Europa atraviesa un periodo de elevada incertidumbre política. Francia afronta importantes desafíos fiscales, la evolución política de España y Reino Unido seguirá siendo relevante para los mercados y, al otro lado del Atlántico, las elecciones de mitad de legislatura en Estados Unidos pueden introducir nuevas tensiones en las relaciones entre Washington y Europa. Sin embargo, sería un error dejar que el ruido político domine por completo nuestra visión sobre los mercados. Hay otra realidad que merece atención, debido a que las empresas están mejorando sus beneficios, Alemania está aumentando significativamente la inversión en infraestructuras y el auge de la inteligencia artificial está generando nuevas oportunidades. Estos factores pueden seguir respaldando a las bolsas europeas durante los próximos meses.
Uno de los principales focos de preocupación es Francia. Su elevado nivel de deuda y la incertidumbre política están ejerciendo presión sobre los tipos de interés y pueden seguir lastrando al mercado de deuda francés. No creo, sin embargo, que esta situación deba interpretarse como el preludio de una crisis de solvencia en la eurozona. Los inversores siguen confiando en la capacidad del Banco Central Europeo para actuar si fuera necesario. En este sentido, la célebre promesa de Mario Draghi de hacer “lo que sea necesario” continúa teniendo un peso considerable en la percepción del riesgo europeo. La crisis de deuda demostró que la capacidad del BCE para intervenir puede marcar una diferencia decisiva cuando los mercados entran en una fase de tensión. Esto no significa que los problemas fiscales desaparezcan. Francia tendrá que afrontar sus desequilibrios y los inversores seguirán exigiendo una compensación por asumir mayores riesgos. Pero existe una diferencia importante entre tener un problema fiscal y encontrarse ante una crisis de solvencia.
La evolución política europea también puede afectar al euro. En este sentido, habrá que observar qué ocurre en Estados Unidos. Una eventual victoria demócrata en el Congreso en las elecciones de mitad de legislatura podría interpretarse positivamente desde la perspectiva europea, especialmente teniendo en cuenta la actual actitud de la Administración Trump hacia Europa. A pesar de esta incertidumbre, hay un elemento que me hace mantener una visión constructiva sobre la renta variable europea, que son los beneficios empresariales están creciendo.
Estamos viendo, además, un importante impulso inversor en Alemania, especialmente en infraestructuras. A ello se suma el desarrollo de la inteligencia artificial, que está generando una nueva ola de inversión y oportunidades empresariales. Esta combinación puede seguir respaldando a los mercados bursátiles europeos hasta finales de año.
No debemos olvidar que las bolsas, a largo plazo, terminan reflejando la capacidad de las empresas para generar beneficios. La política puede provocar volatilidad y modificar las expectativas de los inversores, pero unos resultados empresariales sólidos constituyen uno de los soportes más importantes para las cotizaciones. Por eso, pese a la incertidumbre política, sigo viendo argumentos para que la renta variable europea mantenga su fortaleza.
Donde soy bastante más prudente es en la industria automovilística. Los fabricantes europeos están haciendo un esfuerzo considerable para adaptarse a la transición hacia el vehículo eléctrico, de forma que aumentan la producción, invierten en nuevas tecnologías y reducen costes. Pero el problema fundamental continúa siendo la enorme ventaja de costes de los fabricantes chinos. Europa puede mejorar su eficiencia, pero no estoy convencido de que las medidas de reducción de costes sean suficientes para cerrar rápidamente esta brecha competitiva.
Los aranceles pueden desempeñar un papel importante. Solo unos aranceles protectores adecuados garantizarían, al menos, las ventas de los fabricantes europeos en su propio mercado. Pero la relación con China es demasiado importante como para reducirla únicamente a una cuestión comercial. Europa depende de China para determinadas materias primas estratégicas, entre ellas las tierras raras. Por eso, la cuestión no es simplemente si la Unión Europea debe proteger a su industria, sino hasta dónde puede hacerlo sin provocar consecuencias que terminen perjudicando a la propia economía europea.
Para los fabricantes alemanes existe además un problema adicional. Durante años, China fue uno de los principales motores de crecimiento de la industria automovilística alemana. Hoy, ese mercado ha dejado prácticamente de ofrecer el mismo potencial. Las barreras comerciales pueden proteger las ventas europeas, pero no solucionan por sí mismas la pérdida de competitividad en China.
Otro elemento fundamental para los inversores europeos es el riesgo de divisa. Una parte importante de las carteras internacionales está invertida en Estados Unidos. Si el dólar se depreciara significativamente frente al euro, la rentabilidad de esas inversiones, medida en euros, se vería afectada. También debemos prestar atención a Japón y, especialmente, al comportamiento del yen. Es posible cubrir la exposición a una moneda frente a las fluctuaciones del tipo de cambio, pero esa cobertura tiene un coste. Por tanto, no existe una respuesta universal. Es una decisión estratégica que debe considerar la composición de la cartera, el horizonte de inversión y el riesgo asumido.
En mi opinión, creo que debemos separar dos cuestiones que a menudo se mezclan, que es por un lado la incertidumbre política y, por otra, la capacidad de las empresas para generar beneficios. Pero también hay una Europa que está invirtiendo, innovando y aumentando sus beneficios. Por eso sigo pensando que las bolsas europeas pueden mantener su fortaleza, no porque el escenario político sea sencillo, no lo es, sino porque las empresas pueden seguir proporcionando un contrapeso al ruido político.
Al final, el mercado tendrá que decidir qué pesa más, las dificultades de los gobiernos o la capacidad de las empresas para seguir creciendo. Y, por ahora, creo que sería prematuro apostar únicamente por el primer factor.
Tribuna firmada por Stefan Riße, estratega de Mercados de ACATIS.




