Algunas de las propuestas que incluye el Market Integration and Supervision Package de la Comisión Europea, presentado en diciembre de 2025, siguen levantando críticas en la industria europea de fondos. En concreto, Jean‑Marc Goy, Chairperson de la Asociación de la Industria de Fondos de Luxemburgo (ALFI), mostró su desacuerdo con la idea de que ESMA centralice mayor poder supervisor, dado que vamos hacia un mercado único.
“Dejando a un lado que sí hay otras iniciativas de este paquete con las que estamos de acuerdo y creemos que van en la dirección adecuada, como, por ejemplo, la eliminación de obstáculos para la distribución de fondos, debo señalar que hay un punto que no compartimos: la propuesta de otorgar mayores poderes centralizados a ESMA. La narrativa oficial de la Comisión Europea es que, dado que existe un mercado único, debería haber una única autoridad supervisora; pero esto no es correcto. De hecho, actualmente ya existe un principio clave en el marco UCITS y AIFMD: una única autoridad supervisora, que es el regulador del país de origen del fondo o del gestor”, afirmó Goy durante su discurso de apertura en el ALFI Global Asset Management Conference celebrado en Luxemburgo.
Complejidad y costes
Según su visión, que coincide con la de las otras asociaciones europeas de fondos, la propuesta de la Comisión Europea no simplificaría las cosas para los diferentes players de la industria. “Al contrario, lo complicaría y aumentaría el riesgo, y también los costes. Unos costes que recaerían en la industria y, en última instancia, en los inversores, reduciendo la competitividad de los productos europeos”, ha destacado.
Su reflexión se argumenta en las cifras que representa esta industria: “Actualmente, hay 25 billones de euros en fondos en toda la UE, frente a los 8,3 billones en Luxemburgo, y es importante recordar que 6 billones están gestionados por inversores europeos en Asia y otras regiones. Los fondos luxemburgueses se distribuyen en 80 jurisdicciones a nivel global. La preocupación de ALFI y de la industria no es competir con otros centros financieros, sino preservar el éxito de productos como UCITS, que han tardado décadas en consolidarse como estándar global. Si el sistema se vuelve más caro, complejo o inseguro, ese éxito podría ponerse en riesgo”.
Goy hizo hincapié en que el mensaje que se escucha de forma unánime en la industria es que no es necesario otorgar más poderes a ESMA. “Luxemburgo no está en contra de la convergencia ni de la armonización. Al contrario, las apoya plenamente, pero considera que ESMA ya dispone de las herramientas necesarias. Por ejemplo, puede emitir directrices, documentos de preguntas y respuestas, coordinar acciones supervisoras, realizar investigaciones y emitir opiniones. A veces basta con que los actores sepan que existe esa herramienta para garantizar la convergencia”, insistió ante un auditorio repleto de profesionales del sector.
Además, quiso cerrar su intervención haciendo un llamamiento claro: “La industria no está de acuerdo con esta parte de la propuesta, y es importante que se hagan oír, tanto a través de asociaciones como a nivel individual”.
Cabe destacar que, durante el mismo evento, los argumentos de Goy fueron apuntalados por Gilles Roth, Ministro de Finanzas de Luxemburgo, quien afirmó, en un gesto de sinceridad, que “la centralización de la supervisión no va a desbloquear el capital que Europa necesita; lo único que logra es añadir una capa adicional de complejidad”.
La búsqueda de la convergencia
Sobre este debate con la industria, la visión de ESMA también quedó reflejada por la intervención de Evert Van Walsum, Head of the Investor Protection and Sustainable Finance Department ESMA, en este mismo foro. Según explicó Van Walsum, la propuesta de la Comisión Europea responde a necesidades de la propia industria: “Nuestras investigaciones muestran que el 78% de los encuestados señalaba que existe un problema con los procedimientos de autorización en Europa, ya que son muy distintos entre jurisdicciones. Si uno acude a la CSSF, eso no ocurre, porque es una única entidad. Pero si eres una gestora y quieres operar en toda Europa, tienes que enfrentarte a cinco o siete procedimientos diferentes”, explicaba el representante de ESMA durante su participación en la conferencia de ALFI.
En este sentido, defendió que la propuesta no busca una “toma del control” por parte de ESMA, sino una búsqueda de convergencia en las normas. “La regulación europea ha ido evolucionando y este paso es una evolución más. No basta con tener normas comunes: también necesitamos convergencia en su aplicación. Esto implica que las reglas se interpreten y apliquen de la misma forma en toda Europa. ESMA ha trabajado intensamente en este ámbito mediante directrices, documentos de preguntas y respuestas (Q&A), etc. La siguiente etapa es la supervisión, que podría considerarse la última frontera. No significa que la supervisión deba ser idéntica en todos los casos, pero sí que los resultados deben ser coherentes. Aquí ESMA ha desarrollado herramientas como las acciones supervisoras comunes, destinadas a coordinar el trabajo entre las distintas autoridades nacionales”, destacó Van Walsum.
El representante de ESMA defendió que “el papel de la institución ha sido coordinar para que la supervisión sea lo más eficaz posible y, al mismo tiempo, facilitar el funcionamiento fluido del mercado dentro del marco regulatorio”. En este sentido, cabe recordar que ESMA también ejerce supervisión directa en determinados ámbitos, como las agencias de rating, los índices de referencia (benchmarks) y otras herramientas de transparencia.
Propuesta de armonización
Durante la conferencia de ALFI, ambas partes pusieron el foco en que la propuesta incluye que ESMA defina estándares técnicos para armonizar los procedimientos de autorización de gestores y productos. “Esto responde a un problema identificado: según el análisis de impacto de la Comisión Europea, alrededor del 70%-80% de los participantes considera que los procedimientos de autorización en Europa son demasiado diferentes”, insistía Van Walsum. En este sentido, explicó que la idea es armonizar aspectos como la información requerida, los procesos de autorización y la forma de presentación de dicha información.
Frente a esta idea, Serge Weyland, CEO de ALFI, señalaba que, justamente, es el diseño de un estándar técnico para los 27 países lo que no termina de convencer al sector. “Será difícil establecer estándares comunes y definir una plantilla única para la aprobación de fondos que, en la práctica, pueden ser muy distintos”, defendió, argumentando que no es lo mismo un fondo doméstico alemán distribuido a un número reducido de inversores institucionales en Alemania que un fondo luxemburgués con la misma estrategia, pero distribuido en 25 países, diez de ellos fuera de la Unión Europea.
Por último, desde ALFI quisieron añadir un último mensaje: “Es importante aclarar que esto no pretende frenar la innovación, ni impedir el desarrollo de nuevos productos, sino mejorar la integración y eficiencia del sistema”.



Por Alicia Miguel Serrano