2025 no ha sido un año fácil para la inversión en calidad. Ha sido, más bien, uno de esos ejercicios que ponen a prueba las convicciones del inversor a largo plazo. Lejos de un entorno de recesión profunda o de deterioro de los fundamentales, el mercado ha mostrado un crecimiento razonablemente resistente. Sin embargo, ha premiado los factores más direccionales, relegando a un segundo plano los atributos clásicos de la calidad: recurrencia y visibilidad a largo plazo de los beneficios, solidez financiera y disciplina en la asignación de capital.
Este contexto ha provocado uno de los peores comportamientos relativos del factor Quality desde la crisis financiera global. Tanto en Estados Unidos como en Europa, la dispersión entre compañías de alta y baja calidad ha alcanzado niveles extremos, no por un deterioro de los fundamentales, sino por un cambio en lo que el mercado estaba dispuesto a pagar. Sectores con fuerte componente cíclico o ligados al momentum y narrativas como la inteligencia artificial han concentrado los flujos, mientras que compañías de alta calidad han pasado a cotizar a múltiplos históricamente atractivos… o, en muchos casos, injustificadamente deprimidos.
En este entorno, cambiar de estrategia para perseguir lo que ha funcionado en el corto plazo suele ser la antesala del error. La historia demuestra que las fases posteriores a grandes shocks de mercado, como sucedió con el “Día de la Liberación”, tienden a favorecer beta, volatilidad y expansión de múltiplos, penalizando temporalmente los enfoques disciplinados.
A este escenario se ha sumado un factor adicional: la debilidad del dólar frente al euro. Para estrategias globales con una elevada exposición a compañías de alta calidad denominadas en dólares, el efecto divisa ha actuado como un viento en contra en términos de rentabilidad en euros. Un impacto relevante en el corto plazo, pero que no altera en absoluto la capacidad de generación de valor intrínseco de los negocios subyacentes.
Cuando ampliamos el horizonte temporal, el ruido del corto plazo pierde relevancia. A lo largo de distintos regímenes de mercado, la calidad bien construida mantiene su capacidad de compounding, mientras que las estrategias más dependientes del posicionamiento táctico tienden a perder tracción.
El mensaje de fondo es claro: los factores que han dominado en 2025 no han eliminado la importancia de invertir en calidad, solo han oscurecido temporalmente su valor. En un entorno de mayor coste de capital, menor tolerancia al error y creciente dispersión entre compañías, la disciplina y la selección de negocios sólidos con valoración razonable vuelven a ser diferenciales.
Porque a lo largo de un ciclo completo, lo que define el “largo plazo”, los mercados acaban reconociendo el valor de los fundamentales que habían quedado temporalmente eclipsados.
Tribuna de Javier Martín, cofundador y CIO de Silver Alpha Asset Management.




