Estas primeras semanas de 2026 son un buen momento para valorar las tendencias y temas de inversión que aún colean del año anterior y que se impondrán en los próximos doce meses. Según BlackRock, estamos ante un nuevo régimen: “Las megafuerzas que durante los últimos años hemos venido observando ya tienen un impacto claro en la economía global: la IA, la transición energética, la desglobalización, el envejecimiento poblacional y el futuro de las finanzas”.
La gestora sostiene que la economía global y los mercados financieros están siendo transformados por megafuerzas, especialmente la IA. “La tecnología se está volviendo intensiva en capital, y el despliegue de la IA podría ser sin precedentes tanto en velocidad como en escala”, defiende.
Según su visión, con unas pocas megafuerzas impulsando los mercados, es difícil evitar hacer una gran apuesta sobre su dirección y, por ello, no existe una postura neutral, ni siquiera con exposición a índices amplios. “Seguimos siendo pro-riesgo y vemos que el tema de la IA sigue siendo el principal motor de la renta variable estadounidense. Aun así, en nuestra opinión, este entorno es propicio para la gestión activa: elegir ganadores y perdedores entre quienes están construyendo ahora y más adelante, a medida que las ganancias de la IA empiecen a extenderse”, apuntan desde BlackRock.
Inteligencia artificial
Según la visión de las gestoras internacionales, la inteligencia artificial será la más relevante de todas. “2025 fue un año de dicotomías en el que los ganadores de la IA han acaparado titulares, pero las tecnologías impulsadas por IA están en una etapa inicial, progresando exponencialmente, con una oportunidad de un billón de dólares en semiconductores. Ya no estamos en la etapa de grandes modelos de lenguaje; ahora evoluciona hacia agentes autónomos, IA física y modelos más eficientes, baratos y versátiles. La IA acaba de empezar su viaje. La clave es elegir bien a lo largo de la curva de adopción tecnológica”, apunta Anjali Bastianpillai, especialista en renta variable temática en Pictet AM.
¿Qué significa esto? Pues que las oportunidades estarán más dispersas y menos concentradas en los grandes nombres. “En primer lugar, se necesita infraestructura. Efectivamente, la mayor parte de la inversión en IA se dirige a semiconductores, servidores, centros de datos, redes y almacenamiento, mercado que en conjunto puede crecer al 28% de manera anual compuesta, hasta 460.500 millones de dólares para 2033. Cuatro de loa mayores grandes plataformas de hiperescaladores -Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft-, con sede en EE.UU., representan alrededor de 78% de la capacidad global en la Nube y han comprometido 390.000 millones de dólares en gastos de capital en 2025”, destaca Bastianpillai.
Para este experto de Pictet AM, este mayor desarrollo e implantación de la IA hará necesario también una mayor seguridad. “Los centros de datos y proveedores de infraestructuras para IA requieren de seguridad física y digital. Hay una infiltración de hackers cada 39 segundos y se estima que se roban 3,8 millones de registros diariamente. Además con IA los ciberataques son más sofisticados y difíciles de detectar. Pero a menudo los datos están almacenados en sistemas desconectados. Al respecto, la arquitectura lakehouse facilita información y contenido procesado y estructurado en plataformas unificadas. No es sorprendente que se prevea que el gasto global en ciberseguridad vaya a crecer casi 14% anual, según Gartner. Las empresas de seguridad con los últimos avances tecnológicos probablemente sean las que más se beneficien”, matiza Bastianpillai.
Desde DWS añaden que los fabricantes de hardware y los proveedores de centros de datos fueron los primeros ganadores de la IA, y que algunos de ellos, como los proveedores de chips asiáticos o las empresas europeas y estadounidenses que están construyendo infraestructuras eléctricas, podrían mantener una posición sólida. “Buscamos empresas que apliquen la IA a problemas del mundo real en la industria, la sanidad y la educación. En este universo de inversión en IA cada vez más amplio, la necesidad de una selección activa y táctica podría ser aún más importante. Cuando la innovación acorta los ciclos de los productos y la volatilidad sigue siendo alta, las estrategias de compra y mantenimiento pueden parecer cada vez más arriesgadas”, afirman desde DWS.
Europa: defensa y small cap
En los últimos años, las gestoras coinciden en que la atención de los inversores se ha concentrado claramente en Estados Unidos, donde las grandes tecnológicas y las temáticas ligadas a la IA han acaparado los flujos y los titulares. En opinión de Hywel Franklin, Head of European Equities de Mirabaud Asset Management, esa concentración ha dejado a Europa en un segundo plano, pese a que muchas de sus compañías han ido recomponiendo en silencio sus balances, optimizando operaciones y posicionándose para la recuperación.
“Sin embargo, a nuestro juicio, empiezan a aparecer señales tempranas de reenganche. Los inversores vuelven poco a poco la vista a la región y se preguntan si tiene sentido que tanta exposición a renta variable esté concentrada en un único mercado. Con valoraciones que aún cotizan con un descuento significativo y una recuperación que se amplía por países y sectores, creemos que el escenario para 2026 se vuelve cada vez más constructivo para Europa —especialmente en el segmento de pequeña y mediana capitalización (SMID), donde la divergencia entre valoraciones y fundamentales frente a Estados Unidos es más marcada.”, defiende
Según su opinión, existen oportunidades bottom-up en las pequeñas y medianas cotizadas europeas. “Es donde confluyen con mayor claridad el apoyo de las valoraciones y la recuperación de beneficios. Las small caps europeas cotizan a 13,4 veces beneficios, frente a 14,6 veces en las grandes compañías europeas, 19,7 veces en las small caps estadounidenses y 24 veces en las grandes estadounidenses. Muchas de estas empresas han atravesado unos años especialmente difíciles —desde cuellos de botella en las cadenas de suministro y picos de inflación hasta disrupciones arancelarias y vaivenes de divisas—, y han salido reforzadas. Creemos que 2026 podría ser el punto en el que varios de esos vientos en contra empiecen a remitir”, argumentan desde Mirabaud AM.
Pagos digitales
Una de estas tendencias imparables es, para Mark Casey, gestor de renta variable de Capital Group, la transición del efectivo a los pagos digitales. “La pandemia de 2020 aceleró la tendencia hacia los pagos digitales en Estados Unidos. El distanciamiento social y los confinamientos limitaron el comercio presencial, lo que llevó a consumidores y compañías a adoptar rápidamente las opciones de pago a distancia y sin contacto. Más recientemente, según una encuesta realizada por McKinsey, el 90% de los consumidores estadounidenses y europeos afirmaron haber utilizado alguna forma de pago digital en 2024”, explica Casey.
Según su visión, esta tendencia hacia los pagos digitales va a continuar durante la mayor parte de nuestras vidas: “En la actualidad, el ecosistema de pagos digitales incluye una amplia gama de productos, desde los monederos digitales que se integran en otros sistemas como Apple Pay y Google Play a plataformas para consumidores y comercios como PayPal, Square y Stripe. Operadores tradicionales como Visa y MasterCard han evolucionado desde redes de tarjetas de crédito a gigantes globales de pagos digitales, que proporcionan la infraestructura necesaria para facilitar transacciones digitales seguras”.
Para el gestor de Capital Group no se puede hablar de este futuro sin mencionar las criptodivisas, que siguen generando cierta controversia en muchos ámbitos del universo de inversión, pero considera que el fuerte aumento que ha experimentado el valor del bitcoin en los últimos años es un indicio de la creciente aceptación y popularidad entre los inversores.



