Última actualización: 15:38 / Lunes, 19 de Agosto de 2019
PBI Gestión AV

Las tentaciones de los grandes endowments

Por María del Mar Trillo- Figueroa

Para no equivocarse, al menos no siempre, basta con ser fiel a determinados principios. El acierto sostenido en las inversiones financieras suele depender también de esto: consistencia en unos criterios generales de inversión, que cristalizan en procesos que luego son respetados. Al menos esa es la conclusión que se deriva del estudio del modelo de gestión de los endowments americanos. El futuro que lidiamos siempre es incierto, pero hay gente que sabe mantenerse firme y sacarle mayor partido.

En este sentido, el libro de Ben Carlson “Organizational Alpha: How to add value in institutional asset management” (febrero de 2017) apunta que los programas de inversión exitosos son aquellos que cuentan con procesos de planificación claros, que permiten generar decisiones de más calidad. El autor mantiene que, hoy en día, se corre el riesgo de poner demasiado énfasis en las circunstancias geopolíticas a corto plazo, la sincronización del mercado y el enfoque táctico; y no lo suficiente en las decisiones respaldadas por políticas a largo plazo, la asignación de activos, el marco estructural de inversión, el proceso y el plan.

Advierte de que el punto de partida para cada inversor deben ser siempre sus objetivos personales. Y añade que, sin una comprensión profunda de estos objetivos desde el principio, sería imposible juzgarlos en un futuro y que, además, esa claridad en los objetivos marca el camino a seguir a través de los nuevos desafíos que pueden surgir a largo plazo.

Ben Carlson se ha dedicado a estudiar los grandes endowments americanos –y dirigiéndose a ellos– señala que los inversores institucionales, por tener horizontes de tiempo más dilatados que cualquier inversor, deben ser aún más disciplinados y tener más consistencia en unos criterios firmes de inversión.

Seducidos por las nuevas tendencias

Pero ojo, porque hasta los más grandes pueden caer en el error más común, en el síndrome de "seguir lo que todos hacen” o quedar hipnotizados por ciertas influencias. Se podría decir que el endowment con más éxito de Estados Unidos, el de Yale, ha sido al mismo tiempo buque insignia y causa indirecta de tropiezo de muchos otros. Yale consiguió su gran fama debido a que fueron los primeros en invertir en muchas clases de activos alternativos, aprovechándose de mercados ineficientes, y a partir de estrategias de inversión muy agresivas. Yale impuso esa moda.

Pero no todos somos Yale. Cuando otros inversores institucionales se fijaron en los beneficios extraordinarios de este endowment, quisieron emularlo y buscaron la obtención de ese rendimiento superior invirtiendo en los activos alternativos en los que ésta invertía. La entrada de sus seguidores hizo que estos mercados ineficientes se hicieran cada vez más eficientes, con un ajuste de precios a favor de Yale y en contra del resto.

La influencia de la industria financiera

Y por seguir hablando de determinadas influencias, según un estudio realizado por los profesores de finanzas Sandeep Dahiya, de la Universidad de Georgetown, y David Yermack, de la Universidad de Nueva York, llamado “Investment Returns and Distribution Policies of Non- Profit Endowment Funds”, de enero de 2019, para los endowments más grandes “el desempeño de la inversión se deteriora si el fondo está ubicado más cerca de Wall Street o de otro centro financiero importante”. El motivo del deterioro que señalan estos académicos puede deberse a que sus gestores, seducidos por la posibilidad de entrar en inversiones sofisticadas o novedosas que la industria más cualificada les ofrece, se alejan de sus principios y caen en productos exóticos con tarifas muy altas.

Esto puede llevar a la conclusión de que, para mantener la consistencia necesaria en el proceso de inversión, puede ser necesario alejarse, en cierto modo, del día a día de los mercados y de los grandes centros financieros, y así evitar el tacticismo y las modas. Como ejemplos podríamos citar a Warren Buffett, instalado en Omaha, o a Sir John Templeton, que vigilaba los mercados desde las Bahamas.

Tribuna de María del Mar Trillo- Figueroa, miembro del Departamento de Comunicación de PBI Gestión AV.

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