2026 será un año de oportunidades pero también de retos en los mercados. La renta variable más allá de las Siete Magníficas -y también en mercados emergentes-; la duración en dólares o el crédito selectivo en renta fija; el deep value europeo, secundarios u otras estrategias en mercados privados; y, sobre todo, las materias primas se perfilan como activos favoritos para algunas de las empresas de asesoramiento financiero en España. Como riesgos, las EAFs consultadas por Funds Society apuntan a los shocks macro -especialmente fiscal-, una caída del dólar que arrastre a los activos de riesgo, potenciales correcciones, riesgos inflacionistas o burbujas centradas en la deuda o en la tecnología. Sin olvidar la geopolítica.
«Para 2026 veo como oportunidad la posible reversión del proceso de concentración extrema desde los grandes gigantes tecnológicos (las Mag7) hacia el resto del mercado. Estas compañías son tan grandes que no hace falta un cambio de flujos de inversión muy fuerte: basta con que una fracción pequeña de los flujos empiece a diversificarse para que el impacto en el resto del mundo sea enorme. Ahí encajan especialmente las small caps (sobre todo en EE.UU.), emergentes y, en parte, Europa, por valoración relativa: creo que están baratas frente a las Mag7 y con mucho terreno para normalizarse si el apetito por concentración se enfría», explica Xavier San Miguel Moragas, CFA, CEO de BISSAN Wealth Management, EAF.
En paralelo, cuenta que le parece relevante el ciclo de materias primas que empezó a asomar con fuerza en 2024, primero con el oro, y que ahora se está extendiendo al resto de commodities, tanto metales preciosos (plata, platino) como industriales (cobre). «Si a esto se suma el petróleo, el cuadro gran ciclo alcista de materias primas podría terminar de completarse», añade. «Seguimos siendo muy positivos en commodities, donde esperamos un relevo desde los metales preciosos hacia los metales industriales y la energía, tanto en los mercados físicos como en la renta variable asociada», coincide Juanjo Barrenechea, socio de Lourido Partners EAF, para quien el escenario de partida se caracteriza en los países desarrollados por balances corporativos y de los hogares saneados, abundante liquidez y unas políticas fiscal y monetaria favorables, que continúan sustentando el escenario macroeconómico.
«La ampliación de la inversión impulsada por la inteligencia artificial y el estímulo fiscal en curso añaden un impulso adicional y, en ausencia de shocks externos significativos, dibujan un escenario claramente alcista para los activos de riesgo en 2026, dentro de un marco macroeconómico resiliente y de un entorno ampliamente favorable para estrategias procíclicas», explica. En los mercados cotizados, las principales oportunidades siguen estando, a su juicio, en la renta variable de los países emergentes, donde, junto a un escenario macroeconómico positivo, las expectativas de beneficios están mejorando, el fuerte aumento del capex global en IA beneficia especialmente a Asia emergente, las valoraciones siguen siendo atractivas y el posicionamiento es ligero.
En capital privado, también ven oportunidad: «Seguimos considerando que el deep value europeo en el segmento low mid-market y los fondos de secundarios en el sector tecnológico constituyen las principales áreas de oportunidad. Para Georgina Sierra, directora de Productos Financieros en la EAF DiverInvest, mirando también a los mercados privados, las oportunidades están en secundarios, y mira también a la tecnología: «Es un mercado que sigue intentando resolver sus problemas de liquidez sin terminar de conseguirlo, y precisamente ahí surgen ventanas interesantes para el inversor paciente. Y, por supuesto, las grandes empresas privadas del momento, con grandes desarrollos tecnológicos que en 2026 pensamos que van a dar que hablar, empezando por la muy posible salida a bolsa de SpaceX».
La experta recuerda que «2026 arranca tras un 2025 excepcional. Por tercer año consecutivo, prácticamente todos los mercados han cerrado en positivo. Las valoraciones son cada vez más exigentes y el margen de error, más estrecho. Por eso, desde DiverInvest creemos que 2026 será un año para buscar, discriminar y seleccionar y que, tras varios ejercicios dominados por el índice, éste podría ser un año en el que la selección de valores marque la diferencia». Y añade: «La concentración también es un rasgo característico del mercado en estos tiempos. El S&P 500 ha alcanzado niveles de concentración no vistos y tan elevados que, a nuestro juicio, llevan al inversor, sin quererlo (o buscarlo) a asumir un riesgo específico en ciertos nombres. Además, muchos inversores se concentran en la misma inversión: largos de bolsa americana y de IA. Pensamos que es momento de mirar algo más a Europa y Asia para construir carteras más resistentes», afirma.
Sierra advierte de que el encarecimiento de la bolsa tiene otra consecuencia: compite directamente con los bonos. «Hoy, la rentabilidad esperada de la renta variable estadounidense y la del bono americano a 10 años están prácticamente empatadas. En este contexto, aumentar duración en dólares tiene sentido: aporta descorrelación y actúa como protección ante distintos escenarios complicados que pueden materializarse a lo largo del año». En el ámbito de la renta fija europea, opta por aprovechar de forma progresiva y selectiva la normalización de la curva para ir incorporando duración a las carteras.
Munesh Melwani, socio director general de Cross Capital, también discrimina entre mercados cotizados y privados. En los primeros, habla de una distorsión entre precio y valor en muchas compañías de pequeña y mediana capitalización, e incluso en algunas grandes de calidad, castigadas por razones coyunturales del negocio o sin causas justificadas: «La fiebre inversora en torno a la IA y la gestión pasiva han catapultado los índices, que cada vez están más concentrados con compañías Big Tech. El foco inversor está centrado en esta narrativa y deja de lado negocios consolidados, y algunos disruptivos, en distintos sectores económicos, que presentan una oportunidad única de inversión con vocación de largo plazo». En deuda corporativa, particularmente apunta al segmento high yield, así como a oportunidades interesantes, tanto en países desarrollados como en alguno emergentes, en grado de inversión.
«En mercados privados, existen oportunidades atractivas en deuda privada, esto es, préstamos a empresas o colocaciones privadas de bonos; asimismo, en infraestructuras, desde la inversión en naves logísticas a data centers, así como proyectos de energías limpias; por supuesto, en real estate, desde residencias estudiantiles o para mayores, hoteles e incluso en el mercado residencial. Por último, tanto en private equity como en venture capital también existen oportunidades, pero conviene ir de la mano de los mejores gestores de fondos, dado el nivel de las valoraciones o el enorme riesgo de disrupción tecnológica, en muchos casos», añade.
IA, divisas, inflación, deuda y shock macro o geopolítico: entre los principales riesgos
Más allá de las oportunidades también despuntan los riesgos. Para San Miguel, el principal riesgo es que el escenario central de crecimiento moderado con inflación moderada se rompa por un shock macro. «Y en 2026 ese shock quizás puede venir menos de un notable incremento de la inflación “clásica” y más de una mezcla peligrosa: decisiones políticas unilaterales, expectativas de crecimiento mal calibradas y, sobre todo, del frente fiscal. Me preocupa especialmente un movimiento brusco al alza en la parte larga de la curva (tipos a 10–30 años) por un repunte del crecimiento en EE.UU. mayor de lo esperado y por un gran descontrol presupuestario. Si el mercado exige más prima por plazo y por déficit, la consecuencia puede ser muy seria: pérdidas grandes en renta fija a medio y largo plazo, incluso sin necesidad de una inflación desbocada». Y aquí viene la segunda cola de distribución, que también es relevante: el riesgo de que los tipos en EE.UU. bajen mucho más de lo que hoy descuenta la curva, por cambios de rumbo o por un giro rápido del ciclo: «Si se diera, creo que mercado puede estar mal posicionado para cualquiera de los dos extremos (tipos largos disparados o recortes más agresivos), y eso suele traducirse en volatilidad y en rotaciones violentas entre estilos y sectores», añade.
Otro riesgo que concibe, de gran magnitud, es que exista un shock severo en las divisas debido a causas geopolíticas descontroladas. «Hemos visto lo de Maduro, Irán y Groenlandia, que creo no debería tener un impacto notorio, pero sí el hecho de que el dólar estadounidense empiece a perder valor de forma importante si las medidas se aceleran. Normalmente existe la concepción de que una bajada del dólar ayuda a los activos de riesgo en Estados Unidos. Precisamente esta tesis es la que creo que se puede romper, y ver cómo una bajada del dólar este año puede ir acompañada de bajadas en sus activos de riesgo, que derivan parte de su liquidez a activos de riesgo del resto del mundo y materias primas», advierte. Y por último, otro riesgo es que se forme una burbuja tecnológica por la fuerte subida de la inteligencia artificial. «Esto sería desastroso, pero creo que el mercado, de momento, esto lo está tamizando, especialmente con las caídas de empresas Saas y al ser un suma cero entre el ecosistema OpenAi (Nvidia, Cisco) y el ecosistema Google (que creo será probablemente el ganador)».
Desde Lourido Partners descartan que los principales riesgos provengan de la incertidumbre en torno a la materialización de un mayor ciclo de relajación por parte de la Fed —que debería ser más relevante para el liderazgo relativo de la renta variable que para su dirección general, salvo que surgieran dudas sobre un giro de la Fed—, sino de otros factores como «la posibilidad de que una corrección en los mercados de renta variable, que no olvidemos tienen una valoración exigente en USA, puedan afectar al consumidor y por tanto al vigor de la demanda»; riesgos de contagio derivados de preocupaciones fiscales idiosincráticas y de un Banco de Japón rezagado, «que podría estar impulsando al alza las rentabilidades en los tramos largo y ultralargo de los JGB»; y escaladas geopolíticas más allá de los acontecimientos recientes en Venezuela.
DiverInvest también señala a la geopolítica: «Vivimos momentos de grandes cambios: La geopolítica está al orden del día, se acometen inversiones de trillones en desarrollar tecnología y bases de datos para soportarla, y casi todo está todavía por hacer… ¿Qué no puede suceder?». Según Sierra, uno de los principales riesgos es el de la narrativa, y es que no todas las historias se traducen en flujos de caja: «Creemos que en 2026 los inversores serán más exigentes y buscarán beneficios reales, escalabilidad y calidad de ingresos, penalizando proyectos basados solo en expectativas. Otro riesgo, un clásico, tiene que ver con la inflación que puede no desaparecer del todo. Tensiones salariales, geopolítica, transición energética o relocalización industrial pueden mantenerla por encima de los objetivos, obligando a los bancos centrales a ser más restrictivos de lo previsto. Este es uno de los escenarios con peores implicaciones, ya que sería desfavorable tanto para las bolsas como para los bonos», advierte la experta.
Y apunta a un cisne blanco, «acontecimiento previsible y relativamente frecuente, cuyas causas y posibles efectos son conocidos por el mercado, aquel riesgo que todos vemos, pero al que nadie quiere mirar y al que probablemente seguiremos obviando en 2026: el ingente y creciente volumen de deuda pública. A nuestro parecer, éste es un peligro que se merece, por lo menos, ser mencionado».
Para Melwani, los principales riesgos vienen de la mano de una corrección notable en los mercados, que podría estar propiciada por distintos detonantes: desde un repentino sentimiento inversor “risk off” dadas las elevadas valoraciones bursátiles en algunos segmentos, como por factores geopolíticos, tales como un bloqueo de la OTAN, una escalada militar rusa o china, o una reactivación agresiva del marco tarifario de Trump en el comercio internacional. «Hay que tener en consideración que el endeudamiento de los países desarrollados está en máximos históricos respecto a su PIB, los spreads crediticios en mínimos y la inflación permanece algo pegajosa en algunos epígrafes relativos a los servicios, que, en definitiva, hace mella en el poder adquisitivo de las familias», añade también el experto de Cross Capital.
Por otra parte, cree que una fragmentación en las relaciones internacionales vs EE.UU. debilitaría aún más el dólar, lo cual daría sustento al ya pronunciado rally de los metales preciosos, más allá del inusitado apetito de acumulación de reservas por parte de los bancos centrales vs la divisa estadounidense. «Por tanto, para los inversores en euros, conviene tener este aspecto en consideración, mitigable con coberturas FX».




Por Alicia Miguel Serrano