Última actualización: 12:06 / Jueves, 18 Noviembre 2021
Columna de Arturo Rueda

Pensiones en Chile: ¿reforma al sistema o desaparición de las AFPs?

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Aspirantes y votantes coinciden en que el cambio es impostergable. Paradójicamente, los candidatos emulan algunos cambios hechos al SAR, que se implantó de origen como copia del modelo chileno. Entre las propuestas hay similitudes, y planteamientos casi idénticos: todos los candidatos concuerdan en dar participación al Estado, aumentar la contribución, e instaurar la pensión universal. La discrepancia está en los parámetros y pormenores: cómo, cuánto, quién y, sobre todo, en el futuro de las AFPs. Y hay diferencias de fondo: unos se pronuncian por el fin de las administradoras; otros, por mantener el statu quo.

Demandas de cambio

La exigencia de reformas va más allá de las pensiones bajas. O indignas, para ser preciso. Es la combinación del enojo porque el dinero no alcanza, la espera intolerable por mejores condiciones de retiro, y el estupor por los pingües negocios vinculados al sistema.

Los afectados apuntan a las AFPs, a los intermediarios y emisores privados de valores con los que se arman los portafolios de los fondos. La causa fue respaldada por la serie de investigaciones compiladas en A dónde va mi pensión que, para el caso particular de Chile, expone “cómo la ciudadanía financia a las grandes empresas que violan la ley: colusión de precios, contaminación de ríos y océanos, financiamiento ilegal de partidos políticos, muerte masiva de animales y familias expuestas a constantes intoxicaciones” (Por cierto que el trabajo pasó desapercibido en México, sobre cuyo sistema, el SAR, señala “La fallida contención de los traspasos indebidos en Afores”). Así, el estallido de 2019 no dejó más salidas que la enseña de la reconversión, drástica, inaplazable, que ahora los candidatos ondean para aspirar al gobierno y los trabajadores sopesan como factor esencial para orientar su voto.

Ideologías: cambio de raíz o intento de mejora

No es difícil acertar el ideario de los que pretenden la reforma drástica ni el de quienes plantean mejorar lo que hay:

  • El puntero en las encuestas, José Antonio Kast, conservador, catalogado de ultraderecha, propone mantener las AFP, las cuentas individuales, y en general el esquema de funcionamiento. Aboga, como los demás candidatos, por un sistema mixto, con participación del Estado y las entidades privadas. Su idea más tajante es la separación de la función de inversión y la administración de las cuentas. O sea que retoma la idea europea, infructuosa y denigrada en México, cuando la insinuó el grupo de izquierda dominante del congreso, de que las AFPs se encarguen solo de la gestión de los portafolios, en tanto que uno o varios órganos realicen el procesamiento de datos y flujos, y den los demás servicios a los afiliados.

Este candidato -acusado de homofobia y transfobia, promotor del “SÍ” a la continuidad de Pinochet en el plebiscito de 1988-, sugiere un aumento de 4% a la aportación, a cargo del trabajador. Rechaza que el incremento de 10% al 14% corra a cargo de las empresas, argumentando que sería un “impuesto al trabajo” que “desincentiva el empleo” (ya sabemos que los empleadores mexicanos aportan la mayor parte del ahorro obligatorio desde el inicio del SAR).

  • Segundo en las preferencias, Gabriel Boric -autodefinido de izquierda, de apenas 35 años-, ofrece la desaparición de las AFPs, de modo gradual, según los trabajadores retiren su saldo para destinarlo a un nuevo organismo público que “se encargaría de invertir los recursos con reglas justas y sostenibles”. Considera que las contribuciones han de ser tripartitas, de trabajadores, empleadores y el Estado (como en México, sin mencionarlo) y elevarse a 18%, con el 6% por cuenta de las empresas. Plantea también calcular la pensión con base en los años cotizados y la “solidaridad intra e intergeneracional”, así como subsidiar las lagunas de desempleo (períodos sin aportaciones al sistema).

Otros candidatos, mismas intenciones

Salvo sorpresas, estos dos candidatos irían a segunda vuelta. Las encuestas más favorecedoras les otorgan un 35% y 28% de la votación, respectivamente. Otros tres aspirantes acumulan en conjunto entre 30% y 35% de las intenciones de voto y es difícil que pasen el corte: Yasna Provoste, de centro-izquierda, con experiencia como ministra de Planificación, luego de Educación, en la primera presidencia de Bachelet; destituida e inhabilitada en 2008 por fraude de una funcionaria a su cargo. Sebastián Sichel, de centro, con denuncias de financiamiento irregular y sospechas de donaciones conflictivas. Y Franco Parisi, de derecha y con diversas controversias, irregularidades y denuncias.   

  • Provoste coincide con Boric en desaparecer las AFPs, aumentar las aportaciones entre 6% u 8% a cargo de las empresas, y potenciar las pensiones con el mismo criterio de solidaridad.
  • Sichel habla de cambiar el modelo, manteniendo a las AFPs, y dar cabida a más administradoras, públicas y privadas.  Sostiene también la intención de que las empresas aporten el 6% del ahorro obligatorio.
  • Parisi pretende ampliar la función de las administradoras para darle capacidad de préstamos.

Entre las ofertas casi unánimes está la citada del sistema mixto, no compartida por Boric, que pretende que solo sea estatal, y la pensión básica universal para favorecer a los más vulnerables, dada por el Estado, fórmula rechazada por Parisi. Tampoco mencionan que ésta sería adopción del modelo mexicano, o mejor dicho, del actual presidente, que lo implantó al margen del SAR, para ser complementario, cuando no sustituto para los que no estén afiliados al sistema.

¿Se afinarán o modificarán las propuestas?

La indignación de 2019 flota e influye en el ánimo de los votantes. Las motivaciones de la manifestación más grande en la historia de la democracia chilena pueden orientar la preferencia por alguno de los candidatos y modelos. El problema, a decir de algunos que vivieron aquellas jornadas y urgen a hacer los cambios, es decir, que haya pensiones suficientes, es que no perciben certidumbre de lo que los candidatos pretenden. Me dicen que sienten, a su pesar, que una cosa son las pretensiones, intenciones o promesas, y otra, lo que hará el elegido una vez asuma.

La segunda vuelta moderaría o afinaría propuestas, rebajaría pretensiones o propiciaría ir más allá, según sea el caso, para buscar el sufragio de los simpatizantes de quienes no pasen el corte.

Columna de Arturo Rueda

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