La geopolítica está focalizando, de forma inesperada, el inicio de 2026, con un primer aniversario del Gobierno Trump marcado por divisiones y tensiones crecientes. Pero más allá del ruido, los responsables de la gestión de grandes patrimonios en las entidades españolas siguen prestando atención a temáticas como las altas valoraciones de la bolsa estadounidense (también en sectores como la inteligencia artificial), la evolución de los beneficios o el impacto arancelario.
Antes del estallido de la crisis venezolana y de las actuales amenazas hacia Groenlandia, y preguntado por los riesgos a vigilar en 2026, Nicolas Barquero, director de Soluciones Especializadas de Santander Private Banking España, apuntaba a temas como la inteligencia artificial, apostando por la disciplina inversora, la gestión activa y la diversificación. «Vivimos una transformación estructural en la que la inteligencia artificial está redefiniendo los modelos de negocio y la productividad global, pero toda ola de innovación conlleva riesgos de exceso de confianza o de asignación ineficiente del capital. No hay indicios de burbuja, pero las valoraciones son exigentes y la concentración en determinados valores deja al mercado más expuesto ante posibles decepciones o cambios regulatorios», defiende. En su opinión, «el reto no es sólo participar en el ciclo de crecimiento impulsado por la innovación, sino hacerlo de manera equilibrada entre oportunidad y prudencia».
Para José Manuel García Martí, socio director de Grandes Patrimonios de atl Capital, el foco de los riesgos está en los beneficios. «Estaremos muy atentos a la evolución del crecimiento de los beneficios: las valoraciones de la bolsa americana son exigentes y necesitan de una cierta base. También, prestaremos especial atención a la evolución del mercado laboral en EE.UU. como indicador de la fortaleza de esa economía». El experto apunta que, general, 2026 «podría ser un año más volátil por las distintas incertidumbres existentes».
José María Ferrer, director de banca privada Wealth en Abanca, nos habla de aranceles, tensiones regionales, fiscalidad y también de valoraciones exigentes y volatilidad en los criptoactivos como principales riesgos este año: «El escenario central es de un ciclo maduro y resiliente, con crecimientos en línea con la tendencia a largo plazo en las principales economías. Seguimos pendientes de los aranceles, tensiones regionales y reconfiguración de cadenas de valor que pueden generar shocks de inflación. También el entorno de dominancia fiscal podría generar problemas de confianza sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas en los países desarrollados. Y nos encontramos cerrando el año con unas valoraciones exigentes en algunos segmentos, apalancamiento y la volatilidad en los criptoactivos que pueden provocar episodios de inestabilidad», advierte.
Sectores en bolsa y deuda: foco de oportunidades junto a los mercados privados
En este contexto, las oportunidades más notables están en ciertos segmentos de la renta variable -ligada a la IA, o renta variable europea en sectores industriales y small caps- y de la renta fija -deuda emergente, renta fija de calidad o crédito-, pero también de los mercados privados -private equity, infraestructuras o crédito privado-.
El Informe Global de Mercado 2026 de Santander identifica varias tendencias clave, como la expansión de la inteligencia artificial -con oportunidades tanto en la infraestructura que la hace posible (centros de datos, redes energéticas, automatización industrial) como en sus aplicaciones en sectores como salud, finanzas o manufactura, donde la productividad impulsa crecimientos de beneficios de doble dígito-; el auge de los mercados privados, que ya duplican en número a las compañías cotizadas y suponen un cambio estructural en la financiación de la economía real; y el nuevo entorno de tipos a la baja, que favorece la renta fija de calidad, la deuda emergente, el crédito privado europeo y los activos reales ligados a infraestructura y energía. «Estas temáticas ofrecen un amplio abanico de oportunidades para carteras diversificadas, globales y adaptadas al nuevo ciclo económico», explica Barquero.
«Seguimos viendo oportunidades en la renta variable si bien, tal vez, vemos más valor en la parte europea por valoración, especialmente en sectores industriales y small caps. También en la parte de renta fija, principalmente en la parte de crédito por el carry”, defiende García Martí desde atl Capital. En private equity apuestan por buyouts por la consistencia, robustez y visibilidad en resultados a medio largo plazo de este tipo de compañías: «Concretamente en el mid market vemos un mayor valor y una menor dispersión de resultados». También están viendo con mucho interés los fondos de infraestructuras: «Frente a otros instrumentos, ofrecen invertir en activos regulados, a largo plazo y que ofrecen una clara cobertura frente la inflación. En este caso buscamos el acceso a la rentabilidad por la generación de rentas más que por la apreciación del capital».
Para Abanca, en renta fija, las tires actuales en grado de inversión y, selectivamente, en crédito high yield o deuda emergente ofrecen un carry atractivo para horizontes de medio plazo. En renta variable, la clave estará en la selección: calidad y balances sólidos, con foco en segmentos como las compañías de dividendos, el sector salud o las pequeñas compañías. Y en alternativos serían las infraestructuras, el private equity maduro (secundarios) y el crédito privado las mejores opciones de complemento, afirma Ferrer.
Todas las respuestas dejan claro el protagonismo que los mercados privados seguirán teniendo este año: para Barquero, «se han consolidado como un pilar esencial en la financiación de la nueva economía. Su tamaño se ha más que duplicado en la última década y ya representan más del 15% de las carteras institucionales. Permiten acceder a oportunidades de largo plazo, con primas de iliquidez atractivas y exposición directa a innovaciones que rara vez cotizan en los mercados públicos. En un entorno de mayor dispersión y búsqueda de rentabilidad real, su protagonismo como complemento estratégico seguirá creciendo».
Desde atl Capital se muestran de acuerdo en esa importancia creciente, también en la banca privada: «Los mercados privados siempre han sido una parte relevante de las carteras de los grandes patrimonios. En los últimos años este movimiento se ha acentuado notablemente. Invertir en activos como private equity, infraestructuras o crédito privado ayuda a diversificar, reducir el nivel de riesgo, además de obtener retornos por encima de la media. Esperamos un gran crecimiento en este tipo de activos en los próximos años, no solo en la parte de grandes patrimonios, sino en la banca privada en general». Según Abanca, los mercados privados seguirán jugando un papel protagonista, pero matizan: esperan un entorno de menor crecimiento. «Private equity, crédito privado e infraestructuras han mostrado resiliencia y capacidad de diversificación, pero creemos que tiene que haber una selección eficiente de gestores y temáticas. En todo caso, en carteras de grandes patrimonios en Abanca el peso de ilíquidos debe estar siempre alineado con la planificación patrimonial y la tolerancia a menor liquidez en esa parte del patrimonio», añaden.
También creen que los ETFs seguirán avanzando en las carteras, aunque dependerá del activo y enfoque inversor. «Los ETFs seguirán ganando peso en los segmentos donde se busque exposición diversificada a índices amplios y líquidos, especialmente en renta variable global. No obstante, en áreas que requieren flexibilidad, gestión activa o análisis selectivo de emisores —como la renta fija, los mercados privados o las temáticas de IA y sostenibilidad—, los fondos gestionados activamente seguirán siendo la herramienta más eficaz para generar valor y controlar el riesgo», dice Barquero. «Los ETFs nos parecen un instrumento perfecto cuando un inversor busca tomar beta o indexarse a un determinado marcado. Sin embargo, la generación de alpha o “valor” la encontramos en algunos gestores que realizan una gestión activa de las carteras. Para nosotros no son activos excluyentes sino complementarios. En todo caso, en escenarios de mayor volatilidad la gestión activa debería comportarse mejor», indica García Martí.
«El ETF se consolida como vehículo relevante en las carteras, sobre todo de renta variable y renta fija básica. Los fondos tradicionales siguen siendo clave en nichos y soluciones a medida. Los ETFs continúan aumentando en cuota de mercado por su bajo coste. Para el gran patrimonio, son herramientas de complemento y exposición táctica más económica. Y lo que estamos viendo es que los ETFs se suelen utilizar para exposición líquida, eficiente y táctica, mientras que los fondos tradicionales son utilizados en mandatos para estrategias complejas, ilíquidas o muy personalizadas», añade Ferrer.
Prudencia, diversificación , flexibilidad y gestión del riesgo: claves en las carteras
En este entorno, los expertos tienen claro que la clave para construir las carteras será la prudencia, arropada de gestión activa, diversificación global y flexibilidad táctica, pero también gestión del riesgo y personalización. Según Santander Private Banking, «la clave será combinar visión de crecimiento y prudencia. Identificar regiones y compañías con mayor potencial de beneficios en tecnología e innovación, pero equilibrar esa exposición con activos diversificadores que aporten estabilidad y preserven valor. El oro, por ejemplo, ha duplicado su revalorización frente al Nasdaq en 2025, demostrando su papel como activo refugio», dice Barquero. En este contexto, la gestión activa, la diversificación global y la flexibilidad táctica serán esenciales: «Estrategias con duraciones medias en renta fija, crédito de calidad, renta fija emergente y activos reales ofrecen un equilibrio óptimo entre rentabilidad y protección», insiste.
Para atl Capital, no existe una estrategia única ganadora: «Cada grupo familiar debe tener y desarrollar la estrategia que más se adapta a sus características y necesidades a largo plazo. Desde luego, todas ellas pasan por gestión del riesgo, diversificación e inversión con un objetivo a medio/largo plazo y una correcta distribución entre activos líquidos -renta variable y bonos-, activos privados –PE, infraestructuras y crédito privado-. En todo caso, para 2026, la estrategia podría ser mantener tu “propia estrategia” a largo plazo pero disponiendo de una mayor cantidad de cash para aprovechar la volatilidad», añade.
Para Ferrer, «la combinación idónea sería la diversificación real, flexibilidad táctica para aprovechar las oportunidades que aparecerán a lo largo del año y recuperación del papel central de la renta fija. Eso implica utilizar gestión activa para navegar un entorno de aumento de volatilidades y divergencias de políticas monetarias. En este contexto, tener capacidad de mover duraciones, de ajustar beta de renta variable y de incorporar coberturas dinámicas será más importante que hacer grandes apuestas direccionales. Para los grandes patrimonios, el diseño debe ser muy personalizado: liquidez suficiente, bloques estables de ingresos recurrentes y, sobre esa base, asignaciones a activos menos líquidos que aporten prima de iliquidez».
Los consejos
De cara a este año, los mejores consejos pasan por hacer una buena planificación patrimonial, mantener una visión a largo plazo, prudente y personalizada, y considerar la eficiencia fiscal. Y todo, sin dejarse llevar por la volatilidad de corto plazo.
«La planificación patrimonial cobra más relevancia que nunca. En un entorno de disrupción tecnológica, concentración de beneficios en pocas compañías y mayor protagonismo de las inversiones privadas, contar con una visión integral y de largo plazo del patrimonio es clave. El mejor consejo es mantener la capacidad de invertir a largo plazo, sin dejarse arrastrar por la volatilidad del corto plazo. La prudencia, la diversificación y la gestión activa seguirán siendo las bases para aprovechar el “superciclo” de innovación que estamos viviendo, preservando el patrimonio y maximizando las oportunidades», explica Barquero.
«Cada estrategia debe ser única para cada familia / inversor, si bien hay una serie de elementos comunes a tener en cuenta. La definición de la situación inicial de partida, el alineamiento entre objetivos vitales y de rentabilidad y la definición del horizonte temporal tendrán como resultado la cartera estratégica del inversor. Además, deberemos tener en cuenta si el inversor va a incorporar activos empresariales, inmobiliario, etc. La inclusión de activos afectos (si se invierte como persona jurídica) y la optimización fiscal a través de estructuras eficientes son temas de especial relevancia», añade García Martí.
En Abanca hablan también de volatilidad y prudencia, en un entorno de retornos más moderados que en el pasado: «Creemos que los retornos de los próximos años probablemente serán más moderados que los vividos tras la gran recuperación post-pandemia, y el riesgo de episodios de volatilidad sigue presente. Por tanto, conviene construir carteras pensando en ciclos completos, no en el próximo trimestre, y aceptar que una parte de la rentabilidad vendrá de la disciplina en mantener el plan, no del “golpe de efecto” táctico. El segundo es de prudencia y aprovechar que la renta fija vuelve a pagar, diversificar bien y no sobrerreaccionar a titulares geopolíticos o electorales. Y el tercero, muy relevante, es mirar siempre la fiscalidad y la planificación patrimonial: optimizar después de impuestos, revisar estructuras societarias y sucesorias, y coordinar la cartera financiera con el patrimonio empresarial e inmobiliario», comenta Ferrer.
Cara a cara: un breve balance de 2025 y avance de 2026
Nicolas Barquero, director de Soluciones Especializadas de Santander Private Banking España

2025 ha sido un año definido por dos narrativas: una primera mitad marcada por la fragmentación geopolítica y la incertidumbre arancelaria, y una segunda dominada por la innovación tecnológica y la inversión en inteligencia artificial, que impulsó la recuperación de los mercados. Desde Santander Private Banking hemos sabido anticipar y gestionar con éxito estas dinámicas, manteniendo carteras equilibradas y disciplinadas. Esa gestión proactiva se ha traducido en un excelente desempeño de nuestras estrategias de inversión y en rentabilidades sólidas para nuestros clientes.
De cara a 2026, mantenemos una visión moderadamente optimista: el crecimiento global seguiría apoyado por la fuerte inversión empresarial en nuevas tecnologías, las políticas fiscales expansivas y un entorno de tipos de interés a la baja. Todo ello configura un escenario constructivo, aunque exigirá seguir gestionando con prudencia los riesgos asociados a la velocidad de la innovación y al equilibrio fiscal.
José Manuel García Martí, socio director de Grandes Patrimonios de atl Capital

2025 ha sido un año bueno para los mercados, tanto por la parte de renta variable como por la parte de la renta fija, tanto en deuda soberana como en crédito. El matiz, y muy relevante, ha sido la depreciación del dólar, que ha significado un peor comportamiento del índice global MSCI, y de la bolsa americana, medidos en euros.
Para 2026 esperamos una cierta continuación de lo que ha sido 2025. A nivel macro, crecimientos algo más moderados en las economías desarrolladas, pero con expectativa de ver en la zona euro el impacto de las políticas de mayor expansión fiscal (especialmente Alemania). En términos de mercados somos optimistas tanto para las bolsas como en los bonos, si bien, la parte americana la vemos más exigente en valoraciones.
José María Ferrer, director de banca privada Wealth en Abanca

El 2025 ha sido un año de resiliencia, en el que los mercados y la economía han demostrado su capacidad de adaptación ante cambios estructurales como el giro hacia el proteccionismo comercial en EE.UU. En este año la renta variable global ha seguido recuperando con bolsas en máximos, apoyadas en beneficios empresariales sólidos, aunque cabe decir que la rentabilidad estuvo fuertemente concentrada en el sector de la inteligencia artificial (IA) y la tecnología estadounidense. La renta fija ha pasado de ser el “enemigo” a aportar rentabilidades razonables, gracias al techo de los tipos oficiales y a la reducción de los diferenciales de crédito. 2026 se perfila como un año de crecimiento en línea con el potencial a largo plazo, divergencias en política monetaria a nivel global y una inflación más persistente en EE.UU. Esto obligará a ser muy selectivos en riesgo, con menores perspectivas de revalorizaciones en los índices de renta variable. Habrá que ser más activo en la gestión tanto de la renta fija, donde la duración volverá a jugar un papel importante en la rentabilidad final de las carteras; como en la renta variable, donde habrá que maximizar la diversificación para reducir el riesgo de concentración actual.


Por Alicia Miguel Serrano
