Una de las máximas más repetidas en el mundo de la inversión es “diversifica y vencerás”. Y aunque el consenso es casi unánime, esta recomendación se vuelve vacía y casi imposible de aplicar cuando hablamos de incorporar activos alternativos a una cartera convencional y, en particular, de Private Equity.
En este ámbito, nos encontramos principalmente con dos grandes barreras: las limitaciones patrimoniales y la dificultad real para diversificar.
La normativa establece que los inversores minoristas solo pueden destinar hasta un 10% de su patrimonio financiero a fondos de Private Equity, siempre que este supere los 100.000 euros. En la práctica, esto implica una inversión mínima de 10.000 euros. Si distribuimos ese compromiso a lo largo de los aproximadamente cinco años que suelen durar las llamadas de capital, hablamos de unos 2.000 o 2.500 euros al año. Es decir, apenas un 2% del patrimonio total termina expuesto de manera anual a Private Equity.
Esta limitación contrasta con el hecho de que un inversor pueda destinar el 100% de su cartera a una única acción o incluso a una sola criptomoneda, asumiendo riesgos mucho más concentrados.
A esta restricción se suma un segundo problema: la falta de incentivos para diversificar. Tras varios años de mercados alcistas, muchos inversores están sobreexpuestos a renta variable. Sin embargo, no siempre ven clara la diversificación, ya que suele implicar renunciar a parte de las ganancias acumuladas debido al régimen fiscal que afecta a las plusvalías. Diversificar, paradójicamente, se percibe como un coste de oportunidad grande en lugar de como una herramienta de generación de valor a largo plazo.
Desde Crescenta llevamos meses trabajando para corregir esta ineficiencia del ahorro, fomentando una diversificación más inteligente y accesible. Fruto de este camino, hace apenas una semana lanzamos nuestro primer Fondo de Inversión Libre: Crescenta Private Equity Multistrategy Access I, FIL.
Este vehículo nace con el objetivo de dar respuesta a ambos retos. Por un lado, permite acceder con una sola inversión a una cartera diversificada de Private Equity, invirtiendo en sus tres principales estrategias: Buyouts, Growth y Real Assets. De este modo, incluso aquellos inversores que solo tengan una oportunidad de invertir en Private Equity —por ejemplo, quienes cuentan con un patrimonio de 100.000 euros— pueden hacerlo de forma diversificada y eficiente.
Por otro lado, al tratarse de un Fondo de Inversión Libre, el vehículo se acoge al régimen de traspasos. Esto significa que un inversor que haya obtenido plusvalías en un fondo de renta variable puede traspasarlas a nuestro fondo con diferimiento fiscal. Además, mientras el compromiso se va desembolsando, ese capital puede seguir trabajando en otros productos, optimizando así la gestión del ahorro.
Con este lanzamiento damos un paso más en nuestro propósito: acercar el Private Equity de forma más eficiente, diversificada y accesible a un mayor número de inversores.
Seguimos trabajando en ser más especialistas y pioneros. Nuestro compromiso de democratizar la inversión en Private Equity sigue evolucionando.
Tribuna de Ramiro Iglesias, CEO y cofundador de Crescenta




