El año que acaba de terminar acompañé a familias que, aunque viven en países diferentes y tienen patrimonios distintos, compartían una misma sensación: el lugar donde vivimos ya no es una decisión estática. Es una variable estratégica y profundamente humana.
Permítame contarle una escena que vi repetirse a lo largo de 2025:
Una madre en Ciudad de México.
Un empresario en Sao Paulo.
Un fundador tecnológico en India.
Un family office en Colombia.
Todos, con palabras distintas, terminaban diciendo lo mismo: “No queremos irnos. Queremos tener opciones”. Y esa frase —tan simple y tan honesta— resume mejor que cualquier gráfico lo que está ocurriendo en la movilidad global de altos patrimonios.
Lo que mostraron los datos (y lo que se ve en la práctica)
El HSBC Global Entrepreneurial Wealth Report 2025, basado en 3.000 emprendedores en 15 países, confirma esta intuición:
- 56% ya vive entre dos o más países.
- 57% planean adquirir una nueva residencia en 2026.
Prioridades muy humanas
Expansión de negocio (67%), calidad de vida (63%), educación (52%), seguridad (47%) y eficiencia fiscal (33%). Y el fenómeno va más allá: 128.000 millonarios se reubicaron en 2025, el número más alto jamás registrado.
Los países que pierden patrimonios —China, Reino Unido, India, Rusia— contrastan con los que los atraen: EAU, Estados Unidos, Singapur, Italia, Portugal y Suiza.
Adquirir una segunda residencia no es una “fuga”, es una reconfiguración silenciosa.
Tres fuerzas que marcaron 2025
1.Protección del patrimonio y del marco fiscal
La residencia define el entorno en el que se toman decisiones vitales: sucesión, estructura fiscal, transmisión intergeneracional. Muchas familias se preguntaron: “¿Sigue siendo este el país adecuado para sostener nuestro futuro?”
2.Estabilidad en un mundo que ya no se mueve al mismo ritmo
Cuando el contexto se vuelve impredecible —como ocurrió con cambios fiscales en Reino Unido, medidas más estrictas en China o tensiones geopolíticas— una segunda residencia funciona como póliza institucional. Un derecho adquirido, no un escape.
3. Prioridades humanas
La movilidad no comienza con un pasaporte; comienza con una preocupación: ¿Dónde crecerán mejor nuestros hijos?; ¿qué entorno les dará más seguridad, más acceso, más libertad?
Qué implica todo esto para familias con estructuras internacionales
2025 no fue el año de tomar decisiones precipitadas; fue el año de detenerse y mirar hacia adelante:
- ¿Tenemos suficientes opciones si el contexto cambia?
- ¿El país donde vivimos sigue alineado con nuestra estrategia patrimonial de largo plazo?
- ¿Dónde queremos estar —real y emocionalmente— dentro de una década?
Destinos que dominaron en 2025
En ciudadanía por inversión, el Caribe (St. Kitts & Nevis, Dominica, Antigua & Barbuda, Grenada y St. Lucia) demostró por qué la estabilidad y la buena gobernanza pesan más que el marketing.
En residencia por inversión, las familias se inclinaron por Portugal, Italia, Grecia, Malta, EAU, Hong Kong, Estados Unidos y Canadá. Son destinos un poco más predecibles, abiertos y diseñados para operar globalmente.
Lo que vemos venir para 2026
Mi impresión —basada en reguladores, firmas internacionales y nuestras propias conversaciones con gobiernos— es que 2026 será el año en que la movilidad deje de ser una reacción y se convierta en una herramienta formal de diseño patrimonial.
Nuevos actores como Argentina, Mozambique, Botswana, Tonga y San Vicente están preparando programas modernos y más transparentes. Y también veremos mayor escrutinio regulatorio, lo cual es una buena noticia: el mercado se depurará y se quedarán los programas de alta calidad.
Una reflexión personal al cerrar 2025
2025 me recordó algo que llevo viviendo desde hace muchos años como migrante y como asesora: una segunda residencia no es un trámite, es una arquitectura de libertad. Es construir un espacio —legal, geográfico y emocional— donde la familia pueda prosperar, aunque el mundo alrededor cambie.
Sobre la autora: Juliana Cloutier es experta en migraciones y soluciones para residencias y pasaportes para familias.


