Última actualización: 05:27 / Miércoles, 18 Noviembre 2020
A través de tecnología big data

CaixaBank pone en marcha el primer monitor del mundo para medir la desigualdad en tiempo real

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  • Se trata de una iniciativa desarrollada por un equipo de investigadores de la Universidad Pompeu Fabra, el Institute of Political Economy and Governance (IPEG) y CaixaBank Research
  • El objetivo del Monitor de Desigualdad es dar a conocer el impacto que está teniendo la crisis del COVID-19 en los hogares españoles
  • Los primeros resultados advierten que la pandemia habría provocado un aumento pronunciado de la desigualdad si la actuación del sector público no lo hubiera amortiguado

CaixaBank Research pone en marcha el primer monitor del mundo para seguir en tiempo real la evolución de la desigualdad económica y el estado del bienestar en España. El objetivo del Monitor de Desigualdad es dar a conocer el impacto que está teniendo la crisis del COVID-19 en los hogares españoles y, especialmente, en los colectivos más vulnerables de la sociedad, así como contribuir al debate sobre la efectividad de los mecanismos de protección del sector público.

Esta iniciativa se ha puesto en marcha a través de una colaboración público-privada desarrollada por un equipo de investigadores de la Universidad Pompeu Fabra, el Institute of Political Economy and Governance (IPEG) y CaixaBank Research.

Los resultados se publicarán con una periodicidad mensual en una plataforma de libre acceso (www.inequality-tracker.caixabankresearch.com) en la que se mostrará la evolución de la desigualdad mediante gráficos interactivos. Además, los datos serán descargables para facilitar su análisis y distribución y también se recopilarán todos los artículos divulgativos y técnicos que el equipo de investigación vaya publicando sobre el análisis de la desigualdad.

“Uno de los aspectos que hace especialmente relevante el lanzamiento del Monitor de Desigualdad es que, a día de hoy, los datos sobre desigualdad social se publican con varios años de retraso. Sin embargo, el Monitor de Desigualdad ha logrado extraer e interpretar datos de desigualdad en tiempo real, convirtiéndose en el primer proyecto en obtener y publicar resultados, de manera inmediata, a nivel internacional”, aseguran desde la entidad. Además, los datos obtenidos permitirán segmentar los resultados por nivel de ingresos, género, edad, región de origen, características geográficas del lugar de residencia y comunidad autónoma de residencia.

Técnicas de big data para medir la desigualdad en España

El monitor utiliza técnicas de big data para analizar la evolución de cerca de 3 millones de nóminas cada mes, de forma anónima. Gracias a esta tecnología, es posible gestionar un gran volumen de información y obtener una estimación precisa y representativa de la distribución de los salarios y su evolución a lo largo del tiempo. También hace posible analizar con detalle el impacto que está teniendo la crisis en distintos subgrupos.

Para medir la evolución de la desigualdad económica, se han tenido en cuenta distintos indicadores y variables. El más relevante es la distribución mensual de los ingresos salariales antes y después de las transferencias que provee el sector público, por grupos de población.

También se ha tenido en cuenta la evolución mensual del índice de Gini, medida económica que sirve para calcular la desigualdad de ingresos, tanto antes como después de las transferencias públicas, tanto para el conjunto de España como por grupos de población.

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Los primeros resultados

Los primeros resultados del Monitor de Desigualdad que se han hecho públicos este mes de noviembre, y que CaixaBank ha recogido en el dossier de su Informe Mensual, demuestran que la crisis del COVID-19 habría provocado un aumento pronunciado de la desigualdad si la actuación del sector público no lo hubiera amortiguado parcialmente. También reflejan que las elevadas cotas de desigualdad registradas durante el pico de la crisis (abril y mayo) empezaron a disminuir de forma gradual gracias a la recuperación de la actividad.

No obstante, los datos obtenidos también reflejan que el impacto de la crisis no está siendo igual entre los distintos colectivos de la sociedad. Así, está siendo especialmente acusado entre las personas que antes de la pandemia ya tenía unos ingresos más bajos.

Entre los meses de febrero y abril, el porcentaje de personas sin ingresos aumentó 15 puntos porcentuales, un tercio de las personas con ingresos bajos (con salarios o transferencias inferiores a 1.000 euros) se quedó sin ingresos, y un tercio de las personas con ingresos medios (entre 1.000 y 2.000 euros) pasó a tener ingresos inferiores (un 13% pasó al grupo de ingresos bajos y un 20% se quedó sin ingresos).

Además, una proporción significativa del grupo de mayores ingresos (superiores a 2.000 euros) también vieron sus ingresos reducidos, aunque en este caso el grueso pasó al grupo de ingresos medios (un 20%). Durante el mes de mayo, y especialmente a partir del mes de junio, el relajamiento de las medidas de confinamiento reavivó la actividad económica de forma muy destacable, y ello también tuvo su reflejo en la distribución de ingresos: la proporción de personas sin ingresos se redujo de manera considerable y volvieron a ganar peso los grupos salariales más elevados, especialmente los de ingresos más altos e ingresos medios.

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El impacto de las transferencias del sector público

Sin embargo, cuando en la evolución de la distribución de los ingresos se tienen en cuenta las transferencias del sector público, las dinámicas cambian sustancialmente y dejan de manifiesto el importantísimo papel que están desempeñando para amortiguar la dureza de la crisis.

Así, el porcentaje de personas sin ingresos aumentó en 7 puntos entre febrero y abril, frente a los 15 si no se toman en consideración las transferencias públicas. Es decir, las transferencias del sector público ofrecieron cobertura a cerca de la mitad de las personas que dejaron de tener ingresos del trabajo entre febrero y abril. Estas transferencias tuvieron una especial incidencia entre las personas que perdieron el empleo y que antes de la pandemia tenían unos ingresos medios, proporcionándoles una cobertura del 66%, mientras que entre las personas de ingresos bajos la cobertura fue del 27%.

Si se tiene en cuenta el índice de Gini, antes de las transferencias del sector público, el índice experimenta un fortísimo repunte (11 puntos) entre febrero y abril, mientras que después de las transferencias se mantiene más estable en el tiempo y solo aumenta 2 puntos entre febrero y agosto.

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Los jóvenes de entre 16 y 29 años, uno de los grupos que más está sufriendo

En cuanto a los efectos de la crisis por colectivos, el análisis refleja que los jóvenes de entre 16 y 29 años, que ya partían de un nivel de ingresos inferior al de las personas de mayor edad, es uno de los grupos de población que más está sufriendo. Un 42% de los jóvenes que tenían ingresos medios antes de la pandemia pasó a tener un nivel de ingresos bajo o a quedarse sin ingresos y, entre los que tenían unos ingresos bajos, el 44% se quedó sin ellos. De nuevo, cuando se cuentan las transferencias del sector público el aumento de las personas que se quedaron sin ingresos se reduce a la mitad (11,8 puntos porcentuales en el caso de los jóvenes).

El impacto de la crisis también está siendo más acusado entre los nacidos fuera de España. Como en el caso de los jóvenes, los inmigrantes presentan una distribución de ingresos sesgada hacia rentas más bajas, que son las que más padecen durante la crisis. Sin tener en cuenta las transferencias del sector público, el número de personas sin ingresos nacidas fuera de España aumentó en 21 puntos porcentuales. entre febrero y abril (de 10, 2 puntos porcentuales después de las transferencias).

Según se desprende del Monitor, la crisis no ha hecho prácticamente distinciones en función del género en cuanto a desigualdad se refiere, y está siendo más cruenta en las zonas urbanas de España que en las rurales. A nivel regional, los resultados exponen que, pese a que el aumento de la desigualdad fue pronunciado y generalizado en todas las comunidades autónomas, el repunte fue especialmente elevado en las Islas Baleares y en las Canarias, dos comunidades en las que el turismo tiene un peso particularmente alto. No obstante, una vez se tienen en cuenta las transferencias del sector público, las diferencias entre comunidades se reducen de forma sustancial.

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