La sucesión es una operación delicada que merece una planificación profunda. Y es un tema que está de plena actualidad, pues la próxima gran transferencia de riqueza va a producirse a lo largo de la próxima década. De hecho, los grandes patrimonios en España, actualmente envejecidos –el 63,9% del patrimonio total está concentrado en personas mayores de 74 años, según un reciente estudio de Forbes- ya afrontan un relevo inminente.
«No solo se transmite dinero y propiedades, sino también valores y tradiciones familiares. Si se administra bien, puede ayudar a preservar ambos», explica Honora Ducatillon, directora de orientación familiar en Pictet Wealth Management.
Y es algo que tienen en cuenta también los grandes inversores institucionales: «Incluso el estilo de inversión de dotación de muchas universidades, fundaciones y grandes instituciones facilita la creación de riqueza en beneficio de las generaciones futuras. Se trata de renunciar a los beneficios a corto plazo en favor de una visión a largo plazo mediante activos ilíquidos, aprovechando los efectos compuestos de la rentabilidad en el tiempo», indica.
Pero también hay obstáculos, que incluyen «falta de planificación, disputas sobre la gestión, reconocimiento y compensación, ausencia de protocolos claros y resistencia de la generación saliente a ceder el control», advierte la experta.
¿Diferencias?
Para un relevo generacional de la riqueza de éxito, los profesionales deben entender las diferencias entre generaciones. ¿Existen? ¿Se centran en el riesgo, en los propósitos, en la forma de invertir o comunicarse, en el uso de la tecnología? Los expertos coinciden en que hay aspectos que no tienen edad y otros que sí marcan diferencias clave.
Pablo Uriarte, socio de Abante, no detecta diferencias fundamentales. Sin embargo, sí ve «diferencias relevantes si se trata de la generación que ha generado el patrimonio, la segunda, o posteriores. Para la primera generación, la trascendencia del proyecto y la cohesión familiar suelen ser las principales preocupaciones, mientras que las siguientes generaciones sienten la responsabilidad de proteger un legado y dejar, al menos, el mismo patrimonio, en términos reales, a la siguiente generación”, explica.
En este sentido, Ana Fernández, fundadora de AFS Finance, agente de Orienta Capital, reconoce que “el origen del patrimonio también influye en los perfiles de riesgo: no es lo mismo heredar una empresa familiar madura de tres generaciones, que vender una empresa o proyecto tecnológico de reciente creación que el mercado paga a precios elevados”, indica.
Para la experta de AFS Finance, hay inquietudes vinculadas a la gestión patrimonial y financiera que no tienen edad, como la preservación del patrimonio, la eficiencia fiscal, la planificación sucesoria y la confianza en el asesor financiero. Sobre el riesgo de las inversiones, considera que no está 100% vinculado con la edad, sino más bien con la relación psicológica que cada persona tiene con las finanzas, sus experiencias, expectativas, miedos, deseos y ambiciones.
En su opinión, las principales diferencias entre el rico “mayor” y el rico “joven”, están “en la preferencia por la tecnología, la digitalización, las inversiones de impacto, la agilidad, la rapidez, la flexibilidad, la diversificación y la independencia”.
Más conectados a un mundo global
«Los emprendedores de las nuevas generaciones están conectados en un mundo globalizado, donde el acceso a la información es mayor e instantáneo y comparten mucho más de lo que hacen. Tienen una comprensión instintiva del «panorama general» y alto nivel de educación. Es una generación más técnica, de mayores conocimientos y habilidades, dispuesta a contribuir y discutir cualquier recomendación», explica la experta de Pictet WM. También, dice, la parte tecnológica es una variable a la que prestan mucha atención.
«A diferencia de sus predecesores, que generalmente se capacitaron en el negocio familiar, la nueva generación invierte y construye negocios fuera del negocio que heredarán. Entre otros aspectos, son más activas en cuanto a conferencias en comparación con las reuniones presenciales. Esperan información proactiva, recomendaciones personalizadas y comunicaciones fluidas a través de diferentes canales. Además, según el Barómetro Familiar 2023 de PwC, más de la mitad de la próxima generación de familias adineradas tienen mayor apetito por el riesgo. No es de extrañar que busquen banqueros más cercanos a su perfil», añade.
Además, las personas más jóvenes ya no esperan hasta el final de sus carreras para tener impacto, dice, coincidiendo con la visión de Fernández. «Más allá de la filantropía tradicional, quieren promover cambios sistémicos positivos, para lo que consideran sus empresas la principal herramienta. Causas tradicionales como salud, educación y artes siguen atrayendo financiación, pero existe un creciente interés por el cambio climático y pérdida de biodiversidad, la desigualdad, el impacto social de la inteligencia artificial o la desinformación», dice Ducatillon.



