Sí, ha pasado. La escalada del conflicto entre EE.UU. e Irán, que ha supuesto la paralización del estrecho de Ormuz, ha impulsado el precio del petróleo WTI intradía hasta casi los 120 dólares, esta semana. Hay que matizar, que luego llegó a retroceder hasta los 88 dólares tras el anuncio del G7 y la Agencia Internacional de Energía de liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas, equivalentes al 30% de su stock total.
En consecuencia, los mercados notaron este alza del precio del petróleo, que apunta al riesgo de un shock energético, con fuerza a mitad de semana: los futuros de Nasdaq cayeron un 1,56%, el S&P 500 1,65% y el Dow Jones 2%, en un entorno donde el Índice de Riesgo Geopolítico alcanza su nivel más alto desde la invasión de Ucrania.
“Los precios del petróleo superaron los 100 dólares/barril de brent, mientras que el gas europeo ha experimentado aumentos espectaculares —un 40% y un 28% adicional la semana pasada— a medida que los operadores reaccionan ante la incertidumbre del suministro y los riesgos crecientes. Las materias primas relacionadas con la energía, como el aluminio, también registraron ganancias notables, mientras que la mayoría de las demás materias primas, incluidos los metales preciosos, sucumbieron a las ventas masivas bajo el peso de las preocupaciones por la inflación y la perspectiva de una postura más agresiva por parte de los bancos centrales, en particular la Fed. Por su parte, el oro logró un modesto aumento del 1,2%, pero la plata cayó bruscamente, un 5%”, resume Kerstin Hottner, responsable de materias primas de Vontobel AM (boutique Quantitative Investments), sobre lo visto estos últimos días.
En su opinión, dada la rápida evolución de la situación y la variedad de posibles desenlaces, el riesgo de una mayor escalada sigue siendo elevado. “Los mercados se preparan para nuevos acontecimientos y posibles perturbaciones, mientras que los gobiernos y las partes interesadas del sector siguen de cerca los acontecimientos, conscientes de que una inestabilidad prolongada podría tener consecuencias de gran alcance para las economías que dependen del suministro energético de Oriente Medio. Lo que está en juego son los mercados mundiales de materias primas, y los numerosos países que dependen del flujo ininterrumpido de petróleo y gas”, añade Hottner.
Las implicaciones
Hasta aquí la radiografía de lo ocurrido porque, para las firmas de inversión y sus expertos, un punto claro de análisis es ver qué implicaciones tiene la situación. Por ejemplo, en opinión de los economistas de Bank of America, desde que comenzó la operación de Estados Unidos e Israel en Irán, la volatilidad del precio del petróleo ha reavivado las preocupaciones sobre la inflación. “¿Hasta qué punto deberíamos preocuparnos por un aumento de la inflación global?”, se preguntan.
En su opinión, aunque las expectativas de inflación, tanto las del mercado como las basadas en encuestas, pueden ser sensibles al petróleo a muy corto plazo, la historia sugiere que solo repuntes intensos y persistentes del precio del crudo desencadenan ciclos inflacionarios duraderos. “El escenario base inicial, con precios del petróleo en torno a 15 dólares por encima del nivel previo a la guerra, no resultaba especialmente preocupante para la inflación. Pero la escalada más reciente, que ha llevado al petróleo a superar los 100 dólares, podría llegar a ser preocupante si se demuestra persistente”, indican.
Para los expertos de Swisscanto Asset Management, la actual agitación en Oriente Medio debe analizarse en el contexto de una economía global por lo demás saludable. “Aunque los débiles datos del mercado laboral estadounidense del pasado viernes han añadido volatilidad al mercado, los indicadores adelantados apuntan a una aceleración del crecimiento económico mundial. Sin embargo, un periodo prolongado de precios elevados del petróleo podría reducir el PIB de Estados Unidos en un 0,8% y aumentar la inflación estadounidense en un 1,6%. Esto probablemente retrasaría nuevos recortes de tipos, aunque no prevemos un escenario de estanflación”, argumentan.
Sin embargo, Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum AM (Natixis IM), lanza una reflexión que va más allá. En su opinión, el conflicto en Irán acelera la fragmentación del orden económico global. Según su visión, la consecuencia duradera de esta fragmentación en la asignación de recursos a nivel mundial beneficiará al gasto militar. “Independientemente del resultado y la duración del conflicto, la proporción del gasto en defensa aumentará en todas partes. La fragmentación del mundo y el auge de las dinámicas de poder están impulsando esta tendencia”, señala.
Los escenarios
Para hablar de posibles escenarios y comportamientos del mercado, los expertos coinciden que será determinante la duración del conflicto. “Un conflicto a largo plazo aumenta el peligro de una mayor desestabilización en la región, crea un mayor potencial de daños más graves a las infraestructuras clave y conlleva el riesgo de un impacto más duradero en el suministro energético”, afirman Adam Hetts, director global de multiactivos y Oliver Blackbourn, gestor de carteras de Janus Henderson.
Mark Matthews, responsable de análisis para Asia en Julius Baer, coincide que la continuidad de la fortaleza militar iraní y el fuerte repunte del precio del petróleo apuntan a un posible conflicto de larga duración. “Los inversores se enfrentan a mayores riesgos económicos, ya que una guerra persistente podría provocar un giro hacia estrategias de cartera más defensivas”, reconoce.
Cuando comenzó la guerra de Irán de 2026, el 28 de febrero, existía una esperanza considerable de que fuera breve, como el conflicto de julio del año pasado, pero el conflicto aún no ha terminado y, en una sesión informativa a puerta cerrada ante el Congreso la semana pasada, responsables militares informaron de que Irán todavía conserva la mitad de sus misiles balísticos e incluso más drones.
“Los lectores más experimentados recordarán que esto ya ha sucedido antes. Tras la guerra del Yom Kippur y el embargo petrolero de la OAPEC en 1973, el precio del petróleo se multiplicó por más de cuatro, provocando la primera recesión global desde la Gran Depresión. Hoy, las economías hacen un uso mucho más eficiente del petróleo, por lo que el impacto será menor. El elevado precio del petróleo ejerce una gran presión sobre Estados Unidos para encontrar una vía que permita cesar las hostilidades. En realidad, todo depende de cuánto dure la guerra. Si pronto se alcanza un alto el fuego, el mercado rebotará con gran rapidez, pero el S&P 500 se encuentra solo un 3,5% por debajo de su máximo histórico, por lo que no parece una gran oportunidad de compra”, recuerda Matthews.



