La geopolítica se ha consolidado como un factor estructural en la toma de decisiones empresariales. De acuerdo con datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), alrededor del 80% del comercio mundial se articula a través de cadenas globales de valor, lo que evidencia el alto nivel de interdependencia productiva internacional.
Sin embargo, estas cadenas enfrentan un entorno de creciente fragmentación comercial, tensiones estratégicas entre grandes potencias y mayores exigencias regulatorias, señala un informe de LLYC México
La actualización del comercio mundial publicada por UNCTAD en octubre de 2025 señala que, si bien el comercio global mantiene crecimiento, el incremento de costos logísticos y la volatilidad de políticas comerciales continúan presionando la estabilidad de las cadenas de suministro.
El papel estratégico de Latinoamérica
En este contexto, América Latina adquiere un papel estratégico en la reconfiguración productiva. México se posiciona como uno de los principales beneficiarios del proceso de relocalización industrial.
Según cifras oficiales difundidas en 2025, México captó 40.900 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa al tercer trimestre del año, marcando un récord histórico. Parte significativa de estos flujos está vinculada a manufactura avanzada y reconfiguración de cadenas de suministro orientadas al mercado norteamericano.
La región también concentra activos estratégicos clave para la transición energética y tecnológica global. La demanda de minerales críticos, energías limpias y capacidad manufacturera regionalizada está modificando la lógica tradicional de optimización basada exclusivamente en costos.
En este nuevo escenario, la reducción arancelaria deja de ser el único motor de competitividad. Las empresas deben incorporar análisis de riesgo geopolítico, cumplimiento normativo, trazabilidad y diversificación operativa como variables centrales de planeación, señalan desde LLYC México.
La volatilidad política y regulatoria ya no es un evento excepcional, sino una condición permanente del entorno empresarial.
Para América Latina, la oportunidad es significativa, pero no automática. La capacidad de sostener y ampliar los flujos de inversión dependerá de factores como infraestructura logística, estabilidad institucional y certeza jurídica. En un entorno donde el comercio mundial continúa creciendo pero bajo condiciones más complejas , la ventaja competitiva radica en diseñar cadenas de suministro más diversificadas, transparentes y estratégicamente posicionadas.
“El rediseño de las arquitecturas industriales en América Latina no responde a una coyuntura transitoria, sino a una transformación estructural del orden comercial global. En este nuevo paradigma, la competitividad de las compañías ya no depende exclusivamente de su eficiencia operativa, sino de su capacidad para integrar el análisis del riesgo geopolítico y la previsión regulatoria en el núcleo de su planeación estratégica.” señala Alberto Vilchis, Director de Asuntos Públicos para LLYC México
En una economía global donde la incertidumbre se ha vuelto permanente, el desafío no es únicamente producir de forma más eficiente, sino construir estructuras productivas capaces de adaptarse, cumplir y generar confianza en mercados cada vez más exigentes.



