Las tensiones en Oriente Medio finalmente estallaron este fin de semana después de que Estados Unidos e Israel lanzasen ataques contra objetivos militares iraníes y el conflicto comenzara a escalar y sentirse en toda la región. En consecuencia, el petróleo subió a sus máximos en siete meses y los mercados comenzaron la sesión con pérdidas.
En opinión de Christian Schulz, economista jefe en AllianzGI, los mercados afrontan un shock significativo, pero que todavía no es desestabilizador. “La implicación inmediata es una revalorización de los riesgos extremos, con una posible subida de los precios del petróleo, una caída de los activos de riesgo y un repunte de los activos refugio. No obstante, mucho dependerá de si el conflicto se extiende hacia una inestabilidad regional o interna más amplia”, explica este experto.
Según advierte Adam Hetts, director global de multiactivos de Janus Henderson, hay otros canales de transmisión clave del mercado que hay que vigilar si persiste la incertidumbre generada por este conflicto. En su opinión, una mayor incertidumbre frena el ánimo de los inversores, lo que puede afectar en general a los activos de riesgo a nivel mundial. “Esto probablemente haría más atractivos los bonos soberanos de los mercados desarrollados, incluidos los bonos del Tesoro de EE.UU., y las divisas refugio. En un período prolongado de incertidumbre, el aumento de los precios del petróleo podría generar un temor inflacionista a nivel mundial, lo que a su vez podría reducir la probabilidad de que la Reserva Federal de EE.UU. recorte los tipos de interés, algo que actualmente se espera para finales de este año”, señala.
Impacto en los mercados
Según la previsión Schulz, los mercados exigirán una prima de riesgo más elevada, al menos de forma temporal, hasta que haya mayor claridad sobre la estabilidad interna de Irán y las intenciones de sus socios geopolíticos. “Además, en los mercados financieros más amplios, los bonos del Tesoro de Estados Unidos, el dólar estadounidense y el oro podrían apreciarse, mientras que la renta variable podría registrar una fuerte corrección, aunque potencialmente de corta duración”, añade.
Si miramos, por ejemplo, los mercados de oro y plata, se observa que la evolución de los futuros perpetuos durante el fin de semana mostró una reacción muy típica de alzas. “Esto alimenta aún más el tono alcista en los mercados, pero la contención de los países implicados indirectamente y el riesgo limitado de una crisis del petróleo deberían poner techo a las subidas de precios. Aunque aportan estabilidad a una cartera en un momento de mayor volatilidad en los mercados financieros, el manual geopolítico sugiere que comprar oro y plata el día de una escalada geopolítica difícilmente sea una estrategia rentable”, apunta Carsten Menke, responsable de Investigación de Next Generation de Julius Baer.
En cambio, Jeffrey Cleveland, economista jefe de Payden & Rygel, recuerda que pese a la gravedad del contexto geopolítico, conviene evitar conclusiones precipitadas: no toda escalada política se traduce necesariamente en una crisis macroeconómica duradera. De hecho, apunta que, históricamente, las crisis geopolíticas tienden a producir reacciones inmediatas, pero a menudo de corta duración, en los mercados. “La incertidumbre inicial alimenta la volatilidad y las correcciones, pero una vez que la situación se estabiliza, incluso sin una resolución completa del conflicto, los inversores tienden a reabsorber el evento y a volver a centrar su atención en los fundamentos económicos. En este sentido, las fases de debilidad pueden convertirse en oportunidades de compra, especialmente para quienes mantienen un horizonte a medio-largo plazo”, apunta Cleveland.
En su opinión, el verdadero canal de transmisión macroeconómica sería la energía, y en particular las posibles interrupciones prolongadas en el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz, enclave estratégico para el comercio mundial de crudo. Además, para este experto, otro elemento a tener en cuenta es la diferente sensibilidad de las clases de activos: “Las tensiones geopolíticas suelen afectar con mayor intensidad a las renta variable, aumentando la volatilidad y comprimiendo temporalmente las valoraciones, mientras que la renta fija, especialmente los bonos de alta calidad, tienden a beneficiarse de los flujos hacia activos refugio”.
Anthony Willis, economista sénior del equipo de Soluciones Multiactivos de Columbia Threadneedle Investments, coincide con la visión de Cleveland y va un paso más allá: «El aumento de los precios del petróleo probablemente amplificará los riesgos de inflación en las economías desarrolladas, justo cuando las nuevas publicaciones del IPC comienzan a influir en las expectativas sobre las tasas de interés. El aumento de los costos de la energía también puede amenazar la tendencia desinflacionaria observada en varios mercados y podría ejercer una nueva presión sobre los bancos centrales para que reevalúen el momento y la magnitud de los recortes de tasas».
En este sentido, Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier, sostiene que el riesgo de un choque por el petróleo no solo afectaría a EE.UU. y a su previsión de crecimiento e inflación, también al conjunto de la economía. «El crecimiento real del PIB en EE. UU. disminuiría y la tarea de la Fed de equilibrar su doble mandato se volvería más difícil. Para otras economías, especialmente en Asia y en los mercados emergentes de Europa, Oriente Medio y África, el segundo escenario justificaría una mayor revisión a la baja del crecimiento real del PIB y revisiones al alza de la inflación debido a su elevada dependencia de las importaciones energéticas procedentes del exterior», apunta.
Sobre el precio del petróleo
No hay que olvidar que el petróleo es un termómetro de la geopolítica y su reacción ha sido clara tras el agravamiento del conflicto en Oriente Medio. Aunque el petróleo se ha negociado principalmente en el rango de 60-70 dólares estadounidenses durante los últimos 12 meses, los precios ya han superado los 70 dólares y se prevé que sigan al alza con el inicio de la negociación el lunes. Para Adam Hetts, estos movimientos son significativos, pero aún no son especialmente preocupantes en el contexto más amplio de las implicaciones para la inversión.
“Un aumento continuado hasta los 80 dólares estadounidenses sería coherente con el conflicto de junio de 2025, y 90 dólares estadounidenses con el de abril de 2024, cuando los mercados mundiales pudieron ignorar en gran medida las subidas de precios, ya que los conflictos se resolvieron en un plazo relativamente corto. Tomando como referencia la invasión rusa de Ucrania a principios de 2022, este conflicto elevó los precios del petróleo por encima de los 100 dólares estadounidenses durante un periodo prolongado, con picos breves por encima de los 120 dólares. Los precios actuales del petróleo reflejan un conflicto limitado y de duración relativamente corta”, explica Hetts.
En opinión de Norbert Rücker, responsable de Economía e Investigación de Next Generation de Julius Baer, en las próximas semanas, veremos el patrón habitual de un repunte breve de los precios del petróleo y del gas, pero considera que esta vez será más intenso. “Este patrón podría prolongarse por las complicaciones asociadas a una misión de cambio de régimen, o acortarse por el agotamiento militar de Irán. En este escenario base, durante los próximos meses, el precio del petróleo dependerá de si Irán sufre una interrupción de sus exportaciones y, de ser así, de si la compensación llega de los países productores o del negocio del shale (petróleo de esquisto) estadounidense. Asumiendo una combinación de ambos, elevamos nuestra previsión del precio del petróleo a tres meses a 60 dólares por barril. Mantenemos nuestra visión neutral sobre el petróleo y cambiamos nuestra visión sobre el gas natural europeo a neutral desde cautelosa”, indica.
Y el papel del Estrecho de Ormuz
En este contexto, de nuevo, la atención de los expertos está puesta en el Estrecho de Ormuz. Aunque Schulz considera poco probable su cierre de forma inminente, su estabilidad es clave para el mercado energético mundial. Es importante recordar que de producirse su cierre, la producción mundial de petróleo podría reducirse un 20%. “La OPEP+ decidió aumentar el suministro en 206.000 barriles diarios, y la capacidad excedentaria (algo menos de 3 millones de barriles diarios) podría, en teoría, compensar la pérdida de las exportaciones iraníes (1,6 millones), mientras que las reservas de la OCDE se encuentran dentro de los límites normales. Sin embargo, evitar que los precios del petróleo superen los 100 dólares/barril depende de la reapertura de Ormuz”, apunta Paolo Zanghieri, economista sénior de Generali AM.
Según aclara Zanghieri, una interrupción parcial mediante ataques esporádicos a buques y el minado del estrecho podría elevar los precios a 90 dólares o más. “Los ataques directos a las instalaciones petroleras del Golfo elevarían considerablemente los precios, pero también comprometerían las ya débiles relaciones regionales de Irán y molestarían a China”, añade.
En cambio, en opinión de Rücker, el escenario más temido no es su cierre, sino daños graves a la infraestructura clave de petróleo y gas de la región. “Hasta ahora, o bien Irán no ha intentado atacar la infraestructura clave de petróleo y gas de la región —lo cual sería sorprendente—, o bien no lo ha logrado. Un intento así provocaría una respuesta contundente, arrastraría a las potencias regionales —incluidas Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos— al conflicto, y probablemente no podría sostenerse en el tiempo. Por tanto, el escenario más temido —una interrupción del suministro de petróleo y gas con impacto económico— requeriría daños graves a la infraestructura, más que el cierre del Estrecho de Ormuz, algo que debería haber ocurrido en los primeros días del conflicto”, argumenta este experto de Julius Baer.



