El entorno es positivo para los activos de riesgo de cara a 2026, de acuerdo con las perspectivas de inversión para el próximo año de Fidelity International. Esta visión hace que la gestora tenga varias convicciones muy claras: invertir en renta variable emergente con un enfoque selectivo y en bonos emergentes en moneda nacional, que el oro, las estrategias de rentabilidad absoluta y los activos no cotizados deberían proporcionar una resistencia diversificada a las carteras durante el próximo año.
“Entramos en 2026 en un entorno macroeconómico favorable. El crecimiento debería ser resistente y la política (tanto monetaria como fiscal) es expansiva. Algunas de las inquietudes que golpearon durante los últimos 12 meses se han disipado: la inflación subyacente sigue siendo alta, pero se está moderando, y la posibilidad de una contracción brusca provocada por los aranceles se ha desvanecido. Sigue habiendo riesgos, como un mayor deterioro del mercado laboral, un repunte de la inflación, la independencia del banco central estadounidense y la fortaleza de los ciclos de inversión empresarial en IA y beneficios, que exigen vigilancia, pero por ahora parecen manejables”, afirma Salman Ahmed, responsable global de Macroeconomía y Asignación Estratégica de Activos de Fidelity International.
Sin embargo, advierte de que el panorama a largo plazo es más complejo. “Más allá de la estabilidad a medio plazo emerge una creciente fragmentación mundial tras años de globalización progresiva y acumulación de deuda. El Día de la Liberación del presidente estadounidense Donald Trump fue en sí mismo una manifestación de estos cambios estructurales y, desde entonces, ha acelerado la división del mundo en bloques regionales.
Esa fragmentación irá acompañada de un mayor debilitamiento intencionado del dólar estadounidense. El valor del dólar es ahora una herramienta de política estratégica y, en consecuencia, esperamos que caiga en los próximos años, especialmente a medida que se intensifiquen los debates en torno a la independencia de la Fed”, añade.
Crear carteras resistentes
Según su visión, estos cambios macroeconómicos obligarán a los inversores a ver de otro modo el riesgo del dólar estadounidense. “Sin duda habrá más volatilidad geopolítica en 2026 y el oro debería proporcionar cierta protección en este entorno. El euro también parece más atractivo, sobre todo a medida que la Reserva Federal se vea presionada para recortar los tipos de interés más de lo que podría estar justificado. La relajación presupuestaria y el aumento del gasto en defensa en Alemania deberían apoyar al euro”, apunta Ahmed.
En su opinión, esta dinámica cambiante se prolongará más allá de 2026: “A largo plazo, dado el peso de la renta variable estadounidense en los índices de referencia mundiales, los inversores no estadounidenses querrán tener en cuenta si sus actuales ratios de cobertura les servirán en un mundo en el que el dólar está sometido a una presión cada vez mayor, sobre todo por la política estadounidense”.
También espera que la inflación se mantenga estructuralmente alta, lo que implica correlaciones más elevadas entre la renta variable y la renta fija. “Esto respalda los argumentos a favor de fuentes alternativas de diversificación, como los activos reales, las divisas y las estrategias de rentabilidad absoluta”, matiza.
Dónde asumir riesgo: mercados emergentes
A la hora de hablar de oportunidades, argumenta que las posibles depreciaciones del dólar deberían ser un acicate para los mercados emergentes. En su opinión, los activos emergentes son una de nuestras grandes convicciones para 2026.
“La renta variable de países como Corea del Sur y Sudáfrica está volviendo a subir y, en este sentido, los fundamentales están mejorando y las valoraciones son atractivas frente al resto del mundo. China también parece atractiva de cara a 2026, ya que sus medidas de estímulo están creando oportunidades específicas. Asimismo, la deuda emergente en moneda nacional, especialmente en Latinoamérica, ofrece rendimientos reales atractivos y curvas pronunciadas”, señala el experto de Fidelity.
Otra área donde no faltarán las oportunidades es en la IA, donde la gestora considera que esta temática será un catalizador de las subidas en bolsa. “La historia detrás de la IA es clara: la tecnología promete mejorar la productividad y aumentar los márgenes de las empresas. Sobre esta base, el mercado está dispuesto a sostener valoraciones más altas en toda la cadena de la IA”, afirma.
Sin embargo, matiza que esta cadena llegará lejos y habrá diferentes maneras de tocar la temática de la IA a lo largo de 2026. “Intentamos sacar provecho de todas las partes de la cadena de valor de la IA, manteniendo las inversiones en los hyperscalers y los fabricantes de chips, pero también encontrando valor entre los beneficiarios subyacentes y más baratos que están empezando a reducir distancias”, sostiene Ahmed.
Posicionarse para el futuro
“Este entorno, que en líneas generales es favorable al riesgo, surge en medio de una perturbación estructural que probablemente afectará a la asignación de activos mucho más allá de los próximos 12 meses. Muchas cosas se han trastocado en 2025 y los inversores deberán poner más atención en dónde asumen riesgo en 2026”, comenta el experto.
No obstante, la gestora señala que esto no significa hacer concesiones en materia de rentabilidades. “El panorama ha cambiado. Lo enfocamos desde la tolerancia al riesgo, con la vista puesta en los desequilibrios bursátiles, macroeconómicos y geopolíticos y su impacto en el diseño de las carteras”, concluye.



