Nuestra convicción es clara: creemos que Europa sigue siendo una de las regiones más infravaloradas y con menor presencia en las carteras de renta variable global. En los últimos años, la atención de los inversores se ha concentrado claramente en Estados Unidos, impulsada por las grandes compañías tecnológicas y las temáticas relacionadas con la inteligencia artificial. Este enfoque ha dejado a Europa en un segundo plano, a pesar de que muchas empresas han ido reforzando discretamente sus balances, optimizando sus estructuras operativas y posicionándose para una fase de recuperación.
La clave ahora es identificar dónde resulta más atractiva esa oportunidad. En nuestra opinión, se encuentra claramente en el universo de compañías europeas de pequeña y mediana capitalización (SMID). Es en este segmento donde se combinan de forma más evidente el apoyo de las valoraciones y la recuperación de los beneficios, y donde la brecha frente a Estados Unidos se ha ampliado de manera más significativa. Las empresas europeas de pequeña capitalización cotizan a 13,5 veces beneficios, frente a las 15,2 veces de las de gran capitalización, las 18,9 veces de las estadounidenses de pequeña capitalización y las 22,9 veces de las estadounidenses de gran capitalización (datos de MSCI a 31 de diciembre de 2025).
Muchas compañías de pequeña y mediana capitalización han atravesado unos años especialmente complejos — desde problemas de suministro e incrementos de la inflación hasta la disrupción por aranceles y la volatilidad de las divisas— y han salido reforzadas de ese periodo. A medida que avanzamos en el 2026, varios de estos obstáculos están empezando a disiparse. Las empresas afectadas por los aranceles en 2025 presentan ahora comparativas más favorables, los flujos comerciales se están estabilizando y la debilidad del dólar debería favorecer tanto a los exportadores europeos como a los costes de producción. Dado que muchas compañías cubren su exposición al riesgo de divisa con antelación, es probable que estos beneficios se materialicen gradualmente, mejorando la visibilidad y la rentabilidad a lo largo del año.
Sin embargo, la oportunidad no es igual en todo el mercado. La recuperación en Europa sigue siendo desigual, lo que abre posibilidades para una auténtica selección de valores. Aunque no adoptamos un enfoque basado en visiones regionales, estamos observando una fortaleza particular en algunas economías de la periferia europea —especialmente España e Irlanda—, así como señales de recuperación en Alemania. En España, el crecimiento se mantiene sólido, apoyado por regiones favorables a la inversión empresarial, una inmigración constante y unos costes energéticos reducidos gracias a la expansión de las energías renovables. Irlanda continúa beneficiándose de unas finanzas públicas saneadas, una mano de obra joven y angloparlante, y una elevada exposición a los clústeres tecnológicos y sanitarios. En Alemania, la actividad industrial está mostrando signos de estabilización y estamos posicionados para un repunte cíclico a medida que la demanda se normalice. Estas no son decisiones top-down, sino temáticas que han surgido mediante un análisis bottom-up de las empresas.
Siempre somos prudentes a la hora de anticipar escenarios macroeconómicos. La realidad es que la inflación, los tipos de interés y el crecimiento pueden sorprender en cualquier dirección. En lugar de hacer previsiones, nos centramos en la resiliencia y la capacidad de adaptación de cada compañía. Preferimos empresas con balances sólidos, un buen poder de fijación de precios y equipos directivos capaces de reaccionar con rapidez.
Un aspecto que sí nos invita a ser cautos es el nivel de complacencia implícito en la renta variable estadounidense. Las valoraciones siguen siendo elevadas y la propiedad de las acciones está muy concentrada, con una exposición del inversor minorista superior incluso a la registrada en el pico de la burbuja puntocom. Gran parte de la narrativa del mercado gira en torno al gasto en capital vinculado a la inteligencia artificial, pero tanto la magnitud de ese desembolso como la forma en que se financiará plantean interrogantes. Asimismo, estamos observando una acumulación de apalancamiento en los mercados privados, especialmente entre compañías no rentables del ecosistema tecnológico y de la IA. Estas no son preocupaciones inmediatas para Europa, pero sí refuerzan la importancia de mantener un enfoque selectivo y una estricta disciplina en materia de valoración.
Para nosotros, la clave reside en mantener la inversión en empresas capaces de progresar independientemente del entorno macroeconómico: compañías con visibilidad, potencial de mejora interna y la habilidad de “marcar su propio rumbo”. Para aquellos dispuestos a ir más allá de lo evidente, Europa ofrece un universo amplio y diverso de compañías poco reconocidas por el mercado y bien posicionadas para crecer con fuerza.
Tribuna de Elena Villalba, Directora general de Mirabaud Asset Management para Iberia y Latam

