Última actualización: 07:23 / Lunes, 14 Febrero 2022
Tribuna de Bernal & Sanz Bujanda

Reflexiones sobre el crecimiento económico y la inflación en los países desarrollados

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En este año, a mediado de enero, se publicaba un artículo del premio Nobel de economía 2001 Michael Spence en la revista Project-Syndicate sobre China (1). En el mismo, el Sr. Spence recuperaba la teoría del "punto de inflexión” de otro premio Nobel de economía, de 1979, William Arthur Lewis, enfocando el mismo al gigante asiático. Recomiendo la lectura del artículo, dado que me parece un magnífico punto de partida para analizar la situación actual y el tiempo que tendremos que convivir con unos precios altos o inflación.

Desde hace tiempo el mundo desarrollado ha desplazado la producción de diversos productos industriales, sector que es extensivo en mano de obra, hacia China. China, un país que contaba con una enorme bolsa de mano de obra agrícola y por tanto barata, y se embarcó en impulsar su crecimiento a través de la exportación de estos bienes industriales. 

Esta política es algo que explica perfectamente la teoría del Sr. Lewis sobre el crecimiento de los países en desarrollo. Según esta teoría los países en desarrollo van desplazando población rural, dedicada a la agricultura y de renta muy baja, hacia las ciudades y empleándolos en sectores manufactureros con sueldos bajos pero ligeramente más altos que los del entorno rural. El desplazamiento de personas de clases pobres hacia ciudades industriales permite contratarlos en las fábricas con unos salarios algo más altos; ahora bien estos salarios son inferiores a los pagados por otros países para desarrollar la misma actividad. De esta forma, los países en desarrollo atraen inversión pues les permite fabricar a precios más bajos, dado que los salarios son inferiores y por tanto les permite convertirse en países exportadores. Además potencian el conocimiento, know-how, de sectores productivos de alto valor añadido.

Con esta política China ha conseguido ser la gran potencia mundial de la exportación de bienes y servicios a nivel mundial, es denominado el proveedor mundial. Por otra parte, la actividad exportadora le ha hecho ser superavitario en su balanza comercial, diferencia entre exportaciones e importaciones, con la que el país tiene unas extraordinarias reservas de divisas; ello le convierte a su vez en un país inversor en otros.  

En el entorno mundial el incremento de la actividad exportadora de China hacia el resto del mundo ha ocasionado dos resultados: que China haya contribuido a mantener la inflación en niveles muy bajos, aun cuando en algunos momentos el petróleo –la fuente energética en aquellos momentos escalaba a precios máximos-. La segunda ha sido la deslocalización de grandes industrias hacia el gigante mundial, generando un empobrecimiento de las clases medias de los países desarrollados, como es el caso de varios estados de Estados Unidos. Sobre este empobrecimiento y el populismo que ha generado, recomiendo la lectura del libro: Muerte por desesperación y el futuro del capitalismo de Anne Case y Angus Deaton; por cierto este último también premio Nobel de Economía, en 2015.

El punto de inflexión

Ahora bien este modelo de crecimiento, utilizado por China, tiene un punto crítico al que el Nobel Sr. Lewis denominó: el punto de inflexión. De acuerdo con su modelo de crecimiento de las sociedades en desarrollo, desplazando mano de obra barata hacia industrias exportadoras, llega un momento en que el conjunto de personas con salarios bajos va descendiendo. El modelo se agota, se produce un punto de inflexión, dado que comienza a producirse una presión sobre los salarios al no poderse controlar la retribución salarial con la aportación de más mano de obra barata. En este caso para por aumentar la productividad, asociada a los avances de la tecnología o apertura hacia sectores de mayor valor añadido, caso de las empresas tecnológicas. Ya no sirve competir con bajos salarios, puesto que se van equiparando al de los países a donde se exporta.

De acuerdo con una publicación del Fondo Monetario Internacional, Finanzas y Desarrollo (2), en junio del 2013, anunciaba que “el dinamismo de los salarios y el activismo y los ocasionales déficits laborales indican que China, cuyo auge económico ha dependido de una vasta oferta de trabajadores de bajo costo, está por entrar en un período de escasez generalizada de mano de obra”. Añade la publicación que “lo más probable es que la segunda economía mundial adopte un modelo de crecimiento intensivo con uso más eficiente de los recursos y reequilibre el crecimiento hacia el consumo privado en lugar de la inversión; esto a su vez traerá importantes ventajas mundiales tales como el aumento del producto en los países exportadores de materias primas y en las economías regionales de la cadena de abastecimiento de China”. Todo parece que estas previsiones se están cumpliendo pues está orientando su modelo hacia el crecimiento del consumo público; por otra parte de todos es conocido que una de las causas, no la única, del aumento del precio de las materias primas es la fuerte demanda del gigante asiático.

Ahora mismo, ciertamente, existe una serie de cuellos de botella sobre el comercio mundial, especialmente sobre materias primas, precios y escasez de transporte, problemas de abastecimiento de insumos básicos –microprocesadores- que presionan sobre la evolución de los diferentes Índice de Precios al Consumo de los países. Son, todos ellos, cuellos de botella derivados de una cierta normalización de las economías, después de la caída de la actividad y el comercio por la pandemia. Al ser cuellos de botellas son solucionables en el medio plazo.

¿Exportador de inflación?

Sin embargo, nada nos dicen los servicios de estudios de los bancos centrales sobre que ocurrirá, si como todo parece, China deja de ser un freno al crecimiento de precios; incluso podría ser un “exportador de inflación” por la mayor retribución salarial a su población. Por tanto y en mi opinión, una vez solventado los cuellos de botella de la cadena de suministros, podemos asistir a un periodo dilatado en el tiempo de inflación alta a nivel mundial.

Ahora bien, como en el mismo informe aludido del FMI, nos decía:  “El aumento de los costos de mano de obra —que incidiría en los precios, ingresos y beneficios empresariales en China— influiría en la evolución del comercio, el empleo y los precios en los socios comerciales clave. Por ejemplo, los fabricantes extranjeros podrían ver reducir la rentabilidad de producir en China, lo cual elevaría el empleo interno; los productos chinos podrían perder competitividad en los mercados mundiales, incrementando las exportaciones de otros lugares; y el alza de los precios chinos podría trasladarse a socios comerciales que dependen mucho de las importaciones chinas”.

Es decir, que esta posibilidad permitiría pasar de una deslocalización a una vuelta a localización. Es más, ese paso podría verse acelerado pues algunas situaciones espolean a las grandes potencias a ese movimiento. Como ejemplo tenemos la crisis de los microchips o microprocesadores, donde las economías más potentes han comprendido que el sector es estratégico y no puede deslocalizarse. La producción de estos componentes indispensables ya no puede estar en dos países: Taiwán y Corea del Sur, más teniendo presente su situación geográfica y las tensiones geopolíticas existentes en este momento en aquella zona.

La vuelta a localización de las industrias, a EE.UU. y Europa, por la pérdida de competitividad de los salarios chinos y la necesidad de soberanía económica, debería frenar la creciente creencia hacia el estanflación –fase de bajo o nulo crecimiento e inflación- . 

En mi opinión, se avecina una época de vuelta al florecimiento de industrias extensivas en mano de obra en los países que han sufrido la deslocalización de sus industrias pesadas, así como todas aquellas industrias que van a ser considerados estratégicas por los bloques de países más desarrollados. Por otra parte, hay toda una floreciente industria tecnológica que puede que se le esté prestando una nula o deficiente atención: el metaverso, algo que va mucho más allá que las criptodivisas y los NFTs. Sobre estas dos últimas cuestiones comentaremos en estas páginas otro día la revolución disruptiva que supone.

  1.  https://www.project-syndicate.org/commentary/global-economy-regime-change-lewis-turning-point-by-michael-spence-2022-01/spanish
  2. https://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/spa/2013/06/pdf/das.pdf

 

Tribuna de Miguel A. Bernal Alonso, socio de Bernal & Sanz Bujanda y profesor de la Escuela FEF.

Acerca de Miguel A. Bernal Alonso

Socio de Bernal & Sanz Bujanda y profesor de la Escuela FEF.

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