Última actualización: 09:46 / Jueves, 18 de Abril de 2019
Columna de Franklin Templeton

Desacoplamiento económico: Cuando a EE.UU. le va bien, a México le da pulmonía

Foto: Dean Hochman / Flickr Creative Commons
Por Luis Gonzalí, CFA

Para bien o para mal, con la firma del TLCAN a principios de la década de los 90, la economía de México se casó con la de EE.UU., siendo este último el miembro dominante en la relación. Si a EE.UU. le iba bien, a México también le iba bien, y si a EE.UU. le iba mal, pues México también tenía que sufrir el mismo destino. Esta simbiosis es muy común en el reino animal: las rémoras con los tiburones, las hienas con los leones, los perros con los humanos.

Pero en la actualidad hay algo que no se siente bien; algo que esta fuera de lugar; algo que está rompiendo la simbiosis (Gráfica 1).

¿Cómo podemos explicar ese desacoplamiento económico que hemos visto los últimos 3 años entre México y EE. UU.? Si bien el crecimiento en EE. UU. puede ser explicado en gran medida por las políticas fiscales de Trump, en México, la guerra comercial y la incertidumbre política actual han desincentivado varios ramos económicos.

En primer lugar, está la inversión. De 1994 a 2016, la inversión fija bruta en el país creció alrededor de 2% al año. Sin embargo, de finales de 2016 (elección de Trump) a mediados de 2018 (elección de AMLO) tuvo un crecimiento prácticamente nulo, y de mediados de 2018 a finales de año tuvo un decrecimiento de 11% en términos anualizados. Sin tomar en cuenta los periodos de crisis y recesión (que para este lapso serían 1994-1995, 2000-2001 y 2008-2009), nunca se había visto una baja tan marcada en la inversión fija bruta en un periodo no-recesivo.

En segundo lugar, están los flujos de capital. Cada vez que había apetito por los mercados emergentes (ME), México era un claro beneficiario (Gráfica 2). De hecho, la correlación entre los flujos a México y a ME antes de 2017 era de casi 60%. Sin embargo, desde la elección de Trump, los flujos a México parecen haberse detenido, a pesar de que siguió habiendo apetito hacia ME. De la misma forma, la correlación entre los flujos bajó del 60% histórico, a tan solo 22%.
En tercer lugar, están, de manera más reciente, los factores internos.

  1. Formación bruta de capital pública y privada: En los últimos 10 años, la formación bruta de capital privado ha crecido a una tasa de 2.6%. Sin embargo, los últimos 3 años (desde la elección de Trump), el crecimiento ha sido nulo. Por otro lado, los últimos 10 años, la formación bruta de capital público ha decrecido 5% en términos anuales.
  2. Curva de aprendizaje del nuevo gobierno: Es normal que el primer año de gobierno sea lento en término de gastos y, por lo tanto, en término de crecimiento económico. El efecto en 2019 es probable que sea más acentuado, ya que la mayor parte de los altos mandos no tienen experiencia en la burocracia mexicana.
  3. Pemex como una carga para el crecimiento: Si bien Pemex es una empresa importante para el presupuesto nacional, representa apenas el 3% del PIB mexicano. Pemex es una empresa altamente endeudada, poco productiva y con una necesidad de capitalización importante. Conforme el gobierno siga desembolsando recursos para apoyarla, las finanzas públicas se deteriorarán, y esto hará que la economía se ralentice.
  4. Un mal manejo de la fuerza laboral: Con los recientes aumentos en los salarios mínimos, muchos sindicatos y fuerzas laborales se han visto empoderados, y han pedido mayores recursos al gobierno y a la iniciativa privada. Lo anterior ha desembocado en paros y huelgas. Es interesante mencionar que, en los 3 meses del actual gobierno, ha habido alrededor de 45 huelgas relacionadas a la industria, cifra muy superior a las 13 huelgas industriales que hubo en todo el sexenio de Enrique Peña Nieto (Gráfica 3). Asimismo, hay que recordar que el sector industrial y manufacturero representan alrededor del 16% del PIB mexicano, por lo que una paralización en parte de este sector podría influir negativamente el crecimiento económico.

Si bien el consumo privado ha sido el motor de la economía los últimos años, es un motor que apuntala el crecimiento de corto plazo. Una vez que el consumo se desincentiva, la economía decrece. Por otro lado, lo que ha caído ha sido la inversión, la cual apuntala el crecimiento de largo plazo. Desincentivar la inversión no tiene efectos muy visibles en el corto plazo, pero si en el largo plazo, es por ello que el estancamiento en inversión observado a partir de la elección de Trump y el empeoramiento observado a partir de la elección de AMLO nos esta empezando a pasar factura. Basta ver los últimos números del IGAE (Gráfica 4). En estos se nota que la economía se empezó a enfriar a partir de finales de 2016, y en su última observación, se ve que el IGAE cae de manera importante. Hay que recordar que el IGAE sirve como un indicador adelantado del crecimiento económico, por lo que ver números de crecimiento económico bajo, o incluso negativos, los próximos trimestres no debería sorprender a nadie.

En este sentido, tampoco debería sorprender las constantes bajas de pronóstico de crecimiento, tanto por parte del mercado, como por parte de organismos internacionales y del banco central.

México, por una u otra cuestión, se ha distanciado de su socio comercial más importante. Esto nos ha costado crecimiento, vitalidad y momentum. Si bien EE. UU. parece estar en una parte madura del ciclo, todavía no parece que vaya a existir una desaceleración fuerte este año. Ese impulso es probable que México lo pierda, porque, al final del día, cuando a EE. UU. le va bien, a México le da pulmonía, o ¿cómo era el dicho ese, Dr. Carstens?

Columna de Franklin Templeton escrita por Luis Gonzalí, CFA

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