Argentina es exportador neto. Prevemos que el tipo de cambio cierre el año en 1.700 pesos por dólar.
Real brasileño: La divisa más sólida de la región
El real brasileño es la moneda emergente con mayor apreciación en lo que va del año, avanzando un 6% frente al dólar. Este desempeño se ha visto impulsado por precios elevados de materias primas, tasas de interés históricamente altas y una política de recortes graduales. Además, como exportador neto de petróleo, Brasil ha estado protegido de presiones de depreciación durante el conflicto en Medio Oriente, beneficiándose de términos de intercambio más sólidos y mayores ingresos fiscales.
Consideramos que estos factores seguirán respaldando al real en el corto plazo. A medida que el conflicto se disipe, Brasil perderá el impulso adicional del petróleo, pero podría beneficiarse de un mejor entorno global y una depreciación generalizada del dólar. De cara a las elecciones de octubre, el real podría enfrentar una ligera depreciación. Actualmente cotiza en 5,1 por dólar; estimamos que podría acercarse a 5 en los próximos meses, aunque probablemente cerrará el año en torno a 5,5 por dólar.
Peso mexicano: La aduana del T-MEC traerá volatilidad
Nuestras proyecciones apuntan a una apreciación gradual del peso hacia adelante, con niveles de 17,7 para el cierre del segundo trimestre de 2026, 17,5 para el tercero y 17,2 tanto para finales de año como para el primer trimestre de 2027.
Este escenario asume una moderación de las tensiones globales y una mayor estabilidad en los mercados financieros. No obstante, anticipamos una trayectoria no lineal, con episodios de volatilidad asociados tanto a factores externos como locales, particularmente en torno al T-MEC y a las decisiones de política monetaria de México y EE.UU.
Así, si bien la mayoría de los análisis hablan de debilidad en torno a las divisas de la región para los próximos meses por diversos factores de índole geopolítico y algunos internos o combinaciones de ambos, hasta ahora parece que no existe el riesgo de que colapse la Pax cambiaria que ha caracterizado a esta parte del mundo en lo que va del siglo, a diferencia de lo que sucedió en las últimas tres décadas del siglo 20.



Por Antonio Sandoval
