Ante la crisis desatada por la nueva guerra en Oriente Medio, Chile enfrenta claros obstáculos como importador neto de petróleo y Colombia se beneficia en sus cuentas externas con mayores riesgos fiscales. México, por su parte, se destaca por su relativa protección ante el impacto.
Los expertos de XP Inversiones han presentado su análisis para los tres países latinoamericanos. Banco Mariva tiene el suyo propio sobre Argentina, aunque con una metodología diferente. En un contexto diario volátil, este martes 17 de marzo el precio del crudo Brent se situó por encima de los 100 dólares.
Andrés Pardo A, jefe de Estrategia Macro para América Latina de Inversiones XP y Marco Oviedo, Macroestratega sénior de América Latina de la firma, han analizado las repercusiones para tres grandes economías de la región.
México puede compensar pérdidas y ganancias
Desde una perspectiva macroeconómica, la exposición de México al aumento de los precios del petróleo es relativamente limitada. En las cuentas externas, el impacto neto es casi neutro.
En 2025, México importó aproximadamente 337.000 barriles diarios de gasolina y exportó alrededor de 343 barriles de crudo, lo que resultó en volúmenes prácticamente equilibrados, según un informe de Pardo y Oviedo.
Para México, aumento de un dólar en el precio del petróleo tiene una compensación casi directa en los flujos comerciales, lo que implica un impacto insignificante en la balanza externa. En caso de que exista algún efecto, este se manifestaría a través de cambios en los márgenes de refinación (margen de refinación), que probablemente serán moderados.
México registró una balanza comercial petrolera negativa en 2025, debido principalmente a márgenes de refinación desfavorables y a las importaciones de gas natural, pero el impacto general en el crecimiento derivado del aumento de los precios del petróleo sigue siendo prácticamente nulo.
Desde una perspectiva fiscal, el aumento de los precios del petróleo es favorable. Según la Secretaría de Hacienda, el país mantiene una posición estructuralmente «larga» en el petróleo: por cada dólar estadounidense de aumento en los precios del petróleo, los ingresos fiscales aumentan en aproximadamente 650 millones de dólares estadounidenses, netos de los mayores costos de importación. Si la composición de la producción petrolera mexicana se mantuviera en los niveles actuales durante el resto del año, los ingresos adicionales podrían alcanzar alrededor de 13.000 millones de dólares estadounidenses, equivalentes al 0,7% del PIB. Estas ganancias brindan al gobierno un amplio margen para compensar las pérdidas de ingresos derivadas de los ajustes en los impuestos a los combustibles, particularmente a través del impuesto especial sobre el consumo (IEPS).
Los efectos inflacionarios también son mínimos. México cuenta actualmente con un margen fiscal considerable para absorber el aumento de los precios internacionales de los combustibles, ya que el impuesto IEPS representa aproximadamente el 25% del precio final de venta al público de la gasolina.
Chile y un posible deterioro de la balanza comercial
En el país austral, las importaciones totales de energía representan aproximadamente el 3,8% del PIB, de las cuales el petróleo y sus derivados constituyen cerca del 3%. En consecuencia, el aumento de los precios del petróleo se traduce directamente en un deterioro de la balanza comercial, siempre según XP.
Los analistas de la firma brasileña estiman que, por cada dólar adicional de aumento en el precio del Brent, la factura de importación de petróleo y el déficit comercial general se amplían en aproximadamente entre 160 millones y 180 millones de dólares. Esta sensibilidad subraya la exposición de Chile a las perturbaciones energéticas externas, especialmente en un entorno de elevada volatilidad global.
Los efectos inflacionarios son significativos, pero parcialmente diferidos. El combustible representa el 3,9% de la canasta del IPC, y un aumento del 10% en los precios del combustible añadiría entre 0,4 y 0,6 puntos porcentuales.
Dicho esto, la transmisión podría no ser lineal, ya que una fuerte depreciación del peso chileno podría amplificar considerablemente el impacto inflacionario. Sin embargo, este efecto se suaviza mediante el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), que ajusta los precios internos cada tres semanas y limita cada ajuste al 2,4% del promedio móvil de dos semanas. En la práctica, esto permite que las fluctuaciones de precios internacionales se absorban gradualmente en un período de 6 a 9 semanas, retrasando —pero no eliminando— el impacto inflacionario total.
Colombia puede salir beneficiada
Colombia, en cambio, se beneficia en sus cuentas externas de los precios más altos del petróleo, aunque la magnitud de las ganancias ha disminuido en comparación con el período prepandémico. Las exportaciones de energía, incluido el carbón, representan aproximadamente el 4% del PIB, mientras que el petróleo y sus derivados representan el 2,9%, y las importaciones de combustible y productos derivados del petróleo ascienden a solo el 1,2% del PIB.
Los analistas de XP estiman que un aumento de un dólar en el precio del Brent incrementa los ingresos por exportaciones de petróleo y sus derivados en aproximadamente entre 180 millones y 200 millones de dólares. Tras considerar el aumento de los costos de importación, las exportaciones netas de energía mejoran en alrededor de 100-120 millones de dólaes. Además, los ingresos fiscales aumentan en aproximadamente 200 billones de pesos colombianos por cada dólar de incremento en los precios del petróleo. Dicho esto, el beneficio general es menor que en el pasado, lo que refleja una dinámica de producción más débil y un deterioro generalizado en el sector energético. Además, el aumento de los precios del petróleo podría contrarrestar significativamente estas ganancias de ingresos mediante el incremento de los costos de los subsidios a los combustibles a través del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC).
La dinámica inflacionaria en Colombia es más compleja, debido al fuerte papel de las políticas en la fijación de precios de la gasolina. El combustible representa el 2,9% del IPC, pero las estimaciones históricas de la transmisión de precios se han vuelto poco fiables en los últimos años, ya que los precios se han visto impulsados principalmente por consideraciones fiscales y políticas, más que por señales del mercado.
Una variación de un dólar por barril en el precio del Brent puede tener un impacto en el FEPC de aproximadamente 150 millones de dólares, o alrededor de COP 0,5 billones, suponiendo que los precios del combustible se mantengan sin cambios.
Acciones y bonos del sector energético de Argentina
“El sector energético argentino, impulsado por el yacimiento de esquisto Vaca Muerta, de categoría mundial, ofrece una atractiva combinación de producción en expansión, mejora de la balanza comercial y sólidas tendencias de financiación corporativa. Para los inversores con tolerancia al riesgo de los mercados emergentes y un horizonte de inversión a largo plazo, tanto las acciones como los bonos del sector energético argentino ofrecen una exposición diferenciada a un sector de hidrocarburos con un crecimiento estructural”, señala un informe de Banco Mariva.
Para evaluar el impacto potencial de precios más altos del petróleo en el contexto del conflicto en Oriente Medio, los analistas de la entidad desarrollan diferentes escenarios de precios para las compañías petroleras argentinas que cubren.
El escenario base de los expertos, que refleja la curva actual de futuros del Brent e implica un precio promedio del Brent de 85 dólares/barril para 2026, sugiere un potencial de para la Vista, dada su mayor exposición al petróleo (96% de la producción frente al 78% de YPF). En el escenario alcista, asumiendo que el precio promedio del Brent es de 90/bbl, se impulsaría el EBITDA a 2.800 millones de dólares para Vista (+75% interanual) y a 7.300 millones para YPF (+55% interanual).
En el frente de la deuda corporativa, las empresas energéticas argentinas han liderado el mercado de bonos corporativos, emitiendo deuda con rendimientos atractivos para los inversores internacionales, en torno al 7,5%/8,5%. Esto indica cierto grado de confianza en los flujos de caja futuros vinculados a proyectos de petróleo y gas, especialmente en Vaca Muerta. Sin embargo, observamos un potencial alcista limitado debido a una eventual mejora en la calificación soberana, concluye Mariva.


Por Carlos Ruiz de Antequera
