Un año después del llamado informe Draghi, el mercado financiero europeo, dicen, sigue inmerso en un proceso de transformación. Como abogado, este mensaje lo he oído más veces… y en este entorno, el negocio de wealth management en general y los fondos de inversión en particular -siempre en mi visión de abogado residente en este microclima- se convierten en protagonistas de una transición que busca eficiencia, sostenibilidad, autenticidad, desarrollo y propósito. Y rentabilidad, claro.
Además, en el pasado mes de octubre se producía la celebración del día mundial del decrecimiento (el 29 de octubre), una filosofía que propone una reducción controlada y planificada del tamaño de la riqueza, especialmente en los países ricos, añadiendo una capa crítica más al debate sobre crecimiento, inversión, rentabilidad y fu turo. Un análisis, este de no crecer sino lo contrario, que cuestiona la obsesión por el crecimiento económico sin límites. En el contexto del informe Draghi y sus derivadas, estas corrientes de reflexión adquieren una gran visibilidad que llegan hasta el Vaticano (Laudato si*).
Volviendo al informe Draghi, oficial mente titulado en español «El futuro de la competitividad europea», su publicación en 2024 generó grandes expectativas y críticas en igual medida. Doce meses después de su publicación, su autor, Mario Draghi, en reciente comparecencia pública, advirtió que Europa se encuentra ante una situación más compleja de lo previsto un año antes, caracterizada por un desvanecimiento del modelo de crecimiento, el aumento de las vulnerabilidades y la ausencia de un compromiso real que evite un declive económico.
«El wealth management se ha convertido en un vehículo estratégico de transformación económica y los fondos deberían suponer una oportunidad única para ampliar su alcance si las temáticas ligadas a las necesidades manifestadas por draghi ganan protagonismo»
Aceptando la pérdida de competitividad del continente, y la necesidad de una propuesta ambiciosa para revertirla, el informe se convirtió en una brújula para la nueva Comisión Europea que fijó rumbo abordando iniciativas concretas como la Competitiveness Compass (una hoja de ruta que redefine la productividad europea con indicadores claros y metas estratégicas), la Clean Industrial Deal, o el Paquete Omnibus de simplificación, que persigue ajustes en la implementación de normativas como CSRD y CSDDD para reducir cargas administrativas. En esa línea, el Consejo Europeo, en su reunión del pasado 20 de marzo, propuso priorizar la competitividad, reducir la factura energética y canalizar el ahorro privado hacia la inversión productiva. La dirección política está clara. La ejecución, como veremos, si lo vemos, será más gradual.
Wealth management: una estrategia para la transformación
Así, en este nuevo entorno, el wealth management ha dejado de ser una disciplina centrada exclusivamente en la preservación de capital para convertirse en un vehículo estratégico de transformación económica. Se presume que los gestores de patrimonio están reposicionando carteras hacia activos vinculados a la transición industrial y energética. Un enfoque que debiera aportar ventajas de impacto real, alineadas con los inversores que buscan cada vez más que su capital contribuya a objetivos tangibles, como la descarbonización o la digitalización industrial.
Unido a lo anterior, también deberíamos estar viviendo una alineación regulatoria que permita que las nuevas normativas favorezcan la inversión en sectores estratégicos.
Unas decisiones de inversión no exentas de desafíos debido a la falta de estandarización en métricas de impacto, la volatilidad de ciertos activos temáticos y la necesidad de formación especializada que aún es muy limitada, incluso en retroceso dada la sensación de que todo lo relativo a desarrollo y sostenibilidad ya no es importante, frente a la urgencia de otros ámbitos como la defensa del especio europeo.
Además, la simplificación normativa —impulsada entre otros por el denominado paquete Omnibus— puede ser un catalizador importante. Al reducir la fricción en el reporting y flexibilizar ciertos requisitos, se abre espacio para una mayor innovación en productos y una relación más di recta con los emisores.
Un avance significativo
Por cierto, en este contexto, un paréntesis demostrativo de la tendencia. El préstamo de valores en fondos en España —¡publicada su norma finalmente tras 20 años de espera!— representa un avance significativo. La normativa, cumpliendo su función, llega, sin que sirva de precedente, justo a tiempo para facilitar la liquidez y mejorar la eficiencia operativa de los fondos.
«El sector financiero no es un espectador, sino un actor clave: la simplificación regulatoria reduce fricciones, las compras públicas crean demanda y los asset managers y banqueros privados actúan como bisagra entre el ahorro privado y los proyectos de transición»
Completando el panorama, en el caso de los fondos de inversión, hablando con mis amigos gestores, este nuevo ecosistema de realidades, reflexiones y objetivos, debieran suponer también una oportunidad única para ampliar el alcance de su trabajo y relevancia de sus decisiones si las temáticas ligadas a las necesidades manifestadas por Draghi ganan protagonismo, especialmente en formatos que permiten el acceso a mid y small caps.
Además, el auge de los fondos temáticos ligados a la industria limpia está generando un nuevo tipo de compromiso entre gestoras e inversores. Puede (no lo tengo claro) que los fondos ya no se vendan solo por rentabilidad, sino por propósito. Dicen que los inversores exigen saber cómo y dónde se invierte su dinero, y las gestoras (eso sí lo creo, y lo veo) están adoptando roles más activos en la gobernanza de las em presas en cartera.
Por último, el mercado de capita les, muy vinculado a la gestión patrimonial y de activos, también ha comenzado a adaptarse a la nue va realidad. El flujo de operaciones ligadas a la transición energética e industrial ha aumentado, pero aún falta infraestructura financiera —el llamado “plumbing”— para canalizar el ahorro privado de forma eficiente. Esto incluiría la titulización de activos verdes que permita transformar proyectos ilíquidos en instrumentos negociables, la promoción de garantías públicas que reduzcan el riesgo percibido y atraigan capital institucional, y la promoción de plataformas de inversión digital que faciliten el acceso de pequeños inversores a proyectos estratégicos, en definitiva, avanzar con fuerza en el mercado único de capitales evitando que sea un proyecto fallido.
Una responsabilidad histórica
En este nuevo paradigma, el sec tor financiero no es un espectador, sino un actor clave. La simplificación regulatoria reduce fricciones, las compras públicas crean demanda y los asset managers y banqueros privados actúan como bisagra entre el ahorro privado y los proyectos de transición.
La eficiencia ya no se mide solo en términos de rentabilidad, sino en capacidad de transformación. Y en ese sentido, el sector financiero tiene una responsabilidad histórica que obliga a traducir políticas en productos, a convertir la hoja de ruta institucional en oportunidades de inversión concretas. Que obliga igualmente a educar al inversor y a innovar con propósito, diseñando soluciones que combinen impacto y rentabilidad.
«Siento que la arquitectura institucional se ha activado, el mercado financiero ha respondido con creatividad y compromiso, y los inversores están más conscientes del papel que pueden jugar en la transformación económica»
Tribuna de Jesús Mardomingo, socio de Andersen.





